UN NUEVO CUADRO DE OBDULIO MIRALLES EN EL REAL CASINO

ARS CASINO. Por Loreto López.

Esta reciente incorporación a la colección de pintura del Real Casino hace que la presencia de Obdulio Miralles (Totana, 1865 – Madrid, 1894) cobre una relevancia muy especial, pues con ella son ya siete las obras del mismo que decoran las salas históricas de la institución y, nuevamente, sumamos una pieza inédita dentro del catálogo de este autor tan prematuramente desaparecido.

El Congresillo es el espacio donde el pintor y su modelo, que diríamos es siempre la misma, van a continuar su diálogo insonoro, traspasando el tiempo de lo perecedero, desde aquel 1892, en el estudio compartido con el también pintor Cándido Banet y el periodista de “El Liberal” Ernesto López, en la cuarta planta del número 8 de la antigua calle Barrionuevo, hoy Conde de Romanones, de Madrid.

La sombría estancia, de paredes grana oscuro, sirven otra vez como fondo para destacar notablemente el pálido nacarado de la muchacha, igual que hiciera en el magnífico cuadro que enfrentado a este podemos contemplar, “Mi modelo”.

Tiene la joven aquí un semblante serio, cansado, casi desabrido, como si posar le fuera algo molesto, quizás por la imposición de la quietud necesaria para poder trabajar el artista, quien puede haberle pedido un último posado, tras una larga sesión, para esbozar esta rápida composición que se le ocurrió en el último momento.

Tiene la joven aquí un semblante serio, cansado, casi desabrido, como si posar le fuera algo molesto

La muchacha se ha cubierto con una chilaba marroquí, la moda orientalista en aquella España, y se ha entretenido jugando con las grandes borlas que decoran la sobria indumentaria. “Por favor, ¡estate quieta un momento!” le dice Obdulio y ella se enfurruña mirando hacia otro lado con cierto desdén, en un gesto que a él le parece gracioso por lo digno y no tarda en plasmar sobre el lienzo.

La indumentaria elegida puede que sea el único ejemplo que encontremos en la obra de Miralles, como un guiño a la denominada “moromanía” que a finales del siglo XIX imperaba en ciertos ambientes pictóricos españoles, debido fundamentalmente al éxito de la obra de Mariano Fortuny, enaltecedor de la belleza exótica en sus figuras de norteafricanos, de rasgos nobles y arrogantes, y todo ello a pesar de los graves conflictos de aquellas últimas décadas del siglo entre nuestro país y el Reino Alauita.

Así pues, incorporamos también con esta deliciosa obra un pequeño ejemplo del orientalismo artístico, todavía no presente en la colección del Real Casino.

Pasen, contemplen y disfruten, el artista y su modelo les esperan en el Congresillo.

Loreto López. Restauradora.

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