Cuando no tengo azul, uso el rojo

Pinceladas, por Zacarías Cerezo

Retrato de Pablo Picasso, por Zacarías Cerezo.

Pertenezco a una generación que se apañó con lo poco que tuvo. No me quejo, la actitud general ante la escasez de medios fue la del aprovechamiento, que no está nada mal practicarlo. Lo de la sostenibilidad y el reciclaje nos lo predicaron después. 

Por ceñirme al ámbito de la pintura, recuerdo que cuando me iniciaba en el óleo, mi aspiración era pintar con buenos materiales, por obtener el mejor resultado y también pensando en la durabilidad. Pero los materiales de calidad eran caros para mí, y algunos colores eran aún más caros que otros. Eso pasaba con el azul cobalto y el carmín de garanza (precisamente los que más me gustaban), por lo que compraba otros parecidos más económicos y con ellos resolvía. En cuanto a los soportes, en vez de lienzos (también caros para mí), utilizaba tablex de embalajes que me regalaban en una fábrica de conservas. 

Pasado un tiempo leí que Picasso decía: «Cuando no tengo azul, uso el rojo». Aquello me quitó el complejo de “pintor pobre” y empecé a sentirme “moderno”. Picasso no lo hacía por escasez de recursos, que siempre anduvo sobrado, lo hacía porque su creatividad no se frenaba ante la falta de un elemento material. Y es que, rotas ya en aquellos años las ataduras de la pintura académica, el artista se sentía libre de pintar un cielo de color rojo, verde o amarillo; o de pintar sobre cualquier material que tuviera a mano: periódicos viejos, servilletas de papel, menús de restaurantes, cartón corrugado, cerámica o, incluso, uralita. Todo vale para una mente que rebosa imaginación. Y si hablamos de arte conceptual, el artista trabaja sin reglas, todo vale, porque la idea está por encima de la técnica y los materiales.

Si me permiten hablar de mí —que por algo es mi espacio—, soy bastante conservador y respetuoso con los procedimientos. Si trabajas de manera emocional y te dejas llevar por el gesto, sin respetarlos, usando un soporte inadecuado o pigmentos y diluyentes incompatibles, la obra se arruinará antes o después. Esto no tiene importancia si eres un genio reconocido, como le pasa a Miquel Barceló (considerado una lumbrera del arte contemporáneo, el pintor vivo más caro de España), que no tiene reparo en meter en sus cuadros materiales que se erosionan con el tiempo y se desprenden del soporte, o materia orgánica que entra en putrefacción. Lo hizo en su obra La gran cena española (1985), en la que representó una paella, integrando en ella elementos reales, como cáscaras de marisco y granos de arroz cocinados, o en Bodegon avec cigarette (1984), donde incluyó una colilla de cigarro real. Una obra así, obviamente, se irá deteriorando con el paso del tiempo, pero el artista dirá que está viva, que evoluciona y que el tiempo es un elemento que el pintor utiliza como factor coadyuvante. 

Ya lo he dicho, si estás considerado como un genio te puedes permitir cualquier cosa, todo se te perdonará y cualquier extravagancia se considerará fruto de tu genialidad, pero si no lo eres, es mejor que respetes los procedimientos y uses buenos materiales para que la creación artística permanezca inalterable. Por respeto a tu propia obra y por respeto a los que la van a contemplar.

Zacarías Cerezo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.