Lugares con historia, por Leandro Madrid S.

Al suroeste de la población de Jumilla se encuentra la sierra de Santa Ana, que en su ladera norte está poblada de pinos y otras especies arbóreas. En la primera mitad del siglo XV tuvo lugar, junto a un manantial, la aparición de una imagen triple: una mujer de avanzada edad junto a otra más joven y un niño. Inmediatamente se asoció con Santa Ana, la Virgen y el Niño. Se construyó allí una pequeña capilla conocida como Santa Ana la Vieja.
La ermita se fue deteriorando y, pasados más de cien años, los franciscanos decidieron hacer un monasterio dedicado a Santa Ana. Lo levantaron próximo al viejo porque necesitaban más terreno para la iglesia y el monasterio con refectorio, biblioteca, dormitorios, claustro y otras dependencias.

Se edificó a mitad del silgo XVI con aspecto austero y sencillo. La iglesia es de nave central con el altar mayor dedicado a Santa Ana. En el crucero, que se encuentra separado por una reja, hay un Cristo Crucificado, denominado Cristo de la Reja. Guarda dos relicarios donados por el marqués de Villena con reliquias traídas de Italia.
En la nave lateral se halla el Cristo atado a la columna, realizado por Salzillo, nuestro gran imaginero, en el siglo XVIII, que procesiona en Semana Santa. La fachada, con dos torres iguales, está edificada en ladrillo y con una imagen de Santa Ana presidiendo.

En el huerto encontramos una ermita redonda con tres puertas, tres ventanas y tres altares, donde se pueden decir tres misas simultáneamente. También en el huerto hay un via crucis adornado con azulejos valencianos, rodeado de pinos y desde donde se divisan unas magníficas vistas.
Este monasterio está habitado desde 1573 por franciscanos menores, descalzos alcantarinos. La vida de San Pedro de Alcántara (1499-1562) fue de extrema austeridad. Ayudó a Santa Teresa en la reforma carmelita y fue un gran predicador con espíritu profético. Escribió un tratado para la oración y la contemplación.

