“CONTAR CUENTOS ES UN ACTO DE AMOR”

Entrevista a Isabel Soler Luján

MÁGICAS PALABRAS. Por Consuelo Mengual.

A Isabel Soler Luján, trabajadora social y cuentoterapeuta, le fascinaban los cuentos de “El Conde de Lucanor” (1331-1335) que su madre le leía de niña y ahora es ella la que, desde su versión personal, ha escrito “Cuentos de un Infante sabio e interesante. Enseñanzas de Patronio al Conde Lucanor” (Tirano Banderas, 2022), ilustrado por María Torres Signes, con una reconocida labor didáctica y educativa para niños y adolescentes, porque son “cuentos con los que pensar” y el infante don Juan Manuel los escribió “con el deseo de que los hombres pudieran guiarse y comprender las ideas más profundas”.

¿Quién fue el infante don Juan Manuel?

Lo conocemos como infante pero, realmente y según la ley, no lo fue, ya que Infante era solo hijo de rey, y él fue nieto y sobrino. Sin embargo, al quedar huérfano de padre a los dos años, heredó esa forma de dirigirnos a él. Fue un guerrero, de noble linaje y varios títulos (señor, duque, príncipe) y poseedor de muchas tierras que debía defender. Cuentan que su espada Lobera tenía poderes mágicos y nunca perdió ninguna batalla. Pero lo conocemos como uno de los principales representantes de la prosa medieval de ficción.

“El Conde Lucanor” lo escribió en castellano.

Aunque el castellano se comenzara a hablar hace mucho más tiempo, fue en el reinado de Fernando III cuando se estableció como idioma oficial de sus reinos y documentos, en sustitución del latín. Pero fue bajo el reinado de Alfonso X el Sabio cuando se consolidó como lengua oficial, y se comenzó a escribir en castellano propiciando un gran desarrollo y un mayor auge de esta lengua. El infante fue uno de los pioneros en escribir en castellano, cuando todavía el idioma culto de escritura era el latín. Su intención era llegar al pueblo llano.

¿Dónde se escribió?

Los entendidos dicen que pudo ser escrito en una gran parte en el reino de Murcia, del que él era adelantado mayor (gobernador, representante del rey), pues, no solamente amaba esta tierra, sino que pasaba mucho tiempo en ella por el cargo que ostentaba y parece que los años en los que se escribió se encontraba aquí en su castillo. Es un privilegio que una obra literaria tan famosa, que ha llegado a nosotros después de tantos años, y que encierra cuentos e historias tan interesantes, pudiera haber sido escrita en el que hoy conocemos como el barrio del Castillo de Molina de Segura, entonces llamada Molina la Seca. Don Juan Manuel fue uno de los primeros cuentoterapeutas y un personaje que, si hubiera nacido en cualquier otro lugar europeo, sería cumbre de la literatura mundial.

El Conde de Lucanor pudiera haber sido escrita en el que hoy conocemos como el barrio del Castillo de Molina de Segura, entonces llamada Molina la Seca”

¿Cómo influyó en el infante don Juan Manuel el rey Alfonso X El Sabio para su amor a la literatura?

Don Juan Manuel quedó huérfano muy pronto y fue su tío el que lo acogió, cuidó y educó, no sólo en el arte de la esgrima, de la caza o de la equitación, sino también en aprender latín, historia, derecho o teología. Alfonso X el Sabio recopilaba cuentos de otras culturas, historias, leyendas. Fue el que patrocinó, supervisó y participó en la Escuela de Traductores de Toledo, el lugar donde se interpretaban los textos clásicos greco-latinos alejandrinos, árabes y hebreos y se traducían a la lengua latina sirviéndose del romance castellano. La buena relación entre los cristianos, musulmanes y judíos facilitó este comercio cultural que permitió el renacimiento filosófico, teológico y científico primero de España y luego de todo Occidente. Don Juan Manuel creció muy interesado en medio de toda esta actividad literaria, desde muy pequeño tenía acceso a algo que a la mayoría de gente de su época le era inaccesible: los muchos manuscritos que había en casa de su tío.

¿Qué valor tiene el consejo sabio de Patronio?

Don Juan Manuel crea dos personajes principales que se repiten en todos sus cuentos: un Conde acaudalado, adinerado, poseedor de tierras y dueño de un castillo, que tiene muchas dudas; y un siervo con unas cualidades y valores destacables, importantes para él, en el que confía plenamente porque nunca le ha engañado y porque encuentra en sus palabras la respuesta a sus dudas. Es un siervo fiel, prudente, con capacidad de escucha, atento, sabio, buen consejero y siempre dispuesto a ayudar. Patronio siempre tiene una historia que contarle que resuelve su indecisión y le hace pensar. A través de él pensamos todos y podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria. De hecho, el inventar un personaje sabio, que en realidad es un siervo, hizo, posiblemente, que las enseñanzas llegaran mucho más. En nuestro día a día es importante rodearnos de personas que nos ofrecen esos valores para aprender a elegir en esta vida a quién quiero tener cerca, quién me ayuda, me escucha, me dedica su tiempo, su atención, me hace pensar.

¿Qué importancia tiene la moraleja final?

Los cuentos son mapas conceptuales que nos enseñan el camino a seguir para no equivocarnos, son imprescindibles para el desarrollo personal y educativo. En “El Conde Lucanor” podemos encontrar las funciones principales de los cuentos: Mágica: estimular la imaginación y la fantasía; Lúdica: entretener y divertír; Espiritual: ayudar a la comprensión de verdades metafísicas y filosóficas; Terapéutica: ver en los personajes y situaciones referentes para la vida y encontrar en ellos orientaciones y claves para comprender nuestro mundo interior o nuestros conflictos.

¿Qué nos da seguridad?

Ser inteligente no garantiza el éxito en la vida ni facilita la felicidad. Son otras habilidades emocionales y sociales las que nos ayudan a conseguir estabilidad emocional y mental, satisfacción en nuestras relaciones, adaptación al entorno, a sentirnos mejor con nosotros mismos. Mi madre me contaba estos cuentos por la noche; y me ayudaron a crecer, a poner en orden mi casa interior para establecer un equilibrio en mi vida; en mí dejaron una huella que quiero que perdure.

¿Y el lenguaje y ambiente huertano?

Yo me imagino al Conde Lucanor en su castillo de Molina, al caer la tarde, al amanecer, mientras descansa en la siesta, paseando, y le asaltan las dudas que ha de consultar con Patronio. Molina de Segura, ciudad situada cerca del río, tiene mucha huerta, muchos huertanos, buena gente que aparecen a veces como personajes de los cuentos, escritos en verso con aire divertido. Mi intención es que lleguen al público joven de forma fácil, con esa musiquilla con la que antes contaban las historias los antiguos trovadores, de pueblo en pueblo.

¿No debemos soñar despiertos, como la lechera?

Cuando estos sueños nos impiden estar en el presente hay que llevar cuidado. Es importante tener sueños, pero no perder de vista la realidad y el momento presente, para poder empezar a ponerlos en marcha. Si solo estamos en el futuro, y cada vez las fantasías son más grandes, corremos el riesgo de vivir únicamente soñando en un tiempo que nunca llega, porque no pertenece a la realidad.

“Don Juan Manuel tenía acceso desde pequeño a algo que a la mayoría de gente de su época le era inaccesible: los muchos manuscritos que había en casa de su tío, el rey Alfonso X El Sabio”

Como trabajadora social y cuentoterapeuta, ¿qué percibe?

Los cuentos para mí son una herramienta de trabajo. Terminé la formación como cuentoterapeuta para aprender a utilizarlos y aplicarlos con niños, adolescentes y mayores. Los cuentos no tienen edad, su mensaje nos llega a todos, aunque de distinta manera. Cumplen la función de advertir, instruir, enseñar, educar, entretener, de transmitir experiencias, y es importante que sigan pasando de generación en generación para que no se pierdan, para que los conozcamos, para que, en un futuro, sean nuestros niños y adolescentes los que los sigan contando. Contar cuentos es un acto de amor, dedicamos lo más valioso que tenemos al otro, nuestro tiempo; con los cuentos fomentamos los lazos afectivos al mismo tiempo que potenciamos aspectos que van a ser cruciales en el desarrollo de la personalidad.

Nuestra autora termina animándonos de manera simpática a escuchar su hipnotizadora voz en los códigos QR del final de cada cuento, transcendiendo así el mundo impreso, y se deshace en halagos y agradecimientos a la ilustradora María Torres Signes (estudiante universitaria de Historia en Valencia) pues “supo captar la esencia de cada cuento en un dibujo”.

Consuelo Mengual @Aladas_Palabras
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