EL ALMA DEL REAL CASINO

Fotografías Juan Ballester. Texto por Elena García.
Muchos Socios de la entidad nos regalan grandes sonrisas en estas páginas. Con sus miradas, serenas, alocadas, inquietas o vergonzosas, comparten con los lectores sus emociones, su sentir. Cada retrato es único, especial. El Socio y amante de la fotografía Juan José Ballester les ha inmortalizado, uno a uno, con un cariño y una delicadeza de escultor. Ha conversado con ellos, les ha arrancado carcajadas, ha compartido historias y se han derramado algunas lágrimas. Pero ha merecido la pena. Cada imagen plasma la parte más humana, más natural y sincera de cada uno, sin artificios. Y el conjunto es el reflejo de una masa social amplia, variada, diversa y solidaria que ha acudido presta a nuestra llamada. Pero, sobre todo, que se ha mantenido fiel y ha apoyado a la entidad en unos tiempos extremadamente difíciles para todos.

Por ello, este número de RCMAGAZINE va dirigido a todos vosotros, Socios y amigos de esta casa, que no sería más que un recipiente triste y decadente si no fuera por los que la habitáis y la llenáis de vida, incluso cuando las circunstancias os impiden adentraros en el edificio, pero seguís presentes desde la distancia. Os damos así las gracias, homenajeamos vuestra labor, esencial para la supervivencia de una institución emblemática e histórica de nuestra ciudad.

Los retratos que aquí se muestran tan solo recogen una pequeña representación de los más de 1600 Socios que, junto a sus respectivos hijos y cónyuges, conforman la masa social del Casino. Fotografiar a la totalidad hubiera sido una empresa ingente. Y, sin embargo, faltan muchos. Aquellos que tristemente nos han abandonado debido a la enfermedad, pero a los que mantendremos siempre en nuestro recuerdo.

Tras la realización de los retratos, que supuso varias intensas jornadas de trabajo, el fotógrafo expresaba que esta experiencia le había servido “para acercarme humanamente a otros Socios“. “Para mí el Casino sin la conexión con la gente no tiene sentido; si estamos en el mundo es para relacionarnos y abandonar nuestra soledad”, argumenta.

Juan José Ballester ha querido realizar unas fotografías modernas y rompedoras para reflejar los aires nuevos que se respiran en la entidad, “y dejar atrás esa pátina de antigüedad que aún pervive en la idea que muchos tienen de esta institución”. Contaba que, a veces, escucha hablar del Casino como una institución que está por encima de las personas. Nada más lejos de la realidad. “El Casino no podría existir sin Socios, somos el alma de este lugar”, destacó.

Mi marido y yo nos hicimos Socios porque unos amigos nos hablaron muy bien de este sitio y nos motivó especialmente el grupo de senderismo. Desde entonces hemos participado en muchísimas excursiones; están muy bien organizadas y hay un ambiente estupendo. Tampoco faltábamos a las fiestas de Nochevieja o al Día del Bando, hasta que llegó la pandemia. He pasado este año con mucha tristeza por el obligado distanciamiento social. Ya tenemos una cierta edad y no queremos exponernos. Hemos echado mucho de menos venir al Casino. – Carmen Berrocal Solano

Soy párroco en la parroquia del Santísimo Cristo de la Misericordia de Los Garres. Para mi ser Socio del Casino es un modo de mantener viva una tradición; este lugar es un emblema de Murcia. Me inscribí justo antes de la restauración y lo viví con mucha ilusión, porque sentía que estaba contribuyendo a mantener el legado que otros nos han dejado. Creo que es una buena labor. He vivido la pandemia con muchas precauciones. Durante una época hubo que cerrar las iglesias y luego fuimos abriendo poco a poco, adaptándonos, pero la gente todavía es reacia a ir a los templos, sobre todo la gente mayor. Tratamos de animarlos para que, aunque no podamos volver a la normalidad, vuelvan a acudir a la iglesia de forma habitual. – Jesús López Abenza

Soy actriz y directora de teatro, todo el mundo me conoce como la Brígida, porque interpreto ese papel cada año en la obra de Don Juan Tenorio, que representamos en el Teatro Romea, con la compañía Amigos del Tenorio. También cuento con mi propia compañía, La Cómica, en la que hago más comedia, obras infantiles… La cultura y la producción cultural están sufriendo muchísimo. Y quiero recordar que el teatro es seguro. La cultura alimenta la cabeza y eso es muy importante en el ser humano. Soy Socia del Casino hace un par de años porque descubrí que, como mi abuelo había sido Socio, podía entrar con una módica entrada, y me hizo muchísima ilusión. Estoy muy feliz porque para mí formar parte de este Casino es un lujo.Elvira Pineda

Nací en Peterborough, cerca de Cambridge, Inglaterra. Llegué en el año 76, cuando murió Franco, y empecé a trabajar en una academia. Quería venir a este país para investigar sobre la lengua española. Me gustó mucho Murcia, el clima, la gente, la comida… y que es una ciudad compacta en la que se puede ir a todos sitios andando. Apenas echo de menos Inglaterra, creo que en general España es mejor que Inglaterra. A los murcianos les cuesta aprender inglés, sobre todo la pronunciación, no es su fuerte, aunque siempre hay excepciones. Fue mi mujer, Teresa Vicente, la que quiso que nos hiciéramos Socios, porque su padre lo había sido y a ella le gustaba. Aunque vivo muy cerca, no vengo muy a menudo. Estoy centrado en escribir un libro sobre nombres de lugares de Murcia y dedico muchas horas a trabajar. – Robert Pocklington

A toda mi familia y a mi nos encanta venir al Casino, es como nuestra segunda casa. Nos gusta venir a comer, a la Terraza, a leer la prensa… Y cuando mi marido y yo viajamos solemos hacer uso de las correspondencias que tiene la entidad con otros casinos y ateneos, y puedo decir que nunca hemos encontrado un casino como este, es el mejor de España, en cuanto a cuidados, limpieza, atención, servicios… Durante el confinamiento también hemos estado muy bien informados a través de los emails y la revista. Siempre nos sentimos muy bien tratados, como Socios nos hacen sentir especiales, recibimos un trato excelente. – Rosa Moreno Lorenzo


RETRATO DE FAMILIA
Cuando a principios de los setenta comencé a fotografiar, lo hacía para ser también artista, como lo eran mi tío Mariano Ballester y mi primo Antonio, ambos pintores y esporádicamente fotógrafos. Ahora, a mis sesenta y ocho años y después de medio siglo conviviendo con la imagen, lo que tengo clarísimo es que, para mí, la fotografía, no ha sido más una forma de estar en el mundo.

Sí, estar frente a otros -frente a la vida-, con el objetivo aparente de perpetuar aquel instante, pero con el maravilloso resultado de haber podido “convivir” ese instante con todo aquello que admiraban mis sentidos. Recuerdo un día que Ramón Gaya me dijo que, a él, lo que verdaderamente le interesaba del cuadro de Las Meninas, no era la obra en sí, sino el hecho de que aquella obra fuese la creación de un hombre llamado Diego Velázquez; es decir, lo importante no es la obra, sino el creador. Claro, salvando las diferencias entre Pintura y Fotografía, lo importante no es la foto, sino los ojos que la vieron.

Hace unos días, entre Juan Antonio Megías, Elena García y yo, convenimos que sería bonito dedicar un número de la revista del Casino a los socios. Que en los tiempos tan difíciles que vivimos no se haya dado de baja ninguno de ellos, es algo que nos está definiendo y retratando por encima de la simple condición de miembros de un club cualquiera. ¿Mi aportación?, pues siendo fotógrafo no podía ser otra cosa nada más que realizar una serie de fotografías a unos cuantos socios.

Mi idea inicial fue realizar retratos -una especialidad fotográfica que siempre me ha interesado- y a ello me puse. Tinglado de flashes en la sala de exposiciones, mesa, silla, un fondo neutro y a recibir a los primeros “clientes”: Antonio de Béjar, Pedro Manzano, José Ramón Sánchez, Ángel Cruz… Pero, ¡ay!, ¿qué estaba pasando?, ¿qué se estaba revelando en mí y que no había percibido hasta entonces? Efectivamente, no se trataba de una serie de retratos individuales, sino de un único retrato colectivo. Era increíble, pero todos los que se sentaban frente a mi objetivo se abrían con enorme facilidad, sonreían, soltaban sus tensiones y hasta los egos que nos acompañan. Y de nuevo he sentido estar en el mundo, porque de nuevo la fotografía me ha ayudando a descubrir lo que hasta entonces no había visto: que, en el Casino, más que socios, hay una gran familia de la que presumir.

Juan Ballester

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