Leonardo Cano: “Todo es ficción; incluso la realidad”

Plumas cruzadas, por Rosalía Ortiz

Leonardo Cano en la Biblioteca Inglesa del Real Casino de Murcia. Fotos de Rosalía Ortiz.

No podemos saber si seremos seres digitales, pero la literatura nos ofrece un catálogo de personajes que lo son o se aproximan a serlo. Por ejemplo, mientras que uno de los cuentos de El comienzo del paraíso (2025), escrito por el novelista boliviano Edmundo Paz Soldán, está protagonizado por una veterinaria sorda cuyo chip intenta convencerla de que es una tortuga, la última novela del autor murciano Leonardo Cano (1977), titulada Este es el núcleo (2024), está narrada por Pablo Alcubier, un programador de inteligencia artificial cuyo chip o aura le permitirá transferir su conciencia al metaverso, denominado la vida definitiva. 

Hoy nos conectamos con Leonardo Cano, que el pasado cinco de mayo aceptó de buen agrado participar en el club de lectura de esta institución y también conceder la presente entrevista, transcrita a continuación. 

¿Ha tenido alguna obra de referencia sobre el tema del chip a la hora de configurar Este es el núcleo

Si hubiera leído el relato de Edmundo [Paz Soldán] antes de escribir la novela, seguramente hubiera sido una influencia directa en mi escritura porque Edmundo, aparte de ser un buen amigo, es un grandísimo escritor cuyo mundo estético sí conozco y admiro.

En general, no he tenido ninguna obra literaria demasiado en mente al escribir la mía porque yo no soy un buen lector de ciencia ficción y porque, cuando trato de escribir sobre un tema, intento no leer nada sobre el mismo, aunque sí me he documentado mucho sobre la transferencia mental, la inteligencia artificial, el deep learning

Leonardo Cano en la Biblioteca Inglesa del Real Casino de Murcia. Fotos de Rosalía Ortiz.

No obstante, como señala Eugenio d’Ors, todo lo que no es tradición es plagio, y sí sé que hay obras cinematográficas que han influido en mi escritura: películas como Ex_Machina (2014), Blade Runner (1982) o Her (2013) e incluso algún capítulo de la serie Black Mirror (2011) que explora el implante neuronal. 

Pablo Alcubier está tan inmerso en la creación de un programa de inteligencia artificial autónomo que no parece reparar en que el sistema podría acabar actuando por cuenta propia, interfiriendo incluso en sus relaciones personales. En este escenario, ¿qué relación se establece entre el creador y su criatura? 

Quería explorar la relación entre el hombre y la inteligencia artificial y entre la inteligencia artificial y nuestros afectos y relaciones familiares o de pareja. Quería plantear qué ocurriría en un futuro si una IA incidiera tanto en nuestra sociedad que llegara a cambiarla, una sociedad en la que hombres y mujeres, apoyados en la tecnología, se necesitasen cada vez menos. En ese sentido, quería tratar la batalla de sexos o de géneros y las tensiones que existen en la sociedad actual, una sociedad muy polarizada, lo que es visible en redes sociales, prensa y política. 

También quería hablar del creador, centrándome en cómo cambia su vida y en cómo sacrifica muchas cosas para conseguir un determinado objetivo. Además, quería retratar la complejidad humana de personas que quizá no sirven como padres, maridos, esposas, madres, abuelos o abuelas y, sin embargo, hacen descubrimientos cruciales para la humanidad.  

Este es el núcleo (2024). Fuente: Editorial Galaxia Gutenberg. 

Uno de dichos descubrimientos es la transferencia al metaverso, en la que la narración juega un papel crucial. De hecho, en la novela leemos que “según la opinión de las IA, la única verdad es la verdad narrativa”. Ensayistas como Jorge Riechmann definen a la especie humana como homo narrans en tanto que la imaginación nos permite hablar de ficciones, de lo que no hemos visto, tocado ni olido. ¿Somos seres narrativos? 

Desde el postmodernismo se han sucedido varios estudios y experimentos que podrían mostrar que todo es ficción; incluso la realidad, pasada por el tiempo y por nuestra memoria, se convierte en ficción debido a nuestra subjetividad al recordarla. Muchos físicos y teóricos afirman que solo existe el presente, una suma de presentes. Y así quise narrar la novela, de tal manera que la relación entre fondo y forma permitiese saber que el pasado, el futuro y el presente del protagonista funcionan simultáneamente. Por ello la estructura es de puntos (1, 1.1., 2., 2.1., 2.1.1.), pues un intento de ordenar el cúmulo de presentes y/o la memoria de Pablo Alcubier. 

La estructura de la novela es fragmentaria y desordenada, como lo es el hecho de recordar. Esta particular configuración de la información es una metáfora del contenido de la novela, ¿verdad? La estructura reproduce las redes neuronales del cerebro del protagonista, los sistemas ramificados de su conectoma. 

Sí, justo es eso. Trabajé mucho para que se entendiera que la estructura de la novela es la memoria y la conciencia de Pablo Alcubier. Es la plasmación de esa transferencia mental en un libro. Asistimos, por tanto, a su núcleo. 

Rosalía Ortiz Jiménez Filóloga hispánica y coordinadora del Club de Lectura
Rosalía Ortiz Jiménez
Filóloga hispánica y coordinadora del Club de Lectura

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