Salud en el Antropoceno, por Trinidad Herrero

Según la RAE, la certeza es el conocimiento seguro y claro de algo, mientras que la verdad es la propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma, sin mutación alguna. Igualmente, una persona veraz es aquella que dice, que usa o que profesa siempre la verdad, entendiendo que la pura verdad es aquella indubitable, clara y sin tergiversación.
Dicho esto, la verdad científica no es inmutable. Los conceptos científicos pueden modificarse a medida que el conocimiento avanza. Sin embargo, una persona preparada y que alardea de transmitir hechos verídicos no debería alejarse de perseguir la verdad que existe en cada momento, de verificar y documentar las ideas, opiniones o juicios de aquello sobre lo que escribe o sobre lo que divulga.
Y es que, en español, divulgar es la acción de publicar, de extender y de poner al alcance del público algo que, “a priori” y previamente, ha confirmado que es verídico y cierto.
Los conceptos científicos pueden modificarse a medida que el conocimiento avanza
Aquí y ahora, acabando el primer cuarto del siglo XXI, somos conscientes de que el virus de colgar noticias se ha propagado sin control. En las redes sociales cualquiera puede publicar lo que quiera. Y puede hacerlo sin ser evaluado por pares que le exijan demostrar sus conocimientos y análisis. Así, han aparecido profetas mundanos doblemente indocumentados. No están documentados ni como profesionales ni como expertos de un tema, pero es que, además, no se informan adecuadamente ni contrastan lo que trasmiten. En ocasiones parece que toman ideas prestadas de otros profetas indocumentados perpetuando esos errores que, en redes sociales, se diseminan a la velocidad de la luz en el vacío.
Una persona preparada y que alardea de transmitir hechos verídicos no debería alejarse de perseguir la verdad que existe en cada momento
Pero es que, aunque en tiempos de posverdad sea válida la máxima de Goebbels, “una mentira repetida llega a convertirse en verdad”, en ciencia no se sustenta. Es mejor seguir a Sócrates, sabiendo que la verdad nunca puede refutarse, y a Séneca, cultivando la virtud posible de la rectitud. Por ello, en divulgación científica se debe exigir tanto evitar la insensatez como practicar escrupulosamente la rectitud al transcribir los hechos y las verdades tal y como son. Y los lectores deben educarse en el sentido crítico ya que, aunque no todas, sí existen publicaciones que se distancian de la verdad e inducen sesgos cognitivos y confusión.
Como dijera Capel: «La opinión es libre, pero el conocimiento no está al alcance de todo el mundo»… sobre todo, de quien no se esfuerza en buscarlo y en comprobar la realidad fidedigna.

