El otro museo, por A. M. T.

En el corazón del Real Casino de Murcia, un espacio reservado al disfrute cotidiano de sus socios, se custodian obras de arte que rara vez han traspasado los muros del Salón de Socios para llegar al público general. Con esta sección abrimos una ventana a nuestra colección privada, compartiendo parte del patrimonio artístico que forma parte de la vida diaria de la entidad.
En esta entrega, nos detenemos ante dos obras del colectivo artístico murciano MUHER —formado por Francisca Muñoz y Manuel Herrera— que forman parte del recorrido visual del Casino: un cuadro sin título que representa el Puente de los Peligros, expuesto en la Cafetería, y Flor de Calabaza, ubicado en el Salón de Fumadores. Adquiridas por la institución en abril de 2015 y abril de 2018 respectivamente, estas piezas encapsulan dos de los grandes temas del dúo: el paisaje urbano y la exaltación de la naturaleza.
MUHER reinterpreta el emblemático puente sobre el Segura desde la fuerza expresiva del color
La obra sin título dedicada al Puente de los Peligros, una técnica mixta sobre lienzo de 105 x 81 cm, propone una visión emocional y enérgica de uno de los iconos arquitectónicos de la ciudad. Lejos de una representación literal, MUHER reinterpreta el emblemático puente sobre el Segura desde la fuerza expresiva del color. El resultado es una escena reconocible pero atravesada por la subjetividad y la experiencia visual del dúo de artistas.
El puente, con su estructura sólida y sus arcos característicos, aparece perfilado en tonos tierra y líneas marcadas que otorgan peso y textura. La paleta cálida de los edificios, con predominio de los anaranjados, sugiere un atardecer murciano de primavera, de esos que tiñen el Segura con luz dorada y que cualquiera que haya cruzado el puente al anochecer sabrá identificar. Contrasta con el azul del cielo, que proporciona la calma necesaria ante semejante despliegue de energía.
La paleta cálida de los edificios, con predominio de los anaranjados, sugiere un atardecer murciano de primavera
Nada está detallado en profundidad, todo está evocado. Es una ciudad emocional, más que topográfica, la que puede observar el espectador. Sentado en la Cafetería del Casino, puede admirar un paisaje que es identidad y memoria compartida.
En comparación con la arquitectura urbana del Puente de los Peligros, Flor de Calabaza, un acrílico y gouache sobre papel de 82 x 61 cm, nos lleva a un universo radicalmente distinto: el de la naturaleza celebrada en su máximo esplendor. La flor, centro absoluto de la composición, estalla en colores cálidos y saturados —rosas, naranjas, magentas— que se despliegan en formas orgánicas. No hay contornos rígidos, todo fluye con libertad.

El fondo, una paleta más fría de verdes, azules y violetas crea un contraste que acentúa aún más la vitalidad de la flor. Esta pieza se encuentra en el Salón de Fumadores, un espacio recogido y sereno donde la obra adquiere un protagonismo envolvente.
Ambas obras, aunque aparentemente opuestas en temática, comparten el sello inconfundible de MUHER: una paleta vibrante, una técnica mixta que busca el impacto visual, y una apuesta clara por transformar lo cotidiano en materia artística. La ciudad y la flor, el puente y el jardín, la arquitectura y la biología… son parte del mismo lenguaje plástico.
