La Casa de los Nueve Pisos

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.

Durante la expansión económica (ya tan lejana) que precedió a la pertinaz crisis que nos rodea se generalizó en Murcia la costumbre de ciertos empresarios que, aprovechando la bonanza económica y como legado para la posteridad, edificaban altas torres de oficinas en las zonas de desarrollo de la ciudad. Rascacielos como la “Torre Godoy” o las “Torres Azules (JMC)” rivalizan en el skyline de la ciudad arrebatándole a la Catedral el dominio sobre la Vega Media del Segura.

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Pero esta costumbre, importada de los Estados Unidos, no es nueva en nuestra ciudad. Dejando aparte el bodrio urbanístico y cultural que supuso la apertura de la Gran Vía y el pretencioso paletismo que pobló de rascacielos el centro de una ciudad árabe, la historia de Murcia atesora un episodio pintoresco de principios del siglo XX cuyo testigo es la conocida “Casa de los Nueve Pisos”.

La revolución industrial llegó a Murcia muy a finales de los ochocientos de la mano de algunos personajes cuyo recuerdo permanece en la memoria colectiva de la ciudad. Es el caso de Don José García Martínez, conocido como Garcisolo, fundador de una importante familia murciana.

De nada sirvieron los ruegos y advertencias del arquitecto, que no podía garantizar la estabilidad de un edificio tan alto ni la solidez de unos cimientos diseñados para cuatro alturas

Don José era un empresario peculiar. Hombre huraño que rehuía el contacto con sus semejantes. De él se contaba que, cuando asistía al teatro Romea, alquilaba tres localidades, para sentarse solo entre ellas, sin que ningún espectador lo molestara durante la representación. Pero esta actitud “asocial” no le impedía mostrar otros rasgos en su actividad empresarial en los que se adelantó varias decenas a su tiempo: Cuenta Antonio Botías que a la entrada de sus fábricas se podía leer: Todos los obreros de esta firma tiene opción de jubilarse a partir de veinte años de prestación de servicios, con la cantidad de 3 pesetas diarias.

Innovador y atrevido como él solo, Don José regentó, simultáneamente, una fábrica de zumos, un almacén de cristales, un taller de soplado de vidrio, una fábrica de caramelos, juguetes y un taller de seda, 9-pisos-3entre otros.

Para todos ellos, y para instalar su residencia habitual lejos del molesto trasiego de los vecinos, García Martínez adquirió el solar de la Real Fábrica de Sedas a la Piamontesa, a las afueras de la ciudad, a espaldas del colegio de San Esteban de los jesuitas. El terreno había albergado, antes de la fábrica de sedas, un convento (La Anunciata) de la orden fundada por San Ignacio de Loyola, que les fue arrebatado con la expulsión de los jesuitas en 1767. Del convento, del siglo XVIII quedaba el claustro y la portada, que serían respetados primero por la piamontesa y luego por García.

El proyecto inicial, encargado con el comienzo del siglo al arquitecto José Antonio Rodríguez Martínez (Convalecencia, Casa Cerdá, Casa Díaz Cassou) preveía un amplio edificio de cuatro plantas de ladrillo visto al estilo de los primeros rascacielos neoyorkinos. Una vez acabado el edificio, Don José comprobó cómo el humo procedente de una fábrica cercana le molestaba y tras la negativa del vecino a recrecer la chimenea o venderle la fábrica, García hizo gala de su imaginación y optó por una salida inimaginada: elevaría su edificio hasta donde el humo del vecino no pudiera llegar.

De nada sirvieron los ruegos y advertencias del arquitecto, que no podía garantizar la estabilidad de un edificio tan alto ni la solidez de unos cimientos diseñados para cuatro alturas. Cuando Don José se empeñaba en algo nadie podía contradecirlo y así, contra viento y marea y ante una población atónita que esperaba ver derrumbarse la casa cual torre de Babel, se irguió en Murcia el primer edificio civil en altura con hasta nueve plantas (ocho más entresuelo) en una de sus fachadas. Don José ya podía mirar desde su ventana de tú a tú a la Torre de la Catedral sin que los vecinos o sus humos lo molestaran.


CARMEN CELDRAN

Carmen Celdrán.

3 comentarios en «La Casa de los Nueve Pisos»
  1. Es muy importante conservar este tipo de historias de nuestra ciudad, forman parte de nosotros.
    Carmen, eres increíble, gracias a personas como tú mantenemos nuestras raíces.

  2. «Una vez acabado el edificio, Don José comprobó cómo el humo procedente de una fábrica cercana le molestaba y tras la negativa del vecino a recrecer la chimenea o venderle la fábrica, García hizo gala de su imaginación y optó por una salida inimaginada: elevaría su edificio hasta donde el humo del vecino no pudiera llegar».

    Carmen, no te acuestes nunca, que no sabes lo que nos perdemos si lo haces, mi «arma».

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