Carthago Nova: metrópoli mediterránea en Hispania

Huellas de nuestro pasado, por Joaquín Pérez Egea

Cartagena, Molinete. Peristilo de las Termas del Puerto. Inicios s. I d.C.

Carthago Nova experimentó una gran transformación bajo el gobierno de Augusto y mantuvo su pujanza urbana durante todo el Imperio Romano. Para adentrarnos en esta “huella de nuestro pasado” nos acompaña José Miguel Noguera Celdrán, catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia y gran especialista en la Hispania romana.

¿Cuál era la situación de Carthago Nova en época de Augusto?

A finales del siglo I a. C., Carthago Nova tenía el rango de colonia y estaba dotada de su propia Lex Coloniae. Era capital del Conventus Carthaginiensis y tanto la ciudad como su área de influencia se encontraban en la provincia de Hispania Citerior, con capital en Tarraco. 

¿Qué cambios se produjeron en las ciudades romanas?

La llegada de Augusto al poder en Roma y la transformación de la vieja república en una monarquía de corte helenístico supuso el desarrollo de una nueva arquitectura de prestigio, orientada a ensalzar la figura del nuevo Princeps e Imperator, y esta política se vio reflejada en las principales ciudades del Imperio.

A finales del siglo I a. C., Carthago Nova tenía el rango de colonia y estaba dotada de su propia Lex Coloniae.

¿Y en Cartagena?

El cambio urbano fue radical. Carthago Nova experimentó una pulsión muy importante, una reordenación de todo el solar urbano, con calles ortogonales y nuevos equipamientos públicos. La culminación de este proceso fue la construcción del Teatro, inaugurado entre los años 5 y 1 a. C. Estuvo financiado por la casa imperial y las élites locales y fue dedicado a Cayo y Lucio Césares, nietos y herederos políticos del emperador. 

¿Qué otras ciudades podemos destacar en este entorno?

Hay numerosos procesos de urbanización y de fundación de ciudades. Augusto era inmensamente rico y dedicó grandes cantidades de dinero a financiar obras públicas y monumentos. Lucentum (Alicante), Begastri (Cehegín), Ilunum (Tolmo de Minateda), Acci (Guadix), Aurgi (Jaén), Ilici (Elche), Toletum (Toledo), Castulo (Linares), Dianum (Denia), Libisosa (Lezuza) o Segobriga (Saelices), son ciudades del extenso Conventus Carthaginiensis, que fueron adquiriendo el rango de municipio o de colonia y se monumentalizaron a lo largo del Alto Imperio.

¿Cuáles eran las fuentes de riqueza de la ciudad?

Durante los siglos I a. C. y I d. C., Carthago Nova y su zona de influencia fue una región romana muy próspera, con mucha actividad minera y agropecuaria. Otras actividades relevantes de esta economía diversificada fueron la explotación de las salinas, el esparto, la fabricación de aceite y vino, los montes, la caza, las pesquerías y la elaboración de salsamenta de pescado y garum

Cartagena, Molinete. Edificio del Atrio. Finales s. I d.C.

¿Cómo evolucionó la ciudad y su entorno a lo largo del periodo imperial?

Después del periodo augusteo, Carthago Nova tuvo una nueva etapa muy fuerte de desarrollo en época flavia, a finales del siglo I d. C., con la reestructuración y monumentalización del Foro y la construcción del templo de Isis, el Edificio del Atrio, la Curia y el Augusteum. Tradicionalmente se ha considerado que a partir del 150 d. C. la ciudad empezó a decaer, con un claro deterioro de su estructura urbana, principalmente por un descenso de la actividad minera y otras fuentes de ingresos. Hoy hemos podido comprobar que, a principios del siglo III d. C., el Edificio del Atrio experimentó una reforma muy importante y se construyeron nuevos edificios en el Foro. Esto nos hace replantearnos si la actividad portuaria y comercial, unida a la pujanza de las zonas del interior, pudieron compensar la caída de la minería e impulsar nuevas épocas de vitalidad urbana.

Más adelante, Cartagena se convirtió en capital de provincia romana.

Si. El año 297 d. C., Diocleciano crea la provincia Carthaginiensis. El registro arqueológico del siglo IV d. C. es muy parco, pero las últimas excavaciones están aportando datos relevantes para este periodo, apenas estudiado. Por ejemplo, sabemos que el tempo de Isis se convirtió entonces en un taller de vidrio y han aparecido varios talleres vidrieros más, lo que nos hace pensar en una ciudad diferente, menos monumental, pero con numerosos espacios productivos y comerciales. En el siglo V si consta la construcción de nuevos edificios, por ejemplo, mercados.

A lo largo del Imperio Romano, ¿cómo era la sociedad de Carthago Nova?

Era una ciudad romana, pero con una importante etnicidad púnica. La idiosincrasia cartaginesa debió perdurar mucho tiempo, en una ambiente urbano y portuario muy cosmopolita, donde conviven romanos latinos y orientales, semitas, ibéricos y norteafricanos. Debió haber una gran mezcla de lenguas, razas y cultos. 

Tradicionalmente se ha considerado que a partir del 150 d. C. la ciudad empezó a decaer, con un claro deterioro de su estructura urbana

Esta situación no responde a la visión tradicional de la colonización romana. 

La visión actual de la romanización no es imperialista, de imposición, sino que se entiende como un proceso bidireccional, un diálogo entre culturas. Cartagena podría ser un buen ejemplo.

¿Cuándo llegó el cristianismo?

Con toda seguridad, en este ambiente cosmopolita, llegarían judíos y cristianos al puerto de Cartagena desde época temprana, pero no hay constancia de su presencia hasta finales del siglo IV, con algunas inscripciones y una necrópolis, con influencia del cristianismo norteafricano.

¿Qué destacarías de la Roma imperial en esta región?

El impacto tremendo que esa época sigue teniendo en nosotros. Cartagena es hoy una comunidad patrimonial, como la define la Convención de Faro. Esta rica herencia está proporcionando turismo y riqueza económica a la ciudad, a partir de unos bienes creados en su mayoría en el periodo imperial romano. El patrimonio nos transmite mensajes de cultura y pone en íntima conexión a las gentes de hoy con los habitantes de hace dos mil años.

José Miguel Noguera Celdrán es catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia, director científico del Parque Arqueológico del Molinete y del Anfiteatro de Cartagena. Fue Director General de Cultura de la Región de Murcia. Investigador Principal de proyectos y contratos de investigación, autor de más de 300 publicaciones científicas, profesor y conferenciante en España y en el extranjero, director de varias revistas, integrante del Instituto Arqueológico Alemán y Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2012.

Joaquín Pérez Egea.

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