Jota de la Zarzuela Las nueve de la noche. Música de los maestros Fernández Caballero y Casares

Portada de Faustino Echevarría

LIBRETO 3

Pabellón de música, por Pedro Manzano

Manuel Fernández Caballero y José Casares compusieron esta jota, con letra de Gaspar Gómez Trigo y Francisco Bermejo, para la zarzuela en tres actos Las Nueve de la Noche, estrenada, al parecer con notable éxito, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1875. La jota, escrita para piano, describe, como recoge el texto que acompaña la partitura, una escena rural que discurre en una aldea aragonesa. Un éxito que posibilitó que llegara a editarse en una “reducción”, solo para ser tocada al piano en el espacio privado de un salón burgués o, por qué no, en la sala de música de un establecimiento musical privado, en un liceo o en un casino.

La primera edición de esta jota para zarzuela fue realizada por Antonio Romero y Andía, una casa madrileña de edición de música, en 1875. Antonio Romero había nacido en Madrid en 1815 y comenzaría su trayectoria en el mundo musical ejerciendo de clarinetista en una compañía teatral de Valladolid. Pasó, más tarde, a formar parte del grupo de música de la Capilla Real y de la banda de música del Real Cuerpo de Alabarderos. En 1849 es nombrado profesor de clarinete en el Conservatorio de Madrid, registrando, 13 años más tarde, su propia patente: el clarinete “sistema Romero”. Fundó un almacén de venta de instrumentos musicales para orquesta y banda militar y, en 1856, comenzaría su tarea como editor musical. Llegó a publicar más de 9.000 partituras y se le considera el editor español de música más importante del siglo XIX. Como se hace constar al pie de esta portada, su comercio estaba situado en el número 1 de la Calle Preciados de Madrid. El apoyo de Antonio Romero a los músicos de su época fue absoluto, siendo un pionero en fijar los primeros reglamentos de la Ley de Propiedad Intelectual. En el Salón Romero, creado en 1884 como complemento de su establecimiento de venta de instrumentos y música impresa, celebraba frecuentes encuentros, conciertos y actos benéficos y de apoyo a la música y los músicos. Falleció en 1886, aunque su firma comercial tendría posterior continuidad.

Esta portada, basada en la disposición de atrevidas tipografías, de estética clasicista —muy habitual finalizando el siglo XIX—, con esa concha que corona la superficie encerrada en formas semiesféricas conteniendo el nombre de la zarzuela, la realizó el ilustrador y calcógrafo musical Faustino Echevarría —aunque en este trabajo el nombre de Echevarría quede casi oculto en una de las líneas curvas que sostienen el título de la obra—. La colaboración del reputado grabador y calcógrafo con Romero Andía se extendió a lo largo de dos decenios, aunque también grabó, estampó y realizó ilustraciones, para difundir otras partituras editadas por la Sociedad Anónima Casa Dotèsio o por Almagro y Cía. Editores. 

Difundir música a través de un procedimiento de estampación como es la calcografía era habitual en la época. Calcografía significa “estampación en hueco”. La tinta se deposita en las incisiones realizadas en la plancha metálica. Tinta que, por presión —de un tórculo o prensa— se transfiere al papel, procedimiento en el que Echevarría es un verdadero maestro. 

La Viejecita, zarzuela cómica en un acto, con letra de Miguel Echegaray y editada por Casa Romero en 1897, fue calcografiada, con bonita portada que representa tres personajes en un salón dieciochesco, por Faustino Echevarría. Una zarzuela creada por el maestro Manuel Fernández Caballero, nacido en Murcia en 1835 y fallecido en Madrid en 1906. Fernández Caballero sería, sobre todo, un destacado compositor de zarzuelas: Gigantes y Cabezudos, El Dúo de la Africana, El Lucero del Alba —considerada una de las obras que afianzó el “género chico”—, La Gallina Ciega, El Señor Joaquín —con libreto de Julián Romea— y la que aquí hemos referido: Las Nueve de la Noche, en colaboración con el maestro Casares, por citar algunas.

Señalar otro asunto relevante: la portada de estos arreglos de jota permite saber que el proveedor de partituras y libretos musicales para el Real Casino era Adolfo Gascón Leante, con almacén de música en la Calle San Cristóbal, 4. El sello de Leante en distintas partituras del archivo documental del Casino, como por ejemplo Suspiros de España, la marcha del maestro Álvarez dedicada al Ayuntamiento de Cartagena, lo atestigua.  

Pedro Manzano

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