CAMINANDO HACIA EL PARAÍSO VERDE

SALUD EN EL ANTROPOCENO. Por María Trinidad Herrero.
Los acuerdos de la Cumbre de París, que culminó el 12 de diciembre de 2015, han conseguido que muchos países del mundo hayan subscrito el Convenio para combatir el cambio climático (emergencia climática) y el calentamiento global. Se trataba de establecer estrategias y compromisos para limitar los efectos nocivos que las actividades del ser humano tienen en los ecosistemas terrestres (que nos sitúan en el antropoceno).

Ese llamamiento iba dirigido a todos los países e involucraba a los ministerios de medio ambiente, de energía, de finanzas y de salud y, de forma transversal, a todos los sectores públicos y privados, incluyendo la aplicación de los avances tecnológicos, así como acciones educativas, formativas y de difusión de medios.

Se inició con la promoción de energías limpias y la reducción de la quema de combustibles fósiles, como el carbón, que provoca índices elevados de contaminación ambiental. Aunque este efecto es mayor en ciudades muy pobladas, a nivel global la liberación de gases provoca un efecto invernadero en la atmósfera que nos afecta a todos, independientemente de dónde vivamos. De hecho, en 2012, la OMS publicó el fallecimiento de 7 millones de personas solo por causas relacionadas con la contaminación atmosférica.


EL PAPA FRANCISCO ESCRIBIÓ UNA ENCÍCLICA EN LA QUE ABOGABA POR ABORDAR EL PROBLEMA INTEGRALMENTE CON UNA TRIPLE PERSPECTIVA: CIENTÍFICA, MORAL Y ECONÓMICA


El cambio climático es un riesgo mayor para el bienestar y la salud de todos los seres humanos, que afecta negativamente tanto de forma directa (cambios de temperatura, precipitaciones bien abundantes bien nulas, o catástrofes naturales) como de forma indirecta (contaminación del aire, del agua, problemas de abastecimiento o alteración de los ecosistemas).

Pero los efectos del cambio climático sobre la salud van más allá de la contaminación atmosférica, también comprometen al acceso al agua potable y a la seguridad alimentaria en las zonas tropicales del planeta, y más aún, cambia la distribución de las poblaciones de insectos que son esenciales para la vida humana. De las abejas hablaremos en la próxima columna, pero otras poblaciones de insectos están variando. El tema es de relevancia ya que los insectos son vectores de enfermedades infecciosas como el paludismo, el dengue o el famoso virus del Nilo Occidental que este año ha asolado las riberas del rio Guadalquivir, aunque, por la pandemia de la COVID-19, ha quedado como un hecho secundario. Pero es un tema a tener en cuenta ya que puede resurgir en las riberas de otros ríos por la migración errática de aves (cigüeñas o garzas) o de mosquitos.

Las consecuencias del cambio climático en la salud afectan primero a los sectores más vulnerables como niños, mujeres, ancianos, emigrantes y colectivos económicamente más desfavorecidos. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado 4 temáticas de acción: promover la toma de conciencia, respaldar la evidencia científica, establecer alianzas, y fortalecer los sistemas de salud en todo el planeta. Hasta los líderes religiosos (católico, judío, musulmán, ortodoxo o protestante) han opinado sobre el cambio climático. El Papa Francisco escribió una encíclica en la que abogaba por abordar el problema integralmente con una triple perspectiva: científica, moral y económica.

Se persigue la sostenibilidad aplicando la transición energética en ciudades inteligentes, con nuevos modelos de consumo, con movilidad sostenible y poniendo a las energías renovables como paradigma. Será preciso aplicar las nuevas tecnologías para llegar al equilibrio asegurando no solo la supervivencia, sino las condiciones favorables de salud global de las generaciones futuras y hacerlo de forma solidaria y universal. Será imprescindible utilizar el avance científico para digitalizar las redes de distribución y hacerlas accesibles, física y económicamente, para que las pueda disfrutar toda la población en pie de igualdad.

Viviremos en un “paraíso verde” siempre y cuando la promoción del bienestar y de la salud humana sea el epicentro y no se pierda el norte.


María Trinidad Herrero.

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