ANTE LA MANZANA DE MAGRITTE

PINCELADAS. Por Zacarías Cerezo

Daniel se dispone a hacer uno de esos trabajos escolares que a él le parecen una prueba a superar, sin más trascendencia: ha de representarse a sí mismo como un personaje de un cuadro famoso. Como es lógico, recurre a su abuelo pintor para que le ayude a resolver el incordio, sin darse cuenta (ya se dará), de que es una oportunidad para aprender, y no sólo de arte. El abuelo acepta el reto y piensa que puede ser divertido recurrir al personaje de René Magritte del cuadro titulado El hijo del hombre, ese individuo misterioso, con traje oscuro y bombín, que puebla muchos de sus cuadros y que en éste tiene el rostro oculto por una preciosa manzana verde.

René Magritte fue un autor enigmático que se ponía a pintar todos los días a las nueve de la mañana, vestido con traje y bombín como los hombres de sus cuadros. Luego, siempre a la misma hora, daba un paseo con su perro: era la antítesis del artista bohemio de vida desordenada. El abuelo de esta historia siempre tuvo fascinación por Magritte, y algunos cuadros le producían inquietudes conceptuales, como aquel en el que pintó una pipa, con la leyenda “esto no es una pipa”. “Sí es una pipa“, dice Daniel al verlo. “No, es la representación de una pipa», le aclara el abuelo, encantado de ilustrar al nene.

El hijo del hombre se presta a múltiples interpretaciones. El personaje, que puede ser el mismo autor, oculta su cara con la manzana de la culpa, la que provocó nuestra expulsión del Paraíso. Esta puede ser una interpretación, pero puede haber otras, porque la pintura de Magritte sugiere conceptos distintos a cada espectador.

La manzana es un elemento recurrente en los cuadros de Magritte, algunas las pintó agigantadas. Paul McCartney, que le admiraba, se enamoró de una de ellas en el cuadro llamado Le jeu de mourre (El juego de la Mora), de 1966. Tanto es así que se lo compró, y convirtió aquella manzana en el logo de Apple Corps, la productora de los Beatles. Diez años después, Steve Jobs, apasionado de la banda de Liverpool, fundó Apple Computer, y para su logo se apropió de la manzana de los Beatles, a la que dio un mordisco, generando uno de los iconos más famosos del siglo XXI. Pero la productora de la manzana no encajó bien el “mordisco” y puso una demanda a Jobs, que perdió, siendo condenado a pagar una indemnización y a no entrar con su marca en el negocio de la música. Jobs no respetó el acuerdo, menudo era, y en 1998, de nuevo Apple Corps (la de los Beatles) lo denunció porque sus aparatos empezaron a reproducir música: le sacaron 26,5 millones de dólares. En 2003 volvieron a juicio porque Apple Computers empezó a distribuir música a través de iTunes, pero en este caso Jobs ganó a la compañía de los Beatles.

La disputa por la manzana de la discordia parecía no tener fin, así es que en 2007 sellaron un acuerdo, repartiéndose el negocio: mejor un mal acuerdo que un buen juicio, se dice.

Daniel busca en el armario de su abuelo y saca un sombrero (no hay bombín), una corbata roja y una chaqueta, que es demasiado grande para él, después coge una manzana del frutero y la cuelga de un hilo. Ahí está la foto… y la interesante historia de cómo un simple mordisco manzanero puede tener consecuencias millonarias. Aunque, peor fue lo de Eva.

Ah, se me olvidaba, Daniel superó la prueba.

Zacarías Cerezo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.