Bacterias

Cicuta con almíbar, por Ana María Tomás

Desde que los médicos alertaron sobre los contagios de la gripe A, el cura de mi parroquia, al llegar el momento de la paz en la Eucaristía, simplemente dice: “La paz esté con vosotros”. Y se acabó. Nada de darse la mano. Y a mí, que soy una tiquismiquis, me encanta. Si la paz se siente de verdad, sobra el contacto físico. Además, mezclar bacterias personales como Shigella, Streptococcus, Klebsiella… con las de los demás, no aporta nada. Bastante tenemos con las infecciones que nuestras propias manos ya transportan.

Y, seamos sinceros, todos hemos observado alguna vez al vecino de banco hurgándose la nariz o tosiendo en la mano, para luego ofrecérnosla en señal de paz, como si nada. Pues no. Yo no llego a los extremos de quienes se lavan las manos compulsivamente, pero sí me las lavo con frecuencia. En los baños públicos salgo con las manos alzadas como cirujano en quirófano, abriendo puertas con los codos.

Sin ánimo de amargarles el día, les recordaré una verdad que muchos ya saben: los carritos del supermercado tienen más bacterias que un retrete. Pero ahí vamos nosotros empujándolos con una mano y agarrando la fruta con la otra. Luego todo al frigo, juntito: cocinados, crudos, huevos, fruta… todo con una alegre danza invisible de bacterias. Y aunque suene alarmante, nuestro cuerpo ha aprendido a convivir con esos bichillos. Recuerdo que hace poco vi a un niño restregando su chupete por el suelo de una consulta médica. Le advertí a su madre que, sin inmutarse, se lo metió en la boca, lo chupó y se lo devolvió al niño. ¡Inmunidad nivel experto!

En mi cruzada personal contra los microbios, me he enterado de que tocar el móvil mientras comemos equivale a pasar la lengua por el suelo de un baño público. Y, sin embargo, ahí estamos todos: deslizando el dedo sobre la pantalla entre bocado y bocado.

Eso sí, ser maniática de la higiene no garantiza inmunidad. He vivido experiencias en tascas y en hoteles de cuatro estrellas que pondrían los pelos de punta a cualquiera. Pero como suele decirse: “Ojos que no ven, bacteriazo que no se siente”. O sí, que a veces el cuerpo pasa factura. Pero tampoco es tan malo: alguien me contó que le preguntó al médico si podía bañarse con diarrea. Y el médico respondió: “Hombre… si tiene suficiente”. Así que, ya ven, al menos nos quedamos con los intestinos limpios y unos kilos menos. ¡Algo bueno debía tener!

Ana María Tomás. @anamto22

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