Los niños no vuelan

Contra casi todo, por José Antonio Martínez-Abarca

Ahora se han dado cuenta de que el uso de los ordenadores en clase es algo malo para los niños. Que lo que los pedagogos, sociólogos y expertos varios creyeron que iba a ampliar la mente de los niños, la ha estrechado. En los países más avanzados ya hubo retirada masiva de las pantallas en los colegios y una vuelta a lo de toda la vida, back to the basics. Este asunto está empezando en España, con el retraso correspondiente. No era muy difícil verlo desde el principio, cuando los mismos expertos nos contaban exactamente lo contrario. Seguramente son los expertos que pontificaban, en los años 70 (son los mismos expertos siempre), que lo bueno era la margarina y lo malo el aceite de oliva. Nos podíamos haber ahorrado todo esto. Pero es que al progresismo le gustan más los juguetes nuevos que al tonto del pueblo el pan con chocolate. 

Este asunto está empezando en España, con el retraso correspondiente

Internet ha hecho más tonta a la gente, menos hábil, con escasa capacidad para la improvisación y la imaginación, y ha perjudicado hondamente la memoria. No escribo de esto por pasar el rato, porque lo que iba a pasar a los niños de ahora ya nos pasó mucho antes a gente como yo. Formo parte de la primera generación de internet, hace una eternidad, y casi desde el principio se vio claro que aquello no iba a expandir nuestra mente, ni siquiera ampliar nuestra información. Hemos vivido el antes de internet y el después, lo hemos experimentado en carne propia. Tener a nuestra disposición cantidades inabarcables de información no hizo que supiéramos más de ningún tema. Ni siquiera los que leemos compulsivamente en la red, desde la mañana temprano hasta la madrugada siguiente, siguiendo nuestra voraz curiosidad. He leído literalmente toneladas de información en internet sobre lo que me interesa, durante treinta y tantos años, porque he salido muy poco y he estado encerrado en solitario mucho. No tengo una opinión mejor formada sobre nada de la que tenía antes de saberse sobre la existencia de internet. 

Hemos vivido el antes de internet y el después

La demasiada información internáutica no te hace un experto, sino que te roba el criterio y la capacidad de discriminar lo no esencial. Te quita el tener una opinión sólida. Evita que madures ningún asunto, que le des vueltas, que reflexiones sobre él, que lo compares con experiencias propias o lejanas cosas leídas alguna vez no se sabe dónde, en la solapa de un libro o en el prospecto de unas pastillas para la tos. La imaginación cesa. Y lo que amplía el cerebro es la imaginación, que consiste en que el cerebro supera el limitado mundo que se le ofrece y lo trasciende.

Si lo que se le ofrece a la mente es ilimitado, de proporciones inhumanas, no hace falta la imaginación y, entonces, nos quedamos sin ella, como esos animales que por tener que adaptarse a un nuevo medio evolutivo se quedan atrofiados, sin alas con las que poder volar, aunque sus ancestros las tuvieron. Las nuevas generaciones de niños dejaron de volar.

José Antonio Martinez-Abarca.

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