Por el maestro Emilio Ramírez e ilustración de portada de Gil de Vicario
LIBRETO 12
Pabellón de Música, por Pedro Manzano

El autor de esta partitura –tan bellamente ilustrada por Gil de Vicario–, Emilio Ramírez Valiente, nace en Murcia en 1878 y fallece en Sevilla en 1956. Descendiente de músicos –su padre era músico de profesión–, estudiaría magisterio y, posteriormente, ampliaría, en el conservatorio madrileño, estudios musicales. Pronto actuará como músico, inicialmente en solitario y participando, a continuación, en pequeños grupos de música clásica. Emilio Ramírez se dedicaría a la composición musical desde su juventud. Sería en estos primeros años cuando publicó un vals lento, titulado “Al-Atardecer”, editado por la casa Ildefonso Alier de Madrid, con bonita portada representando un paisaje mediterráneo, del ilustrador y pintor catalán Lorenzo Brunet i Forroll. Es esta una partitura que forma parte de los fondos musicales del Real Casino de Murcia.
En 1908 Ramírez estrena, en el Teatro Romea, una zarzuela: “Fuensanta”, de ambiente costumbrista murciano y libreto del escritor y periodista Martínez Tornel. Un año después estrena en Madrid, en el Teatro Novedades, otra zarzuela: “La fuerza –o la voz– de la sangre”, que contaría más de cien representaciones. Ramírez –nombrado pianista oficial del Casino de Murcia– ejerció como catedrático de solfeo y armonía en el Conservatorio de Murcia, del que es considerado uno de sus fundadores, cuando la institución fue constituida en 1918.

En 1922 compone la música del “Himno a Murcia” con letra de Pedro Jara Carrillo, un himno profundamente arraigado, tanto en su letra como en su música, en el folclore local murciano. El “Himno a Murcia” se estrenó el 9 de junio de ese año en un homenaje al poeta José Selgas. La portada del libreto es obra del pintor, ilustrador y, desde luego así podríamos calificarlo, diseñador y grafista, Luis Gil de Vicario, que la compuso con esa huertana leyendo el libreto, acompañada por la melodía que hace sonar el huertano con su guitarra, desde la más estricta estética decó –apenas cuatro contrastados colores planos y ese elegante fondo negro en el que vuelan pétalos y rosas–. Vicario, aunque nacido en Burgos, es fiel exponente de la modernidad plástica, sobre todo en carteles, publicaciones y publicidad, en la Murcia de los años veinte. Amigo de Jara Carrillo, con el que colabora en El Liberal, periódico que el de Alcantarilla dirige, publicando distintos escritos sobre arte en sus páginas. Gil de Vicario es, esos años, personaje influyente en todo lo que tenga que ver con arte y cultura en la Región. El “Himno a Murcia” lo editó Antonio Matamala, con casa editora y almacén de música en la Plaza de Isabel II de Madrid. La casa Matamala será habitual editora de las partituras y libretos de Emilio Ramírez. El “Himno a Murcia” sería editado posteriormente por la casa-imprenta sucesores de Nogués, una vez convertido el libreto en sentido himno ¿oficial? de la ciudad de Murcia y su huerta.
Ramírez mantendrá importantes vínculos con los artistas plásticos y pintores murcianos. En 1923 estrena en el Teatro Romea “Nazareno colorao”, una obra inspirada, al parecer, por los pintores Inocencio Medina Vera y el costumbrista José María Sobejano. Pedro Flores será el autor de la portada de la partitura, que casi está concebida como si fuera un cartel –y que, de nuevo, editó Antonio Matamala–. Desde 1923 Emilio Ramírez será catedrático de música en la Escuela Normal de Sevilla, obteniendo plaza en el conservatorio de la ciudad hispalense, donde creó la Coral Sevillana con la que actuaría en la Exposición Universal Iberoamericana de 1929.

Aunque su obra más aclamada e interpretada es, sin duda, “Cuadros Murcianos”, dedicada al Ilustrísimo Señor D. Emilio Díez y estrenada en el Teatro Romea de Murcia en 1921, en un acto, una especie de fiesta regional, que organizó el Círculo de Bellas Artes con el fin de dotarse de fondos para celebrar el centenario del nacimiento de José Selgas –lo que ocurrió el 9 de junio del año siguiente, con el estreno, además, ya señalado, del “Himno a Murcia” –.
“Cuadros Murcianos” es una obra orquestal estructurada en tres movimientos: Romería de la Fuensanta: las horas transcurridas desde el amanecer otoñal, cuando la Virgen, acompañada de romeros y gente gozosa, sube la cuesta llegando a la ermita; hasta que avanza la noche y el monte, ya solitario, repite ecos lejanos del bullicioso día. Nocturno huertano: noche de abril en la huerta, rasgueo de guitarras y alegría; y los mozos, que han salido de ronda, se disponen a cantar. Y, tercer movimiento, Parranda: Finalizada la boda de Fulgencio y Fuensanta los mozos bailan bajo el emparrado de la barraca, seguidillas, repiqueteo de postizas y crescendo de animación, música y baile, hasta el final de la obra. Una obra de inspirado ambiente costumbrista murciano. Una composición con música y letra de Ramírez, pero que contó en el libreto, para iniciar cada uno de los cuadros o movimientos, con poemas de Andrés Sobejano, Jara Carrillo y Enrique Soriano. La obra la editó Antonio Matamala, y Gil de Vicario corrió con el encargo de realizar la portada; una elegante ilustración con pareja de huertanos embelesados a los sones de la guitarra; apenas dos tintas, y una composición piramidal, para volver a dejar constancia del manejo del burgalés de los sofisticados registros del decó, ese estilo que mantuvo, hasta bien llegados los años treinta, las influencias del modernismo. Es curioso que Ramírez se queje, el mismo día del estreno, del pobre ambiente cultural de su tierra, y señale: “He trabajado mucho para despertar el alma murciana, bastante tiempo dormida… mis mejores horas las pasé en nuestra hermosa huerta con lápiz y papel en la mano haciendo música murciana”. El libreto que conserva el Real Casino de Murcia está dedicado, de su puño y letra, por el autor a la aristocrática sociedad Casino de Murcia.

