ARS Casino, por Loreto López

Llegaba la festividad de Todos los Santos, “Toslosantos” en murciano de antes y de ahora, de 1900 con tiempo destemplado y lluvioso, en armonía con el mes que la Santa Iglesia dedica a las ánimas y como presagio de la cercanía del frío invierno. También tempestuosa andaba la política, revuelta con los acontecimientos de la sublevación carlista del 28 de octubre, como quien dice literalmente anteayer. La sublevación había eclosionado en Badalona y amenazaba con extenderse por el Levante español. Una amenaza que preocupaba seriamente a la ciudadanía de todo el país, teniendo muy recientes los últimos conflictos en Cuba y en el Rif de Marruecos. Nuestros paisanos temían una nueva confrontación, esta vez más dolorosa por ser civil y en el territorio patrio. A buen seguro que, en los mentideros del Casino, especialmente en las tertulias del “Congo”, se discutiría este asunto acaloradamente.
Tras la intentona, el gobierno clausuró todos los círculos carlistas de España y suspendió su prensa durante algunos meses, recurriendo a localizar entre sus suscriptores a los simpatizantes de este movimiento. Aquellos diarios políticamente significados, como el Correo Español, que también se recibía asiduamente en el Casino; quizás desde que don Fulgencio Fuster y López, conde de Roche y representante del carlismo en nuestra Región, ostentara su presidencia, allá por 1882.

Por esos primeros días de noviembre, andaba tomando baños terapéuticos en el Balneario de Fortuna el exdiputado a Cortes carlista don Joaquín Llorens, aprovechando para visitar a sus amigos murcianos y nuestro Casino, eso sí, bajo la atenta vigilancia de la autoridad local, ante la sospecha de que algo pudiera tramar.
Pero no fue el único ilustre visitante que tuvimos. Al día siguiente también los duques del Infantado pasearon por las salas de un Casino todavía en obras. Por la que entonces era su entrada principal en la calle Lucas y a través del Patio Pompeyano, los recibiría su presidente, don Ángel Guirao Girada, el gran impulsor de las obras de ensanche que darían salida a Trapería.

En la prensa murciana del 31 de octubre y 1 de noviembre se publicaba la larga lista de oficios religiosos, relacionados con la conmemoración de estas fechas. Se anunciaban velas de cera de calidad, ornamentos florales para los cementerios y el canto de los Auroros en el de Nuestro Padre Jesús. Nada de fiestas mundanas, bailes o saraos. Como la tradición mandaba y sigue mandando ciento veinticinco años después, se representó la obra Don Juan Tenorio, por un grupo de aficionados encabezados por don Antonio Baleriola y señora que, también como siempre, obtuvo un gran éxito de público. Esta vez fue en el Teatro Circo Villar, ya que el Romea había sufrido su segundo pavoroso incendio el año anterior.
En aquel frío otoño de 1900 las noticias eran malas, muy malas. Se presagiaba un invierno de incertidumbre, miseria y tristeza. Pero no por ello, durante esos días, dejarían de darle al paladar unas sencillas alegrías: castañas y boniatos asados y gachas con arrope. Modestas delicias.
PLATO DEL DIA. CORONA, CASTAÑAS Y GACHAS
Son pocos, los que en este día, no comen castañas asadas; rindiendo el debido tributo a la tradición, que no sabemos por qué motivo ha relacionado las “calentitas” con la festividad del día.
Pero, en fin, algo come el que come castañas; pero ¿y el que devora granos de corona o girasol? Ese puede decirse, que saborea la nada, en vísperas del día de Difuntos.
Las gachas son lo más clásico del día, en punto a golosinas; pero las gachas necesitan una cosa, arrope bueno, que no se encuentran con facilidad…
…Hay que comerlo con el campaneo de las animas, que, si no, no tiene gracia; y no lo tome el lector a broma, que los sonidos influyen mucho en el gusto y, sobre todo, los sonidos que evocan recuerdos…
Algunos rechazan las gachas, por el nombre, que lo tienen por ordinario y vulgar. . . ¡Gachas! ¿qué es eso? ¿Es engrudo para empapelar habitaciones? No, señor, que es una cosa exquisita que nos lo legó la tradición, que comieron nuestros padres y abuelos; y, que, así como le llamaron gachas, le pudieron llamar melopea…sobre todo ya saturadas de arrope.
¡Ánimo a la gacha!
El Diario de Murcia, 1 de noviembre de 1900

