Antigüedad en la Región de Murcia

Huellas de nuestro pasado, por Joaquín Pérez Egea

Desarrollo de las 4 caras del Cipo de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla). Mediados del siglo IV a.C.

Esta Región, por su riqueza minera y agropecuaria y su apertura al Mediterráneo, acogió en la Antigüedad a comerciantes fenicios y griegos y a cartagineses, romanos, visigodos y bizantinos. En los últimos números de Huellas de nuestro pasado hemos repasado, desde una perspectiva amplia y con un enfoque divulgativo y científico, este periodo.

En la primera entrega, José Miguel García Cano, director del Museo de la Universidad de Murcia y profesor de arqueología, profundizó en el conocimiento de los pueblos iberos, “la población autóctona peninsular, que evoluciona del Bronce Tardío y Final, con influencias fenicias y griegas”, con una cultura avanzada y una sociedad políticamente fragmentada, que eclosionó en el siglo VI a. C. 

Fueron reconocidos como guerreros por todas las culturas mediterráneas, con las que mantuvieron comercio e intercambio cultural, como queda reflejado en sus necrópolis, en las que “las tumbas principales se adornan exteriormente con escultura, frecuentemente de animales protectores”. La ocupación cartaginesa y la posterior colonización romana supusieron la paulatina desaparición del mundo ibero.

Cartagena, Molinete. Peristilo de las Termas del Puerto. Inicios s. I d.C.

Helena Jiménez Vialás, arqueóloga y profesora de la Universidad Complutense de Madrid destacó que “hoy se tiende a romper la imagen de los fenicios como “extranjeros” que solo se acercaban puntualmente a los puertos para comerciar. De hecho, creaban tanto pequeñas factorías comerciales como colonias estables”, aportando cultura, tecnología y conocimiento. Se tiene constancia de su implantación en las costas de esta región desde el siglo VII a. C.

La ocupación cartaginesa y la posterior colonización romana supusieron la paulatina desaparición del mundo ibero.

El enfrentamiento de Cartago con griegos y romanos los impulsó a extender su política de dominio en el sur de la Península Ibérica. Amílcar Barca desembarcó en Gadir en 237 a. C. y Asdrúbal fundó “Qart Hadasht” diez años después, pero su ocupación fue breve “las legiones romanas de Escipión “El Africano” conquistan Cartagena en 209 a. C. y los cartagineses abandonan definitivamente la península en 206 a. C.”

Rafael González Fernández, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Murcia, subrayó que “en contra de una opinión extendida, púnicos y romanos eran muy parecidos”. Carthago Nova fue una gran ciudad durante los siglos II y I a. C., premiada por Julio César con una segunda fundación como Colonia Vrbs Iulia Nova Carthago, refrendada por Augusto. Se impusieron el latín y el derecho romano y “las costumbres se debieron asumir de forma paulatina, eran las élites locales las que aspiraban a convertirse en romanos: la ciudadanía se concedía como un premio”.

Teatro romano de Cartagena.

Para José Miguel Noguera Celdrán, catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia, con Augusto “Carthago Nova experimentó una pulsión muy importante, un cambio urbano radical … con calles ortogonales y nuevos equipamientos públicos, … que culminó con la construcción del Teatro, inaugurado entre los años 5 y 1 a. C”. El extenso Conventus Carthaginiensis, fue una región romana muy próspera a lo largo del Alto Imperio.

“Tradicionalmente se ha considerado que a partir del 150 d. C. la ciudad presentó un claro deterioro de su estructura urbana, principalmente por un descenso de la actividad minera y otras fuentes de ingresos”, aunque se han identificado nuevas épocas de vitalidad urbana en el siglo III y Carthago Nova se convirtió en capital de provincia con Diocleciano el año 297, lo que configura una urbe muy cosmopolita, buen ejemplo de “la visión actual de la romanización no imperialista … sino bidireccional, un diálogo entre culturas”.

El enfrentamiento de Cartago con griegos y romanos los impulsó a extender su política de dominio en el sur de la Península Ibérica.

Elena Ruiz Valderas, directora del Museo del Teatro Romano de Cartagena, afirmó que Carthago Nova “te permite hacer una inmersión en el mundo antiguo”: la impresionante muralla de sillares de arenisca, defensa y símbolo de prestigio de la ciudad púnica, las domus itálicas, las calzadas, Torre Ciega, las termas y, en época augustea, “la monumentalización del Foro, corazón de la vida pública, la construcción del Teatro, uno de los mejores programas de arquitectura oficial de Hispania y, probablemente, del Anfiteatro”. 

Sarcófago de Adán (Begastri). Foto: murcia.com

Respecto al papel de la mujer romana “normalmente encasillada como matrona”, destacó el poder de las mujeres de la casa imperial y que “hubo mujeres que regentaban tabernas, tintorerías y otros negocios, muchas fueron actrices, sacerdotisas y también saltaron a la arena como gladiadoras”.

Carthago Nova se convirtió en capital de provincia con Diocleciano el año 297, lo que configura una urbe muy cosmopolita.

José Antonio Molina Gómez, Decano de la Facultad de Letras, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Murcia y escritor, definió la Antigüedad tardía como “una época de tránsito, una edad bisagra, compleja, con respuestas muy originales ante las crisis”. La cristianización romana tuvo un punto de inflexión en el Edicto de Milán, del año 313, “mediante el cual Constantino utilizó al cristianismo como arma política a su favor” y al final del siglo IV Teodosio “lo convierte en una cosmología, en una forma de entender el universo”. Cartagena fue sede episcopal desde el siglo III.

En los siglos IV y V “varios pueblos asiáticos se arrojaron sobre Europa … surgen así reinos tan brillantes como el ostrogodo, el visigodo o el burgundio, que son la base de la Edad Media, con un florecimiento de las artes, la cultura y la literatura propia”. En el VI se crea el reino de Toledo y, aunque a final de siglo Justiniano “sometió una amplia zona de la franja mediterránea al férreo dominio militar de Constantinopla, e instauró la capital provincial en Carthago Spartaria”, la aventura imperialista bizantina fue breve y los visigodos recuperaron todo el territorio a principios del VII.

Tres ánforas de garum (Museo arqueológico de Cartagena). Foto: regmurcia.com

Merece ser visitado el gran legado de Cartagena: el Teatro Romano, las murallas púnica, romana y bizantina, las domus, termas y calzadas romanas, el barrio del Foro con el templo de Isis, Torre Ciega y los Museos del Teatro, del Foro, Arqua y Arqueológico. También, los yacimientos ibéricos de Coimbra (Jumilla), Molinicos (Moratalla), La Luz (Murcia) y La Encarnación (Caravaca), los fenicios de Mazarrón y La Fonteta (Guardamar), los romanos de Portman y Mazarrón, los protocristianos de Algezares y La Alberca y los visigodos de Begastri (Cehegín) y Tolmo de Minateda (Hellín). Contamos asimismo con impresionantes museos de arte ibérico y romano: el del Cigarralejo (Mula) y los arqueológicos de Murcia, Jumilla, Cartagena, Lorca, Yecla, Caravaca y Cehegín. 

En los próximos números de RCMagazine nos adentraremos en la Edad Media, con la llegada de la cultura islámica y la posterior conquista cristiana.

Joaquín Pérez Egea.

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