Topónimos, por Santiago Delgado

—¿Adónde está Tabala, maestro?
—Pues en la Huerta de Murcia, al sur del cauce del Segura, casi llegando hasta la raya de Alicante. Allí, la carretera tuerce hacia el puerto seco de San Pedro, que aboca al Campo de Murcia (aquí mal llamado de Cartagena) y a los confines norteños del Mar Menor.
—¿Ande van a hacer ahora una presa…?
—Exactamente ahí. Resulta que hay una llanada, o terreno con muy poca pendiente, que se vuelve pantanosa, casi palustre, cada vez que llueve. El agua no rula, yéndose al cauce fluvial del Segura, y es un tostón cada llovaera. Pero, en fin, ya está presupuestado el parné que sufragará el asunto. Pues resulta que el nombre Tabala viene de la misma palabra latina de donde viene tabla; o sea cosa llana. La palabra latina en cuestión es “tábula”.
—Y, entonces, ¿por qué no se llama Tabla o Llanada, la zona?
—Porque la palabra deriva del latín directamente. No viene del castellano que llega a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII. Los hispano-romano-visigodos allí asentados hacen Tabala de Tábula, porque son muy dueños de su lengua, como nosotros de la nuestra. Y decimos cornijal en lugar de rincón, ¿estamos? Hay que añadir que los musulmanes aposentados en la zona respetan el topónimo.
—Y el castillo o lo que quede de él, ¿qué, maestro?
—El castillo de Tabala no es quien da nombre al enclave. Es el enclave el que bautiza al castillo. Bueno, en realidad, es una pequeña torre vigía que centinelea lo que viene tanto del Mar Menor por el Puerto de San Pedro, como lo que pueda llegar desde los Alicantes y sus playas y costas, piratas mayormente. Se alza en los medios de una media luna montañosa que señala el hito final de la Costera Sur, que viene desde Algezares, ya se dijo. Subir hasta sus ruinas es una hazaña notoria.
O sea, Tabala es noble topónimo que los romanos nos legaron, y que ahí sigue. Cerca está Columbares, con la misma filiación bimilenaria. Nada menos.

