Grandes exposiciones en el Casino: Carpe

ARS Casino, por Loreto López

Mural de Carpe en Colegio Mayor, 1952. Foto: Pascual G.-E.

Las exposiciones organizadas en el Casino, casi desde sus orígenes, han sido un escaparate abierto a la sociedad murciana, el espacio deseado por todos los artistas -especialmente los locales-, ya fueran noveles o consagrados, donde exhibir sus creaciones.

De la mayoría de ellos ha quedado en el patrimonio de la institución algún recuerdo en forma de obra, aunque, por desgracia, no tenemos ese maravilloso legado de otros de los más importantes que por sus salas pasaron. Este es el caso de Antonio Hernández Carpe (Espinardo, 8 de junio de 1921 – Madrid, 29 de noviembre de 1977), uno de los más destacados creadores murcianos de mediados del siglo XX, y sin duda el más destacado muralista español de entonces, que, a día de hoy, y gracias a la creación de una fundación que lleva el nombre de El Mural de Hernández Carpe (www.fundacionhernandezcarpe.com), vuelve a ser descubierto para las nuevas generaciones como el genio que fue y sigue siendo.

Coincidiendo con las fiestas navideñas, inaugura Carpe su exposición en el Casino

El 27 de diciembre de 1952, coincidiendo con las fiestas navideñas, inaugura Carpe su exposición en el Casino, patrocinada por la Delegación provincial de Educación Nacional, como un gran evento del que se hacía eco la prensa local, elogiando la modernidad de su singular e identificable estilo.

…Antonio Carpe pinta, desde Espinardo, lomas, secaderos de pimientos y chiquillos con pájaros en la mano. Quien me dé otra Murcia, otra temblorosa tierra y otro grávido color, me apeará de esta filiación de Carpe a lo auténticamente murciano. Y a lo universal. Porque -como más allá de las puertas se dice «esto es el universo mundo»-, si Murcia sé abstracta hasta esenciarse en la obra de arte para el lanzamiento cósmico, habrá que dar las gracias a algunos -muy pocos-…

El pintor Carpe cruza la raya, por Juan García Abellán

Línea, 27/12/1952.

Al día siguiente de la inauguración, el periódico Línea daba la noticia de la misma en portada y con foto. Todo un acontecimiento de primer orden en la ciudad. 

Componían la exposición veinte obras, dieciocho de ellas de caballete, de la más variada temática: bodegones, paisajes, flores o desnudos, y dos pinturas murales para el colegio mayor del SEU de Murcia (posterior Colegio Mayor Universitario Cardenal Belluga y actualmente Biblioteca de Humanidades Antonio de Nebrija).

La Navidad murciana de aquel año 52 se iluminaba con el color, las formas y la contagiosa alegría de la pintura carpeana, aunque para muchos de los espectadores supusiera un auténtico shock; tal como años más tarde, en 1973 y con motivo de otra exposición en el Casino, recordaría el propio pintor en una entrevista para el periódico Línea: “Hace veinte años, cuando, expuse por primera vez en Murcia, a poco me corren a garrotazos. Fue en el Casino precisamente… Era una época muy moralista y los desnudos despertaban iras.”

Por el corresponsal de Espinardo para La Verdad conocemos la descripción de dos de las obras expuestas: Paisajes de Espinardo y Casas de Espinardo.  El primero mostraba el entorno de la estación de ferrocarril, el segundo un grupo de casas ubicadas frente a la del propio pintor, en la calle Mayor, según constan los números del 29 al 35, con una característica fachada de mirador verde, ya desaparecida.

Los preciosos Girasoles fueron adquiridos por la administración, para formar parte de la colección del Museo de Bellas Artes de la ciudad.

En su primitiva ubicación se conserva uno de los murales (0,90 x 3,00 m) donde vemos cómo un reloj, cual tempus fugit, marca las horas del conocimiento humano, rodeado de los símbolos alusivos a distintas carreras universitarias que entonces se cursaban en nuestra Universidad.

La Navidad murciana de aquel año 52 se iluminaba con el color, las formas y la contagiosa alegría de la pintura carpeana

Gracias al historiador y coleccionista Daniel Genaro Pérez, que conserva el pequeño catálogo prologado por Manuel Muñoz Cortés de aquella gran exposición que nos permite aquí reproducirlo. 

Disfrutemos 74 años después, aunque sea en papel couché o a través de la pantalla de nuestro ordenador, de la extraordinaria obra de Carpe en aquella exposición, en cuya portada del catálogo podemos ver una de las primeras representaciones en homenaje al gran amor de su vida, Celina Monterde, con quien acababa de contraer matrimonio ese mismo año. 

¡Grande y eterno Carpe!

Loreto López. Historiadora y restauradora.

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