Mágicas palabras, por Consuelo Mengual

La joven poeta Lucía Cayuela Hurtado sobrevuela la metáfora de la floración en su primer poemario publicado, Alma en flor (Talón de Aquiles, 2025), para hallar el sentido de la vida. Por ello, parece que dialoga con Sueño de un mediodía de verano (1938), de Yannis Ritsos, porque ambos poetas vuelven a su infancia, con sus imágenes oníricas, sonidos, aromas y sensaciones de aquellos años, con cierta angustia o dolor, aunque siempre está la luz del sol y todas las flores. Porque, en el fondo, los adultos siempre somos niños. Comienza Lucía con esta dedicatoria: “A la niña que regó sola su alma y aprendió a florecer”. Y así inicia Yannis su texto: “Nos subimos a las alas de las golondrinas y fuimos a cortar flores en el cielo”.

CLAVEL. Simboliza la pasión, el anhelo.
“Ahora mi voz es muda”. Sin embargo, Ritsos va más allá: “El eco del pozo escucha y las grutas repiten nuestra voz”. ¿Hay alguien que siempre escucha, algún lugar donde llega nuestra voz?
Sí, pero lo importante de mi voz es que, en vez de estar en las personas ajenas, primero debe estar en mí y, luego, prolongarla al exterior. Quien me escucho soy yo y a través de esas grietas puede llegar a los demás.
“Siempre narran y contradicen, /poemas mal leídos, /y sentimientos mal digeridos”, recuerda al poeta griego cuando dice: “Pero los adultos no saben hacía dónde dirigimos nuestra mirada, no conocen nuestra cosecha ni pueden comer de nuestro trigo”. ¿No hay posibilidad de entendimiento entre la niñez y la adultez?
Creo que se debe hacer un trabajo para ver y escuchar lo distinto, trabajar por ello. Abrirte te permite escuchar bien al otro. No tiene que haber barrera sino un punto intermedio donde entenderse.
“Esa sensación de reconocer quién fuiste” es casi la idea onírica de Ritsos: “Nosotros somos nuestro sueño”. ¿Qué saben los adultos de los niños?
Está relacionado con la pregunta anterior. Tú ves lo que tú has sido y vivido. Lo que sabes lo proyectas. Uno mismo se conoce cuando ya ha pasado una edad de tu vida.
Su poemario insinúa la idea de los “círculos” y Yannis rememora: “Del globo terráqueo que el maestro tenía para su clase hicimos una pelota y la hacemos rodar por el verde campo salpicado de florecitas de manzanilla”. Es una bella manera de decirnos que el mundo lo tenemos a nuestros pies cuando somos niños, todo es un comienzo. La vida es un círculo en sí misma.
El círculo está proyectado a un recorrido personal, no tanto del mundo, como tu camino para conocerte. Cerrar el círculo es una manera de florecer. Así, recojo la naturaleza como algo íntimo.
“¿Quién se supone que tengo que ser,/cuando no quiero seguir siendo?”. ¿Son los demás los que nos van moldeando?
Creo que sí. Invisiblemente convivimos con personas en sociedad a quienes queremos agradar, tendemos a ello para poder sentir que ellos te definen.
“Se me olvidó lo que era escribir para mí”. ¿Ahora ya escribe para Ud.?
Sí, porque es una manera de darme espacio para sentir y escribir. Antes sentía que eran sentimientos ajenos y ahora ya siento que son míos.
“Si la luna me viera, /se reiría/ en mi intento/ de simular un olvido”. ¿Es necesario olvidar?
Olvidar te puede poner las cosas más fáciles, pero es no vivir el recuerdo. Olvidar la experiencia, olvidar algo es no haberlo vivido. Y la vida es para vivirla.
“Se abalanza sobre mí una incertidumbre que asusta”. Ritsos lo modera de este modo: “Nosotros no tenemos ese temor. Nosotros conocemos el nombre del sol y, dondequiera que nos encontremos, el sol será el mismo, y el sol nos conoce”. El sol, la luz, es la seguridad para él.
Yo, mejor que el sol, necesito el mar, tener ese espacio seguro, todo va a estar ahí, pase lo que pase, haya marea o no, el mar siempre está, me da la seguridad ante las incertidumbres de la vida.
“Debo reconocer que no estoy rota, / solo intento sanar una versión mía/ que ya no soy”. ¿Hacia dónde camina?
Al principio caminaba hacia delante, pero es mejor caminar hacia donde te guste. El hombre tropieza dos veces con la misma piedra, pero el camino es realmente donde yo quiero llegar, que es hacía mí y con quien quiera compartirlo; puede ser una montaña, o un camino recto, a la derecha, a la izquierda o hacia atrás.
IRIS. Simboliza un mensaje de esperanza.
“La naturaleza no tiene prisa”, es también la pausa de Ritsos: “En la fotografía sólo salieron mariposas, flores y sol”. ¿Añora la calma?
Ansío la tranquilidad y la calma. No hay que correr para conseguir lo que quieres. Hay que dejarse florecer, ahondar en el discurso interno, en el transcurso de la vida, estar tranquila. La naturaleza no tiene prisa, pero al final florece. Tú también.
“No te vas a morir”, como Yannis recuerda: “Mañana cumple años el sol y el sol tiene nuestra edad (…), celebramos que cumplimos años el mismo día que el sol -todos los días”. ¿Qué es vivir?
Vivir es sentirse vivo, no sobrevivir, sino todo lo que sientes, piensas, compartes con la gente, experimentas. Cuando nos sentimos mal creemos que todo se acaba, parece que morimos, pero no es así. El círculo de la vida te llevará a florecer.
JACINTO. Simboliza la alegría de vivir y el esfuerzo que realizan las personas hasta alcanzar por lo que luchan.
“Entre el sí y el no,/ prefiero el quizás”. ¿Sin dudarlo?
Como escritora utilizo mucho el “quizás”, la duda de “¿qué hubiera pasado si?”. Quizás es una respuesta a todas las preguntas sin respuestas. Sentir otras cosas que no sean tan absolutas, sino más abiertas al sí o al no. Te permite divagar, elegir o no.
“Quiero ser retratada en palabras abstractas”. Ritsos también lo evoca: “Traviesos, callados, tozudos chiquillos que nunca oíamos a nadie, oíamos el silencio en plena noche y pronunciamos palabras irreconocibles”.
Es una manera de que se den cuenta de quién soy. Yo analizo mucho a las personas, las situaciones. Y en la abstracción puedo entenderme y conocerme de una manera más abstracta y no tan ideal. No tengo que ser lo que otros quieran.
“Soy una poetisa desesperada”. “Y yo quiero pensar que algún día,/ alguien me llegaría a dedicar,/ el arte de las palabras retratadas”.
El retrato es lo que la gente ve y lo abstracto lo que llega a significar, no tanto en sentido de significado literal, pues cada uno tendrá el suyo.
“El tiempo no cura,/ nos da el espacio para hacerlo./ El tiempo no sana,/ nos ayuda a poder sanarlo”. Ritsos utiliza este nexo “¿Acaso no sabes que aun si la casa se cayera quedaría la luz para enseñarnos a edificar, con un mejor plano, la casa nueva?”.
Muchas veces no nos gusta el tiempo porque se pasa. Y cuando nos pasa algo malo decimos que el tiempo lo cura. Pero, en realidad, soy yo la que tengo que curar, quien tiene que construir los planos y la casa soy yo. El tiempo es un plano espiritual que te permite que seas tú quien construya la casa.
“Ser poeta es sentir”; “Ser poeta/ es ser la historia,/ y quien la cuenta”; “Lo que no te mata,/ te hace poeta”; “Nací para ser poema,/ así que decidí/ convertirme en poeta”. ¿Es la poesía comunidad y soledad al mismo tiempo?
La poesía es un acompañamiento tanto para la persona que escribe como para la que lee. Para mí, la poesía es una necesidad y saber que otro se siente identificado. Que todo es una entidad, un todo, una unidad, me hace ver que escribir es ayudar también. Me gusta esa identificación a través de lo que otros escriben.
“Sé quién soy, /sé quién fui/ ya no lo seré,/ y quién seré/ lo decido hoy”. Así lo transmite el poeta griego: “Lo leímos hoy en el libro abierto del sol; hoy, que olvidamos los demás libros”. ¿Lo decidirá escribiendo?
Lo decidiré sintiendo, porque lo que siento lo escribo. No olvido quién he sido, pero hay que seguir siendo otro. Decido quién soy, pero con la conexión a mi pasado. Ahora todo es nuevo para mí porque escribir era normal, pero me impacta que otros lo escuchen, lo comenten. Me siento entendida, me da la capacidad de hablar sin culpa. Mi voz constante se plasma siempre en poema.


Preciosa entrevista e identificada tanto con la entrevistadora como con la entrevista .Ambas hacen un buen tándem.Mil gracias por vuestra labor .