Juan de Dios, el de los Romances

MESA CAMILLA. Por Paco López Mengual.

Las gentes de Murcia de los siglos XV y XVI apreciaban con mucha gratitud la poesía popular y los romances de ciego, en los que se narraban desde sucesos cotidianos a leyendas, hazañas históricas o milagros religiosos. Con la aparición de la imprenta, muchas de estas historias de origen oral se convirtieron en cuadernillos de papel doblado y de baja calidad, con ilustraciones, que los tenderos vendían colgados en cordeles de soga en los puestos de los mercados o a las puertas de las tiendas.

Era un hombre dotado para la recitación de versos y la narración de relatos, un trovador espontaneo capaz de cantar o de interpretar una escena de teatro en cualquier lugar

Durante la segunda mitad del XIX era habitual encontrar por las plazas de Murcia el tenderete de libros y pliegos de cordel que montaba un talentoso comerciante, conocido como Juan de Dios, el de los Romances, al que siempre acompañaba un niño. Este personaje, que también regentaba una librería en el Balneario de Archena, era un hombre dotado para la recitación de versos y la narración de relatos, un trovador espontaneo capaz de cantar o de interpretar una escena de teatro en cualquier lugar. Su puesto se convertía en una atracción, siempre con gentes ávidas de escucharle. En cuanto veía a un buen número de parroquianos paseando por la plaza, esgrimiendo uno de los pliegos que exhibía en el cordel, comenzaba a dar voces. “Acercaos hombres y mujeres a conocer la historia que hoy os traigo. ¡Qué desgracia más grande la sufrida por Maribel, la muchacha que protagoniza este romance! Aquí la veis dibujada –decía, señalando con el dedo una de las ilustraciones–. Podéis apreciar lo buena moza que era ya con dieciséis años y la cara de mujer noble y decente que tenía. Estaba rebosante de alegría porque, con esa edad, había entrado a servir en una de las mejores casas de la ciudad. Pero lo que en un principio era motivo de felicidad, pronto se tornó en pesadilla, cuando el joven señor de la casa, ni más ni menos que un marqués, se encaprichó de ella. La perseguía por los rincones y la importunaba por las habitaciones más escondidas del palacete; levantándole la falda al menor descuido y prometiéndole el oro y el moro por un beso…; y hasta, en algunas madrugadas, llegó a colarse en su humilde dormitorio, forzándola. El mismo día que la pobre Maribel lloraba sin consuelo la certeza de que estaba embarazada, la señora marquesa, junto a su esposo, anunciaba a bombo y platillo que también iba a ser madre. ¡Qué situación, Dios mío!… Pero esto que he contado, señoras y señores, sólo es el comienzo de esta dramática historia… ¡Porque hay mucho más! ¿Cómo actuará el señor Marqués al saber que va a ser padre de dos niños a la vez, pero de dos vientres diferentes? Ahora tenéis la oportunidad de, por una sola peseta, conocer al completo el romance titulado La amarga vida de Maribel, que aquí os traigo escrito. Daos prisa porque apenas quedan unos pocos ejemplares… ¡Vamos, no os quedéis sin él!”. Enseguida, la gente, que había quedado ansiosa de saber más de esta desdicha, metía la mano al bolsillo y sacaba la peseta. Entonces, el avispado niño, mostrando los folletos con la historia que había dejado a medio narrar su padre, se adentraba entre el público para vendérselos. El hijo de Juan de Dios el de los Romances, que creció rodeado de libros, escuchando versos, coplas y relatos, años después se convertiría en el famoso poeta Vicente Medina.

Paco López Mengual.

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