Entrevista, por Ángela M. Torralba

Conversar con Marina Romero es como abrir un álbum de recuerdos en voz alta. Tiene esa forma de mirar el pasado que no se queda anclada en la nostalgia, sino que lo reinterpreta con delicadeza, con arte, y, sobre todo, con emoción. Su nueva exposición, Recreative garden: Murcia en la memoria, es mucho más que una serie de cuadros: es un acto de amor hacia su historia personal, hacia su madre, y hacia un lugar que alguna vez fue un pulmón cultural y social para Murcia, el Recreative Garden.
A través del óleo y la memoria, Marina rescata un espacio que fue símbolo de modernidad, de encuentro y de belleza a finales del siglo XIX. Lo hace desde la intimidad de los recuerdos familiares, pero con una mirada generosa que convierte lo privado en patrimonio compartido.
Nos recibe con la sonrisa franca de quien sabe que el arte puede cuidar, preservar y emocionar. Y así, entre pinceladas y fotografías antiguas, reconstruye una casa desaparecida y nos invita a habitarla, aunque sea por unos instantes.


¿Cómo describirías el Recreative Garden a alguien que nunca ha oído hablar de él?
Era una casa que, en 1897, edificó un bisabuelo mío, Juan Montesinos, en Espinardo porque era una zona muy verde y con más altitud que la capital. Allí hizo un edificio muy singular porque construyó una barraca murciana. Pero como él viajaba mucho por sus negocios con la seda y las conservas, se quedó cautivado con los edificios modernistas que debió ver en la Exposición Universal de París. Entonces le dio a su barraca murciana un toque diferente. Tenía una extensión muy grande y creó un jardín recreativo. Trajo plantas exóticas, era todo como un vergel e hizo un velódromo y un hipódromo. Era un sitio de recreo para la sociedad murciana. Le puso Recreative Garden, en francés, no en inglés, por todas sus influencias parisinas.
En su época, fue un espacio innovador y lleno de vida. ¿Qué crees que significó para la Murcia de finales del XIX y principios del XX?
Aunque era una casa particular, se construyó pensando en la ciudad de Murcia y en el uso que la gente le podía dar. Creo recordar que mi abuela me contaba que el tranvía de entonces tenía una parada especial ahí para que la gente pudiera ir. En un principio era un parque recreativo, o sea, era un sitio al que podía ir cualquiera a tomarse un café y a jugar a lo que fuera. Años después de su inauguración, en 1933, otro bisabuelo mío, que era muy amigo del anterior, fundó ahí la primera radio privada de España: Radio Murcia. Esa es la importancia que tuvo este lugar para la ciudad de Murcia, porque ese edificio ha desaparecido.


¿Qué queda hoy en día del Recreative Garden? ¿Hay algún vestigio físico o solo documentos y fotografías?
Del edificio no queda nada, solo fotografías. Es una pena, desapareció por completo. Creo que expropiaron la fuente, que era de alabastro, y la marquesina. La fuente la debieron de poner en algún parque, pero está perdida. Y la marquesina, que era lo más significativo del lugar, no se sabe dónde ha ido a parar. Desapareció en 1973, que es nuestra historia reciente.
¿Cómo nació la idea de dedicar una exposición al Recreative Garden?
Primero porque es una cosa de la familia, de toda la vida. Y luego, porque mi madre tiene un principio de Alzhéimer, y antes de que se olvide de todo me hace ilusión que pueda recordar todas sus historias y a todas las personas que le marcaron. Aunque el proyecto es de interés personal y familiar, es importante también para la ciudad, al recuperar la memoria de un edificio tan emblemático y su función en la sociedad.
¿Crees que el olvido de este tipo de espacios en Murcia es un problema generalizado en la ciudad?
Hay bastantes edificios históricos de la ciudad que han desaparecido y de los que no queda nada. Es una pena, pero es así. Esto suele suceder mayoritariamente por dos motivos: el primero es que no se le da la importancia que tienen en realidad, y no se les ha sabido conservar como parte del patrimonio histórico. El otro es el deterioro al que llegan los edificios, y no se dan las suficientes ayudas para su restauración. Esas dos cosas son lo fundamental para que las instituciones estén pendientes y se hagan cargo. Quizás haya que revisar las categorías para considerar patrimonio de la ciudad a determinados edificios y cuidarlos.


En tus obras, ¿cómo has interpretado visualmente este espacio desaparecido?
En primer lugar, por mi memoria, porque sí que he conocido el edificio antes de su demolición. Somos cinco generaciones de la familia y mi tía María fue la última propietaria. Y, aparte de los recuerdos, tenemos muchas fotografías. Mi madre hizo muchas fotos que he ido recuperando de cuando ella era jovencita. También he recuperado recuerdos de mis tías y de mis primas. Con todas esas fotos he conseguido reconstruir y plasmar mis recuerdos del edificio. La arquitectura no es lo que más me gusta pintar. Cuando pinto, me inclino más a plasmar la figura humana, que es lo que me gusta. Pero creo que era muy importante que la casa no se perdiera, que se mantenga en la memoria de todas las personas que la conocieron y que nazca en las que no lo conocían.
¿Qué técnicas o materiales has empleado para transmitir su esencia?
Todo es óleo. En algunas obras he repetido el edificio, y para que se mantenga igual en todos los cuadros he utilizado la técnica de la estampación y sobre el edificio se verán figuras dibujadas al óleo. Son cuadros de gran tamaño, de distintas medidas, y una serie de otros más pequeñitos.
¿Qué papel juega el color y la luz en esta colección?
En esta colección el color no es lo que más destaca, sino el tema. En mi anterior exposición en el Casino, cuando traje mis cuadros de Marilyn Monroe, pretendía conmemorar a los artistas norteamericanos desde la visión de cómo hubiesen pintado ellos a la actriz. Al ser una artista figurativa, en mi estilo predomina mucho más la forma.

¿Qué papel juega la nostalgia en esta serie?
Todo. Quiero que mi madre sea protagonista de esta exposición. Gracias a ella tengo tantos recuerdos del lugar. Cuando era joven, posaba como Grace Kelly, como una modelo. Y se sacó infinidad de fotos en el edificio, también con mi familia. Muchas de esas fotos son las que he recreado para esta exposición. Espero que, por lo menos, esta exposición la haga mucho sonreír. Y también espero que conmueva a la gente que la vea y que observe lo que queda de un patrimonio que ha desaparecido.
¿Qué significa para ti exponer de nuevo en el Real Casino de Murcia?
Aparte de que me siento muy bien tratada por esta casa, exponer aquí es un lujo. Va a ser una exposición emblemática dentro de un edificio emblemático. No podía ser en otro sitio.
Son dos edificios más o menos de la misma época, ¿Cómo crees que dialoga esta exposición con el espacio del Casino?, ¿Te inspira su arquitectura?
Claro que sí. Además, el Recreative y el Casino comparten arquitecto, Pedro Cerdán, que era uno de los más solicitados de la época. Es inspirador que mi obra se exponga en este sitio con un espíritu tan parecido al que tenía el Recreative.


¿Cómo percibes la relación entre arte, historia y espacios emblemáticos como este?
Me parece muy bonita porque, además, la historia de ambos surge en una época muy especial, cuando Murcia se abre a la expansión mas industrial y muchos de los ciudadanos y empresarios de entonces quieren poner más bonita la ciudad creando estos espacios. Fue un arranque de embellecer y engrandecer Murcia.
¿Tienes en mente seguir explorando la historia de Murcia en tu arte?
No lo sé porque, como he comentado, la arquitectura no es lo mío. Pero me parece interesante que alguien coja el testigo y lo haga con otro edificio. Sería muy bueno para la ciudad.
¿Qué esperas que el público descubra o sienta al visitar la exposición?
Que piense que ha visto una cosa bonita, una reconstrucción de lo que fue un edificio emblemático y que se recuerde.
