Conclusiones sobre la Enseñanza Primaria

Mi punto de vista, por Pilar García Cano

Clase de los años 70. Foto: historiayficcion.com

En los artículos escritos sobre la evolución de la Enseñanza Primaria desde 1836 se ha puesto de manifiesto la importancia de la educación temprana para el desarrollo económico de un país. El Concordato de la Santa Sede de 1851 reconoce el derecho de las órdenes religiosas para la “realización de obras de caridad y utilidad pública”, en las que quedaban incluidas la educación, plan que se renueva en 1953.

Órdenes religiosas como los Maristas, los Jesuitas y los Franciscanos educan solo a niños de familias ricas generación tras generación. Otras órdenes religiosas educaban a niñas de familias ricas en colegios céntricos con internados, en asilos para los niños huérfanos y escuelas en la huerta para las niñas pobres.

La Enseñanza Primaria pública se impartía en Unitarias y Escuelas Graduadas que gestionaban los ayuntamientos y el ministerio de Educación. Los consistorios, como propietarios de los centros educativos, tenían la obligación de su cuidado, mantenimiento y limpieza. Se daba la situación de que, incluida la limpieza en los presupuestos municipales, no se contrataba su servicio, por lo que, en las Unitarias, era el maestro o maestra quien recogía, barría y fregaba, con ayuda de las madres o de algún alumno.

La rotura de cristales y puertas eran problemas de difícil solución, ya que no había capítulo de gasto. Como las construcciones escolares no tenían en cuenta la orientación y no se utilizaban aislantes, era fácil helarse en invierno y los niños carentes de ropa de abrigo siempre estaban resfriados y con mocos. De ahí viene el término de “mocosos” que se ha utilizado históricamente para referirse a ellos.

Los meses de verano podían ser causa de trastornos graves por el exceso de calor y las largas distancias que algunos alumnos tenían que recorrer andando. Las vacaciones escolares de verano tienen su origen en esta situación y en la necesidad de incorporar la mano de obra infantil en las recolecciones de productos agrícolas.

El equipamiento de los centros era responsabilidad del Ministerio de Educación. El mobiliario consistía en pupitres bipersonales talla única, por lo que las dificultades para su uso por los alumnos era mucha. También se ponía una mesa de profesor, una pizarra, y un armario. Para los gastos de funcionamiento mandaban una exigua asignación por trimestres para folios o tizas. Los niños tenían que llevar su propio material escolar, que muchos no podían adquirir. El absentismo escolar era frecuente.

La carencia o las insuficientes construcciones escolares se solucionaban con el uso de locales alquilados por el ayuntamiento. Los sueldos de los maestros eran bajos y solo tenían derecho a vivienda, jubilándose a los 70 años con unas pésimas condiciones físicas.  

La Ley General de Educación de Villar Palasí de 1970 fue un avance y un gran reto para los maestros que, faltos de recursos y de formación, tenían que aplicar una enseñanza personalizada. La subida de los sueldos y la jubilación a los 65 años, supuso la mejora de la educación, aportando calidad y captando a la población escolar de la creciente clase media. No fue así con las familias ricas que seguían en centros religiosos. La Enseñanza Primaria Pública es el soporte fundamental en una sociedad.

Pilar García Cano.

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