La casa de postas de Librilla

Una joya del siglo XVIII que se deshace en silencio

De Murcia al cielo, por Carmen Celdrán



Hace unos días volví a Librilla para comprobar el estado en el que se encuentran algunos de sus edificios más singulares. Entre ellos, Villa Rosalía, también conocida como casa Méndez, a la que ya dediqué en su momento un artículo en la revista del Real Casino. Sin embargo, justo enfrente de ella permanece en pie, aunque cada vez con mayor dificultad, una de las casas de postas más interesantes y bellas que han existido en la Región de Murcia.

Se trata de una edificación del siglo XVIII, levantada en una época en la que viajar era una empresa incierta y, en no pocas ocasiones, peligrosa. Los caminos eran tortuosos, las distancias se medían en jornadas interminables y los viajeros debían enfrentarse no sólo al cansancio, sino también al riesgo de asaltos y a la precariedad de los alojamientos. En aquel contexto, las casas de postas desempeñaban un papel fundamental: eran lugares de descanso, relevo de caballerías, refugio y punto de encuentro en las grandes rutas de comunicación.

La casa de postas de Librilla fue construida por la Casa de Alba y llegó a convertirse en uno de los complejos de descanso más importantes de la zona durante la Ilustración. Su arquitectura respondía a la funcionalidad propia de este tipo de edificios, pero también mostraba una notable dignidad constructiva. Presentaba planta rectangular, un patio central y dos alturas. En su fachada principal destacaba el escudo de los Vélez, testimonio de su vinculación histórica y nobiliaria.

La disposición de sus accesos explicaba perfectamente el uso para el que fue concebida. De las tres puertas abiertas en la fachada principal, la central estaba destinada a la entrada de los viajeros, mientras que las laterales permitían el acceso de los carruajes. Todo en el edificio hablaba de tránsito, de camino, de descanso y de aquella España que comenzaba a articular sus comunicaciones interiores al calor de las reformas ilustradas.

Con el paso del tiempo, la casa de postas perdió su función original. Durante la Guerra Civil española, el edificio estuvo a punto de convertirse en fábrica conservera, pero esto no cuajo. También se utilizó parte del edificio como almacén general para guardar aperos agrícolas y paja.

Hoy, la casa de postas de Librilla se encuentra en un estado deplorable, y aunque es un BIC, su deterioro es evidente y doloroso. Lo que fue un edificio noble, ligado a la historia de los caminos, del viaje y de la hospitalidad, permanece ahora expuesto a la ruina, al olvido y a la indiferencia. Cada visita confirma que el tiempo juega en su contra y que la falta de una intervención urgente puede acabar convirtiendo esta joya patrimonial en un recuerdo irrecuperable.

En el año 2023, un grupo de vecinos de Librilla, a través de una asociación, adquirió el inmueble a Hacienda por 250.000 euros. La intención era solicitar una subvención al Ministerio de Industria para acometer su recuperación y devolverle la dignidad perdida. Aquella iniciativa abrió una puerta a la esperanza, demostrando que todavía existen personas dispuestas a implicarse en la defensa del patrimonio común.

Sin embargo, por el momento, el edificio sigue sin salvarse. Su estado continúa siendo pésimo y la decadencia avanza sin pausa. La casa de postas de Librilla, una de las construcciones más singulares de su género, sigue esperando una oportunidad real.

No hablamos sólo de muros antiguos ni de una fachada con escudo. Hablamos de memoria, de historia y de identidad. Hablamos de un edificio que fue testigo del tránsito de viajeros, comerciantes, correos, carruajes y caballerías. Hablamos de una arquitectura que explica una forma de vivir y de desplazarse que ya desapareció, pero que forma parte esencial de nuestra historia.

La casa de postas de Librilla es una joya que se hace añicos. Y cada día que pasa sin actuar, perdemos un poco más de ella.

Carmen Celdrán.
@CarmenCeldran

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