Carta «huertana» de un noble inglés a su querido tío 

Por José Antonio Martínez-Abarca. Fotos de Juan Cánovas.

Añorado tío Montague, señor:

Te escribo unas líneas apresuradas desde el confín del mundo. Yo diría, para ser más exactos, que estoy dos pies más allá del confín del mundo, en algo que llaman «Bando de la Huerta», en un lugar llamado Murcia, que no sabría situarte en el globo, si es que la bondad divina quiere que esté situado en el globo, pero he oído que anda a unos tres días de marcha de Benidorm. De todas formas, ¿para qué iba nadie a emprender tres días de marcha? 

Me encuentro, o eso me cuentan, no muy lejos en el mapa mundial de nuestro querido castillo del Lake district, en Cumbria, y sin embargo estoy seguro de que ni el mismísimo capitán Cook se sintió más estupefacto mientras los caníbales de las islas Sandwich lo estaban devorando que yo asistiendo a ciertas costumbres locales que se dicen llamar «huertanas». «El Diablo está en el clima», decían nuestros gloriosos ancestros en la India, pero yo más bien creo que el Diablo es lo que acabo de ver. Desgraciadamente, no puedo afirmar que no lo haya disfrutado.

Sé que es una cursilería impropia lo de escribirte por carta y aguardar tu respuesta a la vuelta del correo. La razón es que en el «Bando de la Huerta» me he quedado sin teléfono y sin dinero, voy vestido con una cosa que llaman «refajo» que me prestó una chica incluso más bebida que yo, quien a su vez iba ataviada de hombre y he rendido las últimas posiciones de dignidad que podían quedarme. 

Tampoco sé exactamente cómo he llegado aquí. Supongo que fue una mala idea unirme a la expedición de hooligans borrachuzos de la firm a la que sabes pertenezco en nuestro querido Windermere Sports Club, que me atrajeron con la tentadora idea de unas jornadas intensivas de «balconing». Ya sabes que, excepto una apasionante sobremesa jugando al croquet con las tías Rosalynd y Ethel, no hay nada que consuele más mi heredada melancolía. El caso es que ahora mismo me encuentro contemplando cómo una multitud de aborígenes beben de unas gruesas tripas negruzcas llamadas «morcillas frescas», las cuales deben contener algún ingrediente chamánico, porque les hacen contorsionarse compulsivamente y dar unos alaridos terribles mientras suena música «rave». Recordarás exactamente el aspecto de esos embutidos por los viejos grabados de algunos crímenes muy chocantes cometidos en Whitechapel, y que figuran en tu biblioteca. 

Espero vivas lo suficiente como para perdonarme, querido tío Montague, que no te hiciera caso cuando me ponías como ejemplo para la vida lo que escribió Thomas de Quincey acerca de que la caída moral no conoce límite una vez que se descuida, y se empieza cometiendo un asesinato al que no se presta la debida importancia y se acaba por faltar a la misa dominical. Yo, ay de mí, empecé tirándome sin darme cuenta desde balcones a piscinas poco profundas durante mis viajes con los desoficiados del Windermere Sports Club y, degenerando, he acabado resbalándome entre vomitonas de tripas humeantes y orines de cerveza agria en este inclasificable «Bando de la Huerta», un poco más abajo de Benidorm, siempre un poco más abajo, no paro de ir hacia abajo.

¿Podré ser algún día el pariente que pueda heredar tu cuantiosa fortuna con la cabeza alta? Sé que en algún momento te han asaltado dudas. De momento necesito que me envíes un cheque para abandonar este infierno, no te niego que adictivo. Vuelta al castillo, regreso a escuchar la delicada campanilla que anuncia la cena. No te calmará saber que si pusiera en fila todas las botellas que he vaciado desde que monté en el avión con los colegas y caminara sobre ellas podría llegar al menos hasta Devon. Pero tú no querrías que tu sobrino regrese así, como un mastuerzo más de los que se sientan en las peores y más húmedas localidades del Windermere Sports Club.

No. Tenemos unos apellidos a los que homenajear sin descanso y yo debo devolver el «refajo huertano» que me prestó aquella joven en estado tan lamentable, y al menos ponerme un batín decente para llegar a casa. 

Tuyo afectísimo, 

tu sobrino Roscoe.

Un comentario en «Carta «huertana» de un noble inglés a su querido tío »
  1. Buenas tardes, me gustaría saber cómo conseguir las fotos que me hicieron a mi y a mi familia el día del Bando en el Casino. No han subido ninguna y me encantaría tenerlas. Muchas gracias

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