Solastalgia y ecoansiedad

Salud en el Antropoceno, por Trinidad Herrero

Fotografía de Jim Mone, National Geographic.

El ser humano es uno de los pocos animales que sabe adaptarse a cualquier habitat, del desierto más inóspito a las llanuras heladas de Groenlandia. El homo sapiens sapiens ocupó el planeta y domesticó plantas y animales, pero también modificó la naturaleza. Este ha sido un proceso paulatino: el dominio y control del fuego, la mejora de las herramientas, las primeras revoluciones de la edad de piedra o de los metales y la aparición de civilizaciones. Asimismo, se debe tener en cuenta que el aumento de la actividad humana se ha acompañado del aumento de la población. La realidad es que los 8.000 millones de almas que habitan la Tierra generan contaminación y basura, utilizando recursos que van menguando.

Además, a la reconocida degradación del medio ambiente se une la evidente presencia de desastres naturales incontrolados, cada vez más frecuentes, más peligrosos y cercanos. En definitiva, la realidad es: i) que existe una creciente contaminación ambiental que está abocando a la sequía y a la pobreza, que está cercenando la biodiversidad con la extinción de especies de animales y de vegetales; ii) que el calentamiento del planeta, con canículas estivales cada vez más frecuentes, está derritiendo el hielo en los polos; iii) que el nivel del mar asciende, desapareciendo islas del Pacífico y del Índico; iv) que la calidad del agua es cada vez menos saludable; v) que el aire está cargado de partículas invisibles que tragamos, que llegan a los pulmones o, incluso, pasan a la sangre y el cerebro. 

Es decir, el cambio climático no es un invento, es una realidad demostrable que amenaza a la humanidad. Y ante este panorama, investigadores de la Universidad de Oxford indicaron que más de la mitad de la población piensa en este problema al menos una vez por semana, sobre todo los que vivimos en países menos industrializados, que incluso sufren de ansiedad tras haber sufrido algún desastre ecológico. A esta angustia, Glenn Albrecht la denominó solastalgia, que en personas con predisposición puede desencadenar enfermedades mentales que exigen tratamiento.

También ha surgido un nuevo fenómeno: la ecoansiedad o desequilibrio emocional al temor por el futuro de la Tierra y de su propia seguridad. Aunque no es una enfermedad tipificada, puede provocar cambios emocionales con desequilibrio psicológico. Estas personas viven asustadas por las consecuencias que el cambio climático pueda acarrear en sus vidas y en las de las generaciones venideras. Y se exacerba ante cualquier nueva noticia sobre los efectos devastadores de este fenómeno. Los síntomas más frecuentes son nerviosisimo, sensación de ahogo e incomodidad, alteraciones del sueño y emocionales. Por ello, además de cuidar la naturaleza y nuestro entorno cercano, debemos preservar el sentido común, manteniendo el equilibrio y la cordura emocional.

María Trinidad Herrero.

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