Mágicas palabras, por Consuelo Mengual

Los hilos del miedo (Ediciones Rilke, 2024), de Ana María Tomás, escritora y colaboradora de RCMAGAZINE, es una novela impregnada de una mágica narración que, atravesada por el espíritu de los celos, ahonda en la idea del cambio para conseguir un fin. En diálogo con la historia mitológica de “Aglauro, Mercurio y Herse”, del Libro II de Las metamorfosis (año 1 a 8 d.C.), de Ovidio, al producirse la aparición estelar de la diosa Envidia en la literatura, también se revisa la exploración del cambio y de las identidades que evolucionan de una etapa de la vida a otra.
¿Vivir en un pueblo pequeño le hace ser una escritora diferente? “Un pueblo es un microcosmos donde cada vida está intrínsecamente entrelazada con las demás”.
De alguna forma, en muchas ocasiones, en un pueblo no se vive la vida que se quiere vivir, sino la que te condicionan las relaciones sociales. Por ejemplo, hasta hace unos años a una chica que llegaba a casa embarazaba se le expulsaba y se la enviaba a un prostíbulo. O cuando llegó la democracia, en los pueblos no fue igual, seguían los mismos condicionamientos. Hoy ya es diferente.
Está muy presente el mundo de los videntes, las relaciones con el Tarot y la forma casi mágica con la que se cuenta el pasado y la parte telúrica que narra las historias premonitorias del futuro.
En los pueblos hay curanderismo y esta es otra forma de realismo mágico, de conocimiento ancestral de la vida, incluso del más allá. Hay una lectura de espiritismo perseguido en el tiempo pero que se ha mantenido (personas que tienen premoniciones, que oyen voces). La literatura tiene el poder de explicar las visiones más oscuras del alma, explorar, preguntar sobre las emociones llevadas al límite. Por eso la pregunta que ronda durante toda la lectura es qué es lo que nos lleva a ser lo que somos, a hacer determinadas cosas insospechadas.
Por eso no es tanto una novela negra; en cierta manera, se justifica a la asesina.
Es verdad, no es novela negra pues desde el inicio ya se sabe quién es la asesina. Basados en la carga que lleva nuestra cultura judeocristiana de culpabilidad, ¿una confesión es una redención? Ante Dios, la creencia va y viene en la medida del ser humano. Cuando estamos en absoluta debilidad casi todos miramos al Cielo solicitando ayuda.

¿Se puede oler el miedo?
Cuando alguien quiere dominar y someter a otro lo hace hasta que surge el miedo, cuando ya se está dispuesto a pagar cualquier cosa. Oler a miedo aquí es saber que la tienes totalmente sometida. Y, a veces, los crímenes no son siempre por maldad.
El amor de la familia se evoca como ese apoyo incondicional, aunque no haya abrazos y, al mismo tiempo, ¡cuántas cosas se callan en las familias!
Cierto, estar y ocultar en la familia. Es la lealtad al árbol genealógico, lo que yo llamo la “Tristísima Indignidad”, cuando se ha perdido toda la dignidad. Para mí, El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, es mi libro faro. Cuando se tiene un porqué se puede soportar cualquier cosa. La protagonista lo ha dejado todo por estar enamorada y no puede comprender por qué su marido le hace mal.
¿Cómo plantea la “enfermedad de la melancolía”?
Es la melancolía como una forma de vida. Cuando alguien está metido en ese vórtice cae hasta el fondo y no es capaz de pedir ayuda. Aquí juega como excusa, como una forma de sobrevivir para el personaje.
Es interesante la idea de cómo nos miramos y observamos los unos a los otros. Podríamos enlazarla con “la morada, mugrienta de negro pus, de la Envidia, … oculta, … privada de sol, … lúgubre y toda invadida por un frío que entumece”, de la que nos habla Ovidio.
Cuando se cuenta una historia, todos los protagonistas tienen una mirada hacia el otro. La forma de nuestras miradas la producen los sentimientos que tenemos. El primer contacto que tiene un ser humano con otro no es el de la piel, sino el de los ojos que se contemplan, y ahí se produce una energía, un instinto dentro de ti que te alerta o no, y pocas veces nos equivocamos. Por eso me gusta hablar de ese instinto-don.
“Ninguna cárcel tiene los barrotes más sólidos que los de nuestros pensamientos”, podría relacionarse con “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, de Wittgenstein.
Los límites de tu vida y tu pensamiento son los de tu vocabulario. No tener palabras hoy día, ni para mostrar gratitud, es muy preocupante. Además, si ni siquiera eres capaz de sentir, no se puede expresar lo que no se conoce, como tampoco lo que no imaginamos.
“Ningún perdón exterior nos sirve mientras no nos perdonemos a nosotros mismos”. “No merece la pena lograr la paz, si el precio es desencadenar otra guerra”. La Envidia, “doncella de la guerra”, dice Ovidio.
Después de mirar las cartas del Tarot, la protagonista, Adela, jamás juzga. Porque no merece la pena llegar a una paz si desencadenamos la guerra.
¿Por qué nos investigamos y sospechamos del otro? En este caso, del propio marido. “Aquella locura persecutoria por investigar a mi marido”. Al dialogar con Ovidio, nos cuenta como Minerva, siempre atenta, a pesar de odiar terriblemente a Envidia, se dirige a su morada para solicitar su ayuda, y surgen los impulsos destructivos.
He intentado explorar, buscar qué rincones oscuros del alma producen en nosotros la metamorfosis de ser una persona normal que se convierte en asesina. Cuando vemos en las noticias que un vecino habla de otro que acaba de cometer un crimen siempre nos sorprende al decir que era una persona normal. El ser humano necesita entender porque lo ha matado. ¿Qué locura lleva a hacerlo? Es como releer a Medea: lo he dado todo y no han respondido como esperaba. Me abandonas, me traicionas, me sustituyes. No se puede soportar vivir así.
Se cuestiona la figura paterna, un tema muy propio de la literatura.
He intentado escribir en primera persona, pero he salido de mí para escribir sobre otras historias de matriarcado que elimina a los hombres, un matriarcado tóxico que se silencia.
Y se valora la amistad infantil que perdura, como las hermanas que no tuvieron.
La amistad es lo más importante de la vida. El amor de pareja es más exclusivo. La amistad es más abierta. Los amigos son los hermanos que eliges en la vida.
La infidelidad, como tema latente. Es el complejo de Envidia, los celos, un elemento desadaptativo tan absorbente que genera sensación de malestar. Detrás de la envidia hay personas inseguras, muy desconfiadas e introvertidas.
Hay personas que sí pueden gestionar la infidelidad. Hoy muchos se casan pensando que no es para siempre. Tienen asumido que lo será mientras dure el amor. Para mí la lealtad, la gratitud, la fidelidad son muy importantes. La gratitud a las cosas de cada día, que creemos que nos merecemos por ser normales y, en realidad, son extraordinarias. Poder sentir gratitud es un valor importantísimo. Así como ser leales. Me llevaré secretos de mis amigos a la tumba, jamás los traicionaría.
¿Se arreglan los problemas en silencio? “Únicamente el silencio te concede la libertad”.
Hay secretos terribles en la familia que producen un problema que se va repitiendo por el silencio de no contarlos. Hoy se habla de biodescodificación, del psicólogo Enric Corbera, hasta el punto de que hay traumas de familia que exigen la separación, cortar los lazos, porque es la única manera de liberar el subconsciente. Así, de nuevo volvemos a la pregunta que me ha rondado todo el tiempo: ¿qué somos?, ¿qué acontecimiento nos lleva a ser como somos?
“No puedo decirle a nadie lo que está ocurriendo en mi vida” evoca así a Ovidio: “Envuelta en negras nubes, por dondequiera que pasa (la Envidia) arrasa los floridos campos… llena el corazón de espinas como garfios”.
Cualquier sentimiento negativo nos lleva a no hablar. La palabra te hace esclavo, el silencio te hace libre, como antes decíamos.
“Los misterios, por su propia razón de ser, no se explican, no se razonan, se aceptan”
Podemos creer o no el misterio y también hay cosas que, aun siendo evidentes, no lo cree nadie. Se acepta la ciencia, pero no el misterio. Sin embargo, el misterio da más posibilidades a la mente.
¿Todo tiene un límite? Porque vivir bajo fuertes heridas es más desolador que la muerte misma. La Envidia, en Las metamorfosis, “… gime y con lenta consunción la muy desdichada se va consumiendo”.
Hay que ver el límite como posibilidad resolutoria de las cosas. Necesitamos límites porque las fuerzas humanas no son infinitas. Sin embargo, la estupidez humana no tiene límite.
¿Las joyas antiguas llevan el alma de quienes las portaron?
Estoy convencida de ello. Cuando mi madre coge la mano de mi nieto, esa mano tocó la mano de su madre, mi abuela, y ésta la de la suya, mi bisabuela. Así vamos tocando a nuestros ancestros. Con las joyas pasa igual, también hay esa conexión. Yo me pongo los pendientes azules preciosos de mi bisabuela y siento la fuerza de mi clan, de mis antepasados.
¿Vivimos de la imaginación, desde la mentira que necesitamos oír? Ovidio aclara: “No hay sonrisa, salvo la que provoca la contemplación del dolor ajeno”.
Vivimos tantas vidas: la real, la imaginada, la que otros ven. Nos inventamos la vida, porque no somos los mismos ante las diferentes personas. Y es verdad que hay personas que sólo se sienten felices con lo malo que nos pasa.
Las semejanzas de la vida con los textos clásicos literarios es también una constante.
Aquí están volcadas todas mis lecturas.
Los remordimientos están muy presentes. El castigo para los envidiosos en El Purgatorio de Dante, era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.
Ah, la Divina Comedia, me encantó leerla de estudiante, me impactó, me impresionó. Fue la metáfora de mi vida. Necesito un Virgilio que me cruce el misterio del anonimato a la gloria.
¿Emana el odio de los ojos? Así describe Ovidio la Envidia: “La palidez se asienta en su rostro, en todo su cuerpo la demacración, la mirada nunca recta… su lengua empapada de veneno”.
Hay miradas que matan. Los ojos delatan el alma de las personas.
¿Y si uno es un miembro de la familia rechazado por los demás?
La Envidia daña la capacidad de gozar. Y ser la oveja negra, cuando no entras en las normas que te impone la familia, sentir el rechazo, te obliga a volar del nido.
¿Debemos a aprender a vivir en la incertidumbre?
Los hombres son compartimentados, las mujeres son más holísticas. Aquí la experiencia de los acontecimientos pasados es el peso que puede cargar la incertidumbre y eso influye. Así, todo lo que se escribe pasa por ahí.
Hilando el miedo con el arrepentimiento, Ovidio terminaría esta entrevista con sus propias palabras: “Así, el frío de la muerte fue llegando poco a poco al pecho y cerró los caminos de la vida y de la respiración” (Ovidio).

Mis ENHORABUENAS, tanto a las preguntas de la entrevistadora, como las respuestas de la entrevistada. Hacía MUCHO TIEMPO, que no leía una entrevista de tan alto nivel cultural, humanístico, erudito, sabio, psicológico, etc.etc. Nos da una Master Class Completa, digna de un análisis más profundo y un comentario «de texto».Con un «hilo conductor»: EL SER HUMANO y lo más abyecto y lo más heroico de lo que es capaz en una circunstancia determinada. La novela es digna del PLANETA. Y sé de qué hablo pues soy una lectora compulsiva de novelas.MUCHAS FELICIDADES a las dos y MUCHAS GRACIAS por enriquecer mi cultura a través de la BELLEZA de las palabras….BSSS