Cartas desde Tombuctú, por Antonio V. Frey

En alguna de mis cartas creo que me he referido a lo que los beduinos denominan como “Castillo de Hausa”. Es una curiosa construcción de piedra que reúne tanto misterio como fascinación. Es un reto para los historiadores, pues todos me hablan de él con historias variopintas.
Hausa está en la cabecera de la Saquia El Hamra —el gran río seco de nuestra antigua provincia del Sahara—, en una hermosa llanura con aspecto de sabana. Desde la lejana costa, el cauce seco es la puerta para acceder a la meseta pétrea conocida como la Hamada, cuya principal localidad, Tinduf, está al otro lado de la frontera, en Argelia. La construcción está sobre una colina que domina una sabana cuajada de acacias espinosas, matas leñosas y arbustos. El área es ancestralmente compartida por cinco tribus: los Ergueibat, los Tayakant, los Ulad Salam, los Aït Ussa y los Yaggut. Ahí tienen a sus ancestros enterrados, y suelen llevar sus rebaños de camellos a pastorear.

A Hausa he podido ir con ocasión de misiones arqueológicas por la zona. Unos dicen que es un castillo, pero ni siquiera es tal cosa: es un recinto bajo de unos 70 metros de largo en lo alto de una colina en la que despunta una construcción más recia, de unos 21 x 13 m. Esa construcción reúne una casa, lo que se cree que son unos establos, y solo una torre; todo articulado por un patio que, a su vez, está protegido por un muro alto. Fuera de ese recinto principal, en la misma meseta de esa colina, hay tres túmulos que dicen prehistóricos. Todo está construido con lajas y piedras grandes, aglutinadas con arena.
Precisamente, su historia es el gran misterio a desentrañar. Para empezar, su topónimo, que es extraño a los dilectos árabes y bereberes de esa geografía, aunque existe otro Hausa —Hasi Hausa— a unos 600 km al Sur, dentro todavía de nuestra antigua provincia. La hipótesis más antigua dice que Hausa fue levantada, en época almorávide, entre los siglos XI y XII, como hito en las rutas caravaneras del lejano pueblo saheliano de ese mismo nombre, que tiene su solar en la actualidad en el sur de Níger y norte de Nigeria, y que entonces estaban en la cúspide de su poder. Otra hipótesis atribuye su origen a la dinastía marrakechí de los saʾadíes, allá por el siglo XVII, como parada en sus rutas comerciales a Gao, en las cercanías de Tombuctú. Por su parte, algunos eruditos de la zona dicen que su origen puede corresponder a cuando una empresa de comerciantes británicos, liderados por Donald Mackenzie, se instaló en la costa, en Tarfaya, donde está la llamada “Casamar”, construida en piedra en 1882. Para ellos, Hausa —del inglés pronunciado /ˈhaʊs/— sería su factoría tierra adentro. Otros, apoyándose igualmente en la fonética, dicen que su origen estaría en un aventurero y comerciante ingles apellidado Hauserch del que nadie ha oído hablar.

Si me preguntas a mí, te diré que resolvería el misterio atribuyéndole el origen caravanero, aunque su arquitectura es demasiado moderna para esa época en que se quiere situar. También creo que podría ser un agadir; es decir, un moderno depósito o granero tribal de la tribu Ergueibat construido en el siglo XIX, su época hegemónica. Si seguimos el hilo tribal, también podría atribuirse a los Tayakant de Tinduf, quienes, entre el siglo XVII y el XIX habían fundado dos grandes casbas más al sur, entre Chinguetti y Wadan.
Como ven, se trata de todo un misterio digno de la Historia del Sahara. Espero volver algún día, y dedicar mi investigación a él.

