Veranos en Murcia

Mesa camilla, por Paco López Mengual

Foto de Fabio Akamine en Pexels.

No nos acordamos de un año para otro, pero esto del insoportable calor no es nuevo en Murcia. Las noches de verano siempre han sido tórridas en nuestra región, aunque este año parece que queman aún más. Recuerdo que hace cuarenta años, paseabas a medianoche por un barrio y tropezabas con gente dormida sobre una hamaca, ocupando las estrechas aceras; o mirabas hacia el interior de una casa que tenía las puertas abiertas de par en par, y encontrabas a alguien durmiendo en el suelo del pasillo, echado en una sábana; o mirabas a un balcón y descubrías al inquilino adormilado sobre un colchón.

Y entonces aún no éramos conscientes del cambio climático ni del efecto invernadero. Aunque, tengo que decirlo, ¡qué desengaño más grande esto del cambio climático! Pensaba que el asunto consistía en darle la vuelta al mapa y que los noruegos sufrieran el infierno que llevamos viviendo los murcianos desde hace milenios, que ya sólo nos falta vestir con taparrabos y refugiarnos en el frescor de las cuevas para combatir el calor. Yo era de los que aplaudía el cambio climático porque pensaba que me iba a colocar una chaqueta en las noches de verano y cubrirme en la cama con una cubierta, como hace la gente civilizada. Y dejar de discutir con mi legitima a media noche cada vez que descubre que, a traición y aprovechando que ha conciliado el sueño, he encendido el aire acondicionado.

El año pasado, mi pueblo, Molina de Segura, marcó la temperatura más alta de España: 45,8 grados a la sombra. Al menos sirvió para que saliésemos en el Telediario. ¡Qué día! Todos los molineros encerrados a cal y canto, refugiados bajo los aparatos de Aire Acondicionado y rezándole padresnuestros sin parar a Willis Carrier, el ingeniero que lo inventó; y lamentando que aún no se haya hecho justicia a este gran hombre… Nuestras autoridades, venga ponerles nombres de calles a santos, escritores, políticos… y para alguien que de verdad lo merece, no hay una mísera placa en su memoria. ¡¡Justicia!!

Viendo que esto del calor no tiene vuelta atrás, aún estamos a tiempo de que los ayuntamientos de la Región emitan bandos al respecto, de cara al próximo verano. La verdad, no sé si será sólo aquí en Murcia o, también, en otros lugares calientes de la geografía nacional, pero cada verano, por las calles, contemplo a un buen número de señores -la mayoría de constitución panzona-, que llevan remangadas sus camisetas hasta la altura del pecho, mostrando impunemente su abultada barriga. Supongo que deben de sentir frescor, si no, no irían así paseando al perro. Menos mal que hemos abandonado aquella ancestral costumbre de colocarnos el culo de un pepino en la frente para refrigerarnos. Háganse una idea de la imagen que se llevaría un turista al tropezar por la calle con uno de estos autóctonos panzones, con una rodaja de hortaliza pegada en la frente y chupando un polo de limón. Habrá que legislar y prohibir estas estampas costumbristas.

Estando convencido de que esto de los tórridos veranos no tiene solución, soy de la opinión de que Murcia debería ser cerrada a cal y canto durante los meses de julio y agosto, y los murcianos ser acogidos como refugiados en viviendas de países nórdicos, de esos en los que en verano se duerme en la gloria cubiertos con un edredón.   

Paco López Mengual.

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