
Querida amiga,
Aunque parezca que el desierto es un lugar poco propicio para hacer turismo, a lo largo de mis travesías me he podido encontrar con refinados turistas y con arriesgados aventureros que han apostado por este lugar del planeta para disfrutar de las maravillas que la naturaleza esconde.
No te creerás si te digo que me he topado en medio del árido páramo con todoterrenos cuyos ocupantes iban y venían despreocupados, sin reparar en que algunas zonas todavía están vedadas, pues albergan restos de antiguos conflictos que asolaron nuestra antigua provincia: minas y munición que podrían poner en juego su propia supervivencia. No se trata de aquellos potentados árabes que acuden con sus rapaces a practicar el arte de la cetrería, pues estos cuentan con la anuencia de las autoridades en lugares muy específicos con lo que pueden practicar su deporte sin ningún peligro. Me refiero a personas que no dudan en internarse en lugares que podrían ser peligrosos no sólo por los referidos explosivos, sino por grupos que podrían no acoger con simpatía la presencia de extraños, pues, aunque el beduino es por norma muy hospitalario, también exige que se respete su intimidad y aquellos lugares donde sus difuntos reposan o donde sus rebaños pacen tranquilamente.
No se trata de aquellos potentados árabes que acuden con sus rapaces a practicar el arte de la cetrería
Creo que fue primero el París-Dakar —con el que hubo que hacer un notable esfuerzo para evitar ciertas zonas, limpiando, además, allí por donde los corredores iban a pasar— y luego Hollywood, los que han contribuido a despertar la fascinación por el desierto. Las noventeras El cielo protector o El paciente inglés son preciosos ejemplos de una visión romántica de aquél. Las autoridades de los distintos países son conscientes de ello y desde hace tiempo tratan de cuidar ese interés allá por donde es posible circular. Naturalmente, las zonas hoy azotadas por bandas fundamentalistas y yihadistas son muy desaconsejables. Puedo dar fe de ello.

Lo importante para hacer turismo por el desierto, y no jugártela, es ir preparado y sabiendo a dónde vas, pues éste no deja de ser un lugar hostil. Bien preparado y acompañado por locales, cualquiera puede hacer turismo por estas latitudes, pues los propios beduinos y los habitantes de nuestra antigua provincia del Sahara y de Mauritania mostrarán con orgullo los hermosos paisajes que cuajan este territorio. Desde las grandiosas playas, donde numerosos jóvenes acuden hacer kitesurf, hasta el interior donde se pueden visitar las vibrantes ciudades, así como su singular herencia cultural. De hecho, en los últimos tiempos, gracias a la labor de mis colegas arqueólogos, las autoridades están apostando por el turismo de patrimonio histórico, prehistórico y paisajístico, pues hay algunos parajes realmente bellos, donde abundan los grabados en piedra de una fauna de un pasado verde y floreciente del Sahara, pero también el propio paisaje del desierto, embriagador.
Las noventeras El cielo protector o El paciente inglés son preciosos ejemplos de una visión romántica de aquél
Un lugar verdaderamente interesante, que he tenido la ocasión de visitar en numerosas ocasiones, es el campo de azul mármol en un lugar llamado Lashiwat, en el área del Guelta-Zemmur, donde surgen filones de esa roca azul entre las arenas anaranjadas del desierto, como si de un mar se tratara. Y lo más fascinante de todo es que entre esos afloramientos distinguimos grabados y geoglifos de las más diversas formas: largas alineaciones, círculos concéntricos, etc. que demuestran que los hombres prehistóricos también sentían una inexplicable atracción por este bello paraje.

