EL ÁNGEL EXTERMINADOR

MESA CAMILLA. Por Paco López Mengual.
Solo su nombre suscitaba temor, provocando que la gente cerrara puertas y ventanas. El Ángel Exterminador fue una sociedad secreta de carácter clerical y absolutista que, durante unos años, sembró el miedo por toda España y, también, en la ciudad de Murcia. Entre sus propósitos estaba el que la Iglesia recobrara el inmenso poder del que había disfrutado siglos anteriores y la reinstauración de la Santa Inquisición, abolida años antes por las Cortes de Cádiz. Para alcanzar su fin, no encontraba otro camino que el de la eliminación física de toda aquella persona que abrazara el ideario liberal. Aunque hay historiadores que ponen en duda la verdadera existencia de esta organización criminal, achacándola a la imaginación de algunos literatos, otros defienden que fue el Obispo de Osma, Juan de Cavia, su fundador y máximo maestre, y que una cadena de extraños asesinatos está ahí para demostrarlo.


Para frenar las tropelías causadas por Jaime Alfonso, el gobierno de la nación puso precio a su cabeza, ofertando por ella la mayor recompensa que nunca se haya ofrecido en España por un bandolero


En Murcia, por aquellos años, el máximo exponente del absolutismo era el bandolero Jaime Alfonso el Barbudo que, al frente de un ejército con más de cien hombres a caballo, era capaz de enfrentarse a las tropas del gobierno, haciendo valer su poder en la sierras del antiguo reino, así como en las de Albacete y Alicante. Llamaba la atención la paradójica personalidad del famoso bandido que, además de ser un hombre extremadamente conservador, era un ferviente católico. Cuentan de él que no se dormía sin haber rezado antes media docena de padresnuestros. Gran devoto de la Fuensantica, era capaz de cabalgar durante horas desde la sierra de la Pila, donde tenía su cuartel general, hasta el Santuario para pasar horas rezando, arrodillado y en silencio, a los pies del manto de la Virgen. Por orden suya y como salvaguarda, todos los miembros de su banda portaban al cuello un escapulario de la Virgen del Carmen. Cuando entraba a un pueblo, forzaba al cura a oficiar una misa para sus hombres, a los que antes obligaba a pasar por el confesionario, uno a uno, para que expiaran sus muchos pecados. Todas las fuentes apuntan a que era él el máximo valedor de El Ángel Exterminador.

A la vez que El Barbudo extendía el terror por muchas comarcas de la región, en Murcia capital, un grupo de seguidores del que ya se hacía llamar General de la Fe, miembros de la sociedad secreta El Ángel Exterminador, comenzó a preparar la ciudad, que era regida por una corporación liberal, allanando el camino para la entrada de las tropas del bandido.

Para frenar las tropelías causadas por Jaime Alfonso, el gobierno de la nación puso precio a su cabeza, ofertando por ella la mayor recompensa que nunca se haya ofrecido en España por un bandolero. A la vez, un periódico de corte progresista de Murcia, El Diario Popular, organizó una cuestación pública de donativos entre sus lectores, con el fin de recaudar 5.000 duros y ofrecerlos como pago a quien llevara el cadáver de Jaime Alfonso el Barbudo, enemigo de la libertad y la justicia, a las puertas de la redacción del periódico. La respuesta del bandido, con el apoyo de El Ángel Exterminador, no se hizo esperar: en la mesa del director, apareció una carta de puño y letra del bandolero –muy bien escrita, por cierto- en la que aseguraba tener en su poder la lista con el nombre y la dirección de los ciudadanos que habían sufragado la recompensa, a los que degollaría uno a uno si no se le entregaban los 5.000 duros recaudados. El miedo recorrió Murcia, haciendo sospechar a todos de todos, temiendo el día en el que el General de la Fe entrara en la ciudad. Para descanso de muchos, al día siguiente de que El Barbudo se presentara en las dependencias del gobernador civil de Murcia, fue ahorcado públicamente en la plaza de Santo Domingo.


Paco López Menugal.

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