Ciclo de conferencias 175 aniversario RCM

Por Elena García Pérez.

El Real Casino de Murcia está celebrando un ciclo especial de conferencias con motivo del 175 aniversario de la entidad, coordinado por la historiadora y restauradora Loreto López. En ellas, expertos en diversas áreas realizan un repaso por los orígenes de la institución y el contexto histórico en el que se situaba la Murcia del siglo XIX. La conferencia inaugural fue pronunciada por el presidente del Real Casino de Murcia, Juan Antonio Megías, a principios de octubre. El ciclo se prolonga hasta finales de noviembre.

Tras el presidente, fue el turno del arquitecto Juan Carlos Cartagena, que habló de la evolución del edificio Bien de Interés Cultural. Y, posteriormente, el historiador Leandro Madrid hizo un lienzo del panorama social y político de la época adornado con divertidos diálogos. Loreto López y María Ángeles Gutiérrez también han pronunciado ya su conferencia, de cuyo contenido les ofreceremos información en el próximo número de RCMAGAZINE.

Juan Antonio Megías.

“El Real Casino es la ventana de Murcia abierta al mundo”

La conferencia inaugural del ciclo, que ofreció el presidente del RCM, Juan Antonio Megías García, estuvo dedicada a la figura del primer presidente de la entidad: Juan López Somalo, “a cuya voluntad, acierto, dedicación y amor a Murcia debemos que el Real Casino sea hoy una luminosa realidad”, expresó. 

Megías leyó algunos fragmentos del discurso inaugural del Casino de Murcia pronunciado por López Somalo el 10 de octubre de 1847. “Detrás de aquellas palabras se encuentran los aires refrescantes de la ilustración y el espíritu de asociación, aires de tardía llegada a España tras la oscuridad absolutista de Fernando VII”, comentó.

El primer presidente fue masón, según desveló Juan Antonio Megías, y llegó a presidir la logia el Gran Oriente de España. “A pesar de su filiación, nunca pretendió crear una institución masónica, si no que soñó con un espacio de encuentro libre, sujeto únicamente a las sagradas normas de la convivencia en armonía”, exclamó. 

Juan López Somalo estudió la carrera de Derecho en Valencia y llegó a ser alcalde de Murcia, ciudad que describió como “oscura, empobrecida y aislada”.  También fue diputado provincial y gobernador de varias provincias de España, abogado del ilustre colegio de Murcia y uno de los fundadores, en 1869, de la Universidad Libre de Murcia, antecesora de la actual Universidad de Murcia, en la que fue catedrático de Economía Política. “Se trataba de un hombre viajado, ilustre e ilustrado, decidido a traer un poco de luz a las negruras de la Murcia decimonónica”, aseguró el actual presidente del Real Casino, que ostenta el cargo desde 2003.

Entre sus muchos logros, “una de sus consecuciones más luminosas de López Somalo fue el Casino de Murcia, que aún hoy, 175 años después reluce con luz propia”, proclamó Megías. “Somos una institución pujante con más de 1600 Socios; nos hemos convertido en Real por gracia de su majestad el rey D. Juan Carlos y este mismo año hemos sido honrados con la medalla de oro de la Región de Murcia”, repasó Megías.

“Aquellos votos de quien fuera primer presidente del Casino de Murcia están cumplidos: el Real Casino de Murcia es el templo de la palabra y la tolerancia, el escenario del encuentro de la sociedad murciana con la cultura, es la ventana de Murcia abierta al mundo”, manifestó.


Juan Carlos Cartagena.

“Con la burguesía surgen nuevos espacios de libertad”

El arquitecto y conservador del Real Casino de Murcia, Juan Carlos Cartagena Sevilla, ofreció la segunda charla con el título Evolución arquitectónica del Casino hasta 1900. En ella, el especialista en restauración de Bienes de Interés Cultural realizó un repaso por el contexto histórico que dio lugar al nacimiento del Casino y explicó cómo fue transformándose el inmueble hasta adoptar la planta que hoy conocemos.

Tal como recordó el experto, en el siglo XIX el ímpetu de una nueva clase social, la burguesía, da lugar a nuevas formas de relacionarse que promueven nuevos espacios: calles principales para pasear, parques y jardines, plazas de toros, teatros… Al contar con medios económicos, los burgueses encargaban edificios de diseño funcional pero con afán de notoriedad, para marcar su estatus, que dio lugar a majestuosas fachadas, explicó Cartagena. “Buscaban edificios ostentosos para marcar su clase y asemejarse a la antigua nobleza“, recordó. Espacios donde desarrollar su tiempo de ocio: conciertos, lecturas, juegos, tertulias…

De aquella época quedan en Murcia cuatro edificios, reveló Cartagena: El coso de la Condomina, el Teatro Romea (antes teatro infantes), el Teatro Circo y el Real Casino.

La burguesía quería tener un derecho en estos nuevos espacios, con unos estatutos, el pago de una cuota y con la propiedad del edificio. “Buscaban la libertad”, subrayó el arquitecto, “estos son los casinos decimonónicos, los casinos de la burguesía”.

Una vez establecido el contexto, Juan Carlos Cartagena repasó la trayectoria de las sedes del Casino: “La primera de ellas fue en 1847, año de la fundación de la sociedad, que se ubicó en la casa particular del presidente Juan López Somalo, en la calle Jabonerías; como tenían capacidad económica al poco alquilaron el Hostal Madrid. Pero unos años después, el marqués de Vado, propietario y administrador, les sube el alquiler y pone una serie de condicionantes que no aceptaron, y decidieron comprar”.

Así fue como la Junta de la Sociedad aprueba la propuesta de Miguel Andrés Stárico de adquirir unas propiedades colindantes, susceptibles de unirse interiormente entre sí, recayentes a la calle Lucas y a la trasera calle Montijo. “Esta propiedad adquirida constituyó el embrión de una sede, ya definitiva, que durante unos cincuenta años fue expandiéndose hasta conseguir la anexión de tres inmuebles recayentes a la entonces llamada calle Príncipe Alfonso -actual calle Trapería- que era la distinguida y neurálgica arteria de la ciudad”, señaló el arquitecto.

Seguidamente, Juan Carlos Cartagena detalló el proceso constructivo del edificio, mostrando planos y cómo se fueron transformando los nuevos inmuebles e incorporando calles hasta llegar al Casino actual.


Leandro Madrid.

Historia e imaginación para narrar el origen del Casino

Leandro Madrid, historiador de Arte, ofreció una ponencia diferente, divertida y cargada de contenido. Realizó un exhaustivo repaso histórico por la España del siglo XIX y lo combinó con historias imaginadas en las que ponía voz a aquellos hombres que idearon la creación del Casino de Murcia.

En 1847 reina en España Isabel II de Borbón, hija de Fernando VII y su cuarta esposa, María Cristina de Borbón. “España había dejado atrás la época absolutista y se había convertido en burguesa capitalista, gobernada por grupos políticos más o menos liberales”, repasó el historiador. “Tras la desamortización de Mendizábal surgió una sociedad burguesa de economía saneada; esta sociedad también tuvo en Murcia su naciente grupo”, apuntó. Y explicó cómo en los países europeos se habían ido formando asociaciones culturales y científicas, así como en algunas ciudades españolas. “Este grupo burgués murciano sintió la llamada de la cultura literaria y artística, por lo que un grupo de sus integrantes decidió fundar una asociación de esas características: así nació la sociedad Casino de Murcia”, proclamó el conferenciante.

Una vez expuesto el contexto histórico, Leandro Madrid se atrevió con lo que llamó “Mi novelita”: Era una tarde primaveral, algo calurosa, normal en aquella Murcia de 1847, pequeña y tranquila. Tres caballeros pasean sin prisa por una estrecha calle próxima a la Catedral y conversan animadamente. Tienen aspecto de burgueses, van vestidos a la moda romántica de la época. – Necesitamos contar con un lugar donde reunirnos, deberíamos pensar algo y tomar una decisión-, expreso uno de los caballeros.

Leandro Madrid continuó y ofreció a los asistentes un diálogo teatralizado, en el que imaginó la conversación que pudieron haber tenido los primeros hombres que idearon y fundaron el Casino de Murcia.

Seguidamente, profundizó en los avatares de la Historia de España y los aderezó con otros diálogos que hicieron soñar a los asistentes con aquellos tiempos de nueva libertad.  

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