“NUNCA SERÁS UN HÉROE SI NO TE ENFRENTAS A UN GRAN VILLANO”

LA CARA B. Por Antonio Rentero.
«Los aficionados a James Bond tenemos la dicotomía del 007 literario y el cinematográfico. A veces confluye, pero siempre hay diferencias. Luego están los cómics. Los rasgos del Bond dibujado por Yaroslav Horak en los 60/70 anticipan a Timothy Dalton y Daniel Craig. Rasgos duros, aceptados por Ian Fleming y que hemos visto en los mencionados actores, nacidos para encarnar al personaje pese a su polémica elección.

Hay un Bond radiofónico en Sudáfrica, previo a la siempre olvidada Casino Royale (1954) emitida por la cadena estadounidense NBC y protagonizado por Barry Nelson, primer actor en interpretar a 007 antes de la primera película oficial Doctor No (1962).

Bond nace en las novelas de Fleming pero hay mucho más Bond literario, particularmente ensayos. Tengo trescientos libros pero apenas treinta en español. Un compañero bondiano vivió en Rusia y tiene las novelas de Fleming en ruso. Narran su propia versión de la historia. Ellos eran siempre los malos y el traductor tendría un comisario político asomado sobre su hombro mientras trabajaba. Corrección política (o por comisarios políticos) que pervive. En las traducciones contemporáneas de Fleming obvian frases como “the bitch is dead” (la zorra ha muerto) para adaptarlas a la sensibilidad actual.

Fleming definía en sus novelas a villanos y esbirros con algún defecto físico, alguna tara mental, pero el villano siempre hace gala de una gran talla, porque si no vaya birria de amenaza. De joven quieres ser como James Bond y según maduras te das cuenta de que en realidad quieres ser como uno de los villanos: con una inmensa fortuna, viviendo en algún paraíso, rodeado de chicas hermosas y con el sueño de dominar el mundo a punto de convertirse en realidad, como eliminar a todos los hombres que midan menos de 1,67 como en Casino Royale (1967).

Blofeld es el villano top. Hugo Drax es brillante gracias al sereno carisma de Michael Lonsdale. Villano y esbirro. Siempre dos hay, que diría Yoda sobre los Sith, maestro y aprendiz. Auric Goldfinger y Oddjob, Stromberg y Tiburón… Hay personajes intermedios que enriquecen la trama, casi funcionariales, que hacen que todo funcione, como mr. White. Imaginas que a las 5 de la tarde deja lo que está haciendo, ficha y se marcha a casa. Por cierto, vaya casa la de White al final de Casino Royale (2006). Bond también es funcionario, con jefes, otros funcionarios que le dan órdenes. Donde esté un buen autónomo, un empresario del mal, con un sueño por cumplir, aunque sea dominar el mundo…

Soy de la generación Roger Moore y La espía que me amó marca el canon de típica peli bond: buen villano con gran plan, magníficos esbirros, Rusia de por medio, chica guapísima, localizaciones espectaculares… Ahora todo está al alcance de un click pero antes solo las películas de Bond te descubrían ciertos destinos exóticos. Cuántos han descubierto el caviar beluga o el Dom Perignon gracias a Bond. Bond vivant es lo que era Fleming e impregnó de estilo todo alrededor del personaje. Como guaridas de los villanos que permitían presumir a Ken Adam, diseñador de decorados: “Yo hoy me he he levantado y he hecho un volcán, ¿qué has hecho tú?”.

Por acabar ¿no es un plan propio de un villano bondiano un virus que confina a la población mundial y desmantela la economía? Hoy no hay villanos con clase: Putin, Trump, Kim Jong-Un… el villano de Bond de 2020 está en su isla jugueteando con su gato y la probeta de la vacuna del COVID.

Me llamo Manuel Sánchez-Guerrero Melgarejo y, aunque muchos no lo saben, soy un villano de Spectra.»


@AntonioRentero

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