CARTA DEL PRESIDENTE #56

Estimados socios:

La pandemia nos ha azotado en una nueva ola, en esta especie de tobogán que alterna amargura y esperanza. Y nos sigue golpeando en lo más sensible, en las vidas de nuestros seres queridos, de nuestros amigos, de aquellos que nos rodean y que la muerte hace insustituibles.

Hoy lamentamos el fallecimiento de varios socios muy queridos. José María Falgas, Socio de Honor del Real Casino, cuyo retrato del entonces joven Príncipe Felipe cuelga de nuestros muros, se ha marchado al cielo de los pintores y de la buena gente. Como Manuel Enrique Mira, socio y tertuliano habitual, que goza ya de la Paz en el cielo de los escritores. Como Pepe Egea Ibáñez, caballero hasta el final, que deja huérfana otra tertulia de nuestra casa. Como Salvador Montesinos Busútil, que fue Vicepresidente del Real Casino de Murcia, Notario y excelente jurista y amigo. Como tantos otros socios de nuestra casa a quienes quiero dedicar mi emocionado recuerdo en estos tiempos de aflicción. Todos ellos han sido y son historia viva del Real Casino de Murcia, todos han dejado su huella entre nosotros y todos se han ido jóvenes, porque aquellos a quienes aman los dioses siempre mueren jóvenes.

Quiero hacer también mención del fallecimiento del socio Damián Mora Tejada, amigo de juventud muy querido y colaborador de nuestra revista, cuyos artículos sobre el fútbol y las viejas historias del Real Murcia que atesoraba han sabido despertar el recuerdo y la nostalgia de todos nosotros. Descansa en Paz, querido Manín.

Decía que también son tiempos de esperanza. Las medidas que han sido adoptadas con firmeza para frenar los contagios y las muertes están dando resultado y, una vez más, la ola de la pandemia se está viendo frenada. Nuestra esperanza está la vacunación de todos contra la enfermedad, en lograr la ansiada inmunidad, pero mientras esto llega hemos de seguir siendo prudentes y extremar las medidas de precaución, sabedores de que la conducta irresponsable de unos pocos pone en peligro la vida de muchos.

Mientras todo esto ocurre, el Real Casino de Murcia ha hecho sus deberes, ha ajustado su presupuesto y ha mantenido viva la llama de nuestras señas de identidad. El cierre de espacios y servicios y las limitaciones horarias no han impedido que el resto de servicios se mantenga, que esta revista llegue a vuestras casas, que la Junta Directiva se haya reunido telemáticamente, que estemos trabajando en la apertura de nuevos servicios que, sin duda, serán de vuestro agrado, y que se hayan ido incorporando nuevos socios.

La vida sigue y el tiempo, que parece detenido entre las paredes del Casino, lo cierto es que no se detiene. Pronto, esta pesadilla que estamos viviendo será eso, un mal sueño, pero hasta entonces sean prudentes y precavidos. Cuídense mucho.

 

 

 

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