San Cucufato y los objetos perdidos

Mesa camilla, por Paco López Mengual

San Cucufato pintado por Aine Bru.

En Murcia, convivimos con lo mágico sin ser conscientes de ello. A diario ocurren cosas asombrosas a las que no damos importancia. Para disfrutar del realismo mágico, aquí no es necesario leer a Márquez, basta con abrir la ventana y asomarte. Por ejemplo, en nuestra región no existen Oficinas de Objetos Perdidos porque gracias a la intervención de dos santos y de unos seres vestidos de blanco, que cubren su rostro con una capucha, encontramos todo lo que se ha extraviado. 

San Antonio, San Cucufato y las Ánimas Benditas rivalizan entre ellos para encontrar llaves, móviles, monederos y relojes, que son los objetos que más perdemos. Eso sí, cada uno de ellos favorece a quienes más devoción les profesan. Aunque en esta cuestión también andamos divididos. Lo comprobé la otra mañana en mi mercería cuando surgió entre las parroquianas que allí se encontraban un debate sobre qué santo del santoral era el más efectivo para estos menesteres. 

Una de las clientas defendió con ahínco el rezo a las Ánimas Benditas como el mejor recurso para encontrar aquello que se nos ha extraviado; y además, para demostrarlo, nos contó una historia familiar. “Un día, mi padre, al llegar con su burro a la casa de la huerta, se dio cuenta de que había perdido las llaves y no podía entrar. Entonces, mirando al Cielo, dijo… Ánimas Benditas si encuentro la llave prometo rezaros un rosario entero. Al momento, bajó la vista y, a los pies del burro, vio brillar la llave. Pero entonces el muy ceporro se encaró con las Almas y les recriminó que eran unas interesadas a las que sólo les importaban los rezos y que nunca actuaban por sí solas de forma bondadosa; y decidió en castigo no cumplir su promesa y no rezarles nada. Luego, para no volver a perderla, ató con un hilo la llave a la silla del burro. Pero de vuelta, cuando llegó a la casa, descubrió que sólo llevaba el hilo. Entonces, asustado por lo sucedido, de rodillas en el reclinatorio, rezó de un tirón el rosario prometido, pero ya nunca aparecieron las llaves. Desde ese día, se convirtió en un gran devoto. Es lo malo de Las Ánimas: son muy vengativas con todo aquel que no cumple sus promesas”. 

En cambio, otra de las clientas allí presentes defendió que Las Ánimas son muy eficaces para despertarte a una hora concreta sin necesidad de que suene el despertador, pero que para que aparezcan los objetos extraviados el mejor con diferencia es San Antonio. Al escucharla, no quise contrariarla: todos sabemos que San Antonio solo ha demostrado su eficacia para encontrar novio, pero no móviles o carteras. Y es que para mí, quien tiene mano de santo para estos asuntos no es otro que San Cucufato. Quien entiende de estas cosas asegura que es un santo que pasa el día en el Cielo, tumbado sobre nubes de algodón, muy aburrido. Para entretenerse, se dedica a esconder nuestras cosas y a descojonarse contemplando cómo nos volvemos locos buscando el mando de la televisión que habíamos dejado sobre la mesa. Cuando esto ocurre lo mejor es sacar un lazo rojo, hacerle un nudo en el centro y decir las siguientes palabras:

San Cucufato, San Cucufato,

los cojones te ato,

si no sueltas el mando de la tele

no te los desato.

Entonces, se tira de los dos cabos del lazo con fuerza, apretando incluso con mala leche, para forzar al gamberro a que nos devuelva lo que ha escondido. Al momento, volvemos a buscar sobre la mesa y, oculto debajo de un periódico, encontramos el mando a distancia. No falla. Eso sí, cuando ya ha aparecido, no hay que olvidar deshacer el nudo para aliviar el dolor de testículos al santo. 

Para mí, San Cucufato. No hay color.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.