Murcia musulmana

Huellas de nuestro pasado, por Joaquín Pérez Egea

Conjunto arqueológico de San Esteban. Fuente: UMU

Hoy nos acompaña en Huellas de nuestro pasado Jorge A. Eiroa, profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de Murcia, investigador, arqueólogo y gran conocedor del espacio andalusí.

¿Cómo se configura la población musulmana en la cora de Tudmir?

Tras la conquista, llegaron distintos grupos humanos: oligarquías mudaríes del norte de Arabia y yemeníes del sur, que se instalaron en las zonas más fértiles en la confluencia del Segura y el Guadalentín, los yund sirios y poblaciones bereberes que se asentaron en terrenos más montañosos. Todos ellos se mezclaron con la población autóctona. El análisis de las fortificaciones rurales que jalonan el campo de Murcia da a entender que se distribuyeron en un reparto más o menos equidistante, lo que supone algún tipo de repartimiento de tierras que desconocemos.

“Al-Andalus se está islamizando y centralizando y el estado omeya se impuso sobre el territorio”

¿Qué supuso la fundación de la ciudad de Mursiya?

Al-Udri utiliza el verbo construir, pero el Muqtabis de Ibn Hayyán habla de un traslado, para establecer la capital. Podemos entender que tras la orden de Abderramán II, en el año 825, que según las fuentes trataría de terminar con muchas revueltas locales, se definió un perímetro amurallado, como lugar de residencia del poder civil y militar y centro religioso, donde se centralizaron las instituciones. El establecimiento de los conquistadores en lugares diferentes a donde estaba el poblamiento previo es una dinámica frecuente, que encontramos también en Mula, Cehegín o Elche.

¿En qué situación se encontraba el emirato de Córdoba en este momento?

A lo largo del siglo IX, Al-Andalus se está islamizando y centralizando, con la creación de ciudades como Murcia y el traslado del poder a otras como Jaén, con lo que el estado omeya se impuso sobre el territorio. Estos cambios rompen con el pasado, dejan sin efecto los pactos previos y renuevan la organización social, con nuevos pactos para un nuevo poder. En Mursiya, la nueva ciudad era un foco de atracción, la sede del poder y del mercado, aunque el estado debió llegar a acuerdos con grupo asentados en el valle para convencerlos de que confluyeran en el nuevo centro

“Con árabes y bereberes llegó una nueva forma de entender la relación del hombre y el medio”

¿Qué se conoce como la “revolución verde”?

Con árabes y bereberes, llegó una nueva forma de entender la relación del hombre y el medio, se generalizó la agricultura irrigada, que ya se practicaba a pequeña escala, y se introdujeron nuevas especies vegetales y equipamientos tecnológicos que provenían de Oriente. Sabemos que en el siglo XI estaba funcionando la red de canalizaciones de la huerta de Murcia, a partir de la contraparada, con las acequias Aljufía y Alquibla y las primeras aceñas y ruedas.El islam es una civilización surgida en un medio rural, que se transforma pronto en urbana, y Murcia es un buen ejemplo de la capacidad de conexión entre la urbe, que sirve de gestora, y el enorme poblamiento rural que la rodea.

¿Cuál era la estructura social?

La formación social islámica es el triunfo de lo privado frente a lo público, en la que el estado se limita a recibir el pago de un tributo, a cambio de dejar a los grupos de poder cierta capacidad de autogestión. Hay una oligarquía dirigente, formada por grandes linajes, en su mayoría árabes, con alianzas y grandes propiedades, que en Murcia está encabezada por los Banu Tahir y los Banu Jattab, que se van alternando en el poder, integrados en la estructura omeya. Por debajo encontramos a la población tardíamente islamizada, que se conoce como los mawali o muladíes, musulmanes de segunda categoría que van creciendo en importancia, y las gentes del libro o dimníes (cristianos mozárabes y judíos) respetados a cambio del pago de tributos.

En el siglo XI se produce la primera fitna de Al-Andalus.

En este momento el estado central omeya es sustituido por una serie de estados menores que canalizan el flujo de los tributos hacia centros urbanos que adquirieron mayor relevancia. Murcia fue dominada primero por la taifa de Jayrán de Almería, con apoyo los Banu Jattab, tras un breve periodo de independencia bajo mandato de Abu Abd al-Rahman ibn Tahir (en lo que fue el primer gobierno autónomo en Murcia), fue absorbida por la taifa de Al-Mutamid de Sevilla y finalmente fue de nuevo independiente, bajo regencia de Ibn Rashiq. Estos avatares políticos no modificaron la primacía de los linajes árabes oligárquicos, por lo que creo que la población no percibiría grandes cambios, salvo el incremento de las tasas y los tributos, lo que generó un clima de descontento y conflictividad.

“La formación social islámica es el triunfo de lo privado frente a lo público”

La llegada de los almorávides, ¿modificó esta situación?

En el sitio de Aledo, tomado por los castellanos en 1086, quedó patente la desunión de los estados andalusíes frente a sus enemigos. La entrada de los almorávides trató de poner fin a una situación jurídicamente injusta y políticamente inestable. Los almorávides, entre 1091 y 1145, son los que convierten a Murcia en una gran capital andalusí, con una topografía del poder que no va a perder nunca. Las fuentes nos hablan de un espacio urbano de calidad, con la construcción de la gran mezquita Aljama y de la ciudad palatina de Al-Dar al-Sugra, (Santa Clara), en el arrabal de la Arrixaca que, según refleja Al-Idrisi, a mediados del siglo XII ya estaba amurallado. La excavación del conjunto arqueológico de San Esteban, que cuenta con más de un centenar de casas de los siglos XI y XII, ilustra muy bien este momento.

¿Cuál era la actividad comercial en este periodo?

La principal conexión comercial se establecía entre el campo y la ciudad, con mercados urbanos permanentes. Con los almorávides se produce un despegue, cuando la ciudad se proyectó en los grandes circuitos mediterráneos, de la mano de algunos productos estrella de metalistería, loza, cerámica de calidad y seda, que atrajeron a Murcia a los comerciantes italianos.

El personaje más conocido del siglo XII es Ibn Mardanis, el Rey Lobo.

Ibn Mardanis mantuvo y profundizó ese impulso que Murcia había adquirido y preservó el legado almorávide en el territorio. Bajo su dominio, de apenas 25 años, entre 1147 y 1172, aumentó la proyección internacional de la ciudad, se firmaron acuerdos comerciales con Génova y Pisa, se reformuló el palacio Al-Dar al-Sugra y se levantó el palacio fortificado del Castillejo de Monteagudo. Murcia era capital de Xarq Al-Ándalus, que llegó a tener una gran extensión, pero era un estado con pies de barro, en el que los territorios incorporados duraron poco tiempo.

“Murcia fue dominada por las taifas de Jairán de Almería y de Al-Mutamid de Sevilla”

¿Cómo se produjo la conquista almohade?

Las élites mardanisíes y su propia familia se integraron paulatinamente bajo el nuevo poder dominante. Tras la muerte de Ibn Mardanís, su hijo Hilal se declaró vasallo de los almohades y mantuvo su puesto de gobernador de la ciudad. De este periodo no podemos olvidar a Ibn Al-Arabí, murciano universal, sabio de los sabios.

¿Qué restos de este periodo pueden visitar nuestros lectores?

De la Murcia omeya tenemos solo algunas excavaciones urbanas, un tesorillo y pocos restos más. De los siglos XI y XII Murcia permite un recorrido andalusí muy accesible, con el centro de interpretación de Madina Mursiya en Santa Eulalia, el conjunto arqueológico de San Juan de Dios, con un oratorio y un cementerio y el palacio de Santa Clara, que es la joya de la corona, con la colección arqueológica y la propia estructura del edificio: almorávide, mardanisí, almohade, hudí y cristiano. Fuera de la ciudad, el conjunto arqueológico de Monteagudo, Siyasa y su museo en Cieza, el Palacio de Santa María de las Huertas, con arcos de época taífa, en Lorca, la Villa Vieja de Calasparra y el casco antiguo de Cehegín.

¿Qué ha trascendido de la época musulmana en la Murcia actual?

La huerta es memoria viva del pasado andalusí, que deberíamos tratar de preservar. Conservamos tradiciones mediterráneas como la estructura familiar extensa, gran parte de los cultivos agrícolas actuales se importaron en este periodo y algunas tradiciones culinarias, tanto de platos como de formas de consumir.

Jorge A. Eiroa es Doctor Europeo en Historia y ha completado estancias universitarias e intervenido en excavaciones arqueológicas en España, Francia, Uruguay, Perú, Bélgica, Italia, Portugal, Siria y Jordania. Ha dirigido y participado en numerosos proyectos y redes de investigación nacionales e internacionales y ha publicado más de un centenar de trabajos. Dirige el proyecto científico del conjunto arqueológico de San Estaban, en Murcia.

Joaquín Pérez Egea.

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