De Murcia al cielo, por Carmen Celdrán

El Rey de la cultura, que nació en Toledo un 23 de noviembre de 1221, no se conformó con liderar su reino de Castilla y León y conquistar territorios. También participó en campañas como Infante heredero de la corona conquistando Sevilla y Murcia, pactó los límites entre el Reino de Castilla y el de Aragón mediante el tratado de Almizra, e intervino en la guerra civil portuguesa.
Alfonso X, el rey más notable del medievo hispano, se interesó por las artes, las letras y las ciencias. Fomentó la cultura en una época donde el analfabetismo era la norma general. Se rodeó de eruditos, fundó la escuela de traductores de Toledo y apostó por la publicación de las Cantigas de Santa María —la Cantiga 169 se la dedica a la Virgen de la Arrixaca, nuestra primera patrona de Murcia—, los tratados de astrología y ajedrez, aunque su obra más perdurable fue el Código de las Siete Partidas, una recopilación jurídica única en la Europa medieval inspirada en el derecho romano.
Pero también concedería el privilegio a Murcia en 1266 de celebrar una gran feria que durase dos semanas a partir del 29 de septiembre, por eso se denominó feria de San Miguel. Desde entonces ha cambiado la celebración de la feria, tanto en cuanto a fechas como en cuanto a productos, pues antaño se relacionaban con la agricultura: la feria de ganado, aperos, semillas… Asimismo, fue el rey que estableció el mercado de los jueves.
Al final de sus días, el rey murió solo, abandonado por todos, salvo por su hija Berenguela. Primero muere su primogénito Fernando de la Cerda, por lo que se crea un conflicto sucesorio entre Sancho y los hijos de aquél, que provocó una rebelión de todas las ciudades contra el Rey Sabio. Tan solo Badajoz, Sevilla y Murcia permanecieron leales al rey. Y es por eso que Alfonso X dispuso en su testamento que su cuerpo fuera enterrado en la Catedral de Sevilla, pero que sus entrañas fueran depositadas en Murcia y el corazón se llevara a Tierra Santa.

Este último deseo no fue posible de ejecutar por las cruzadas, y es por eso que el corazón de Alfonso X el Sabio quedó sepultado en Murcia, donde se convirtió en emblema y escudo de la ciudad. El escudo del Rey Sabio contenía cinco coronas por ser reino conquistado después de Toledo, Jaén, Córdoba y Sevilla; luego, con Pedro I el Cruel y Felipe V se añadirían otras dos coronas.
El Ayuntamiento de Murcia va a restaurar su urna funeraria de piedra caliza, que se encuentra en la Capilla Mayor (Capilla Real) de la Catedral y, además, se harán visitas guiadas. Este monumento se realizó en 1541 por el escultor Martín Florentín y fue completado con los maceros renacentistas por Ginés León. La intervención en la urna le devolverá el esplendor, donde se incluye limpieza y consolidación, con un valor de 43.000 euros.
Si visitáis la Capilla Real de la Catedral, presentad vuestro respeto a un corazón que sigue palpitando por toda la ciudad, y no dejéis de leer su inscripción en la base de la urna que dice: «Aquí están las entrañas del Señor Rey Alfonso X. El Qual muriendo en Sevilla por la gran lealtad con que esta cibdat de Murcia le sirvió en sus adversidades las mando sepultar en ella».

