Contra casi todo, por José Antonio Martínez-Abarca

Gracias a las películas americanas, se ha impuesto como dictadura en buena parte de España (no en todos los sitios, pero desde luego sí en Murcia) servir la cerveza sin un recipiente para tomarla. Lo gracioso es que, en los filmes, la cerveza se sirve en vaso, pero en la memoria colectiva figura que no, que hay que beberla a gañote, como si fuésemos salvajes. Aquí somos muy obedientes y hacemos caso siempre, porque pensamos que las películas americanas —o lo que nosotros imaginamos que sale en las películas americanas— viene del futuro. Sin embargo, esta costumbre viene de la poca formalidad y de la rendición preventiva de Occidente.
Me ponen invariablemente una cerveza a pelo cuando pido un tercio. Dicen que así está más fría, pero en realidad lo que quieren decir es que la cerveza sólo está fresca sin más —pocos lugares la ponen fría de verdad— y si te ponen un vaso, encima, te la vas a beber tibia. Esconden el incumplimiento de los deberes de un buen bar con la excusa de que los vasos calientan. Si la cerveza está como tiene que estar, el vaso no calienta. Y más si el vaso viene del congelador, como sería lo deseable. Nada. Cerveza apenas fresca, traída del frigo que tiene la misma temperatura en invierno que en verano, y sin vaso. Es profundamente molesto tener que expresar palabras de más y decir: “por favor, ¿me pone un vaso?”. Eso implica una tautología, una duplicidad, una pérdida terrible de tiempo y de vida, me chupa el espíritu y me conduce a la melancolía.
—Dime “cosicas”…
—¿Me pone una cerveza, por favor?
—(……)
—Por favor, ¿puede usted además ponerme un vaso o copa?
—¿Es que quieres un vaso o copa?
—Sí, señor, no se alarme, me sigue gustando beber así, soy muy antiguo, ya sabe. Menos burbujas, también. A lo mejor estoy enfermo, tal vez sea una cosa seria, comprenda usted.
—Ahora mismo no tenemos vasos limpios. Tienes que esperarte a que termine el lavavajillas y se enfríe un poco el cristal, ya me comprendes tú también.
—Claro, no se preocupe. Me bebo la botella a morro.
La cerveza a morro lleva poco tiempo entre nosotros, excepto entre operarios de campo u obra, que se pasaban no «la litrona», término que no se usaba, sino el litro, o el «butano», como le siguen diciendo en Cieza. Y, sin embargo, parece que hubiese estado toda la vida, como todos los grandes desastres. Beber directamente de la botella va contra todos los indicadores de salubridad, ya que la gasificación de fábrica calcula las burbujas que se deben perder al verterla (y bien) en un recipiente. Una cerveza directamente de la botella es una puñalada en las tripas. En los bares se ahorran lavar un vaso, pero atenta contra el interés general y la salud pública, que tanto está de moda decir que preocupa ahora, hasta que se pase la moda.
Si se pide una botella de cerveza, debe acompañarse siempre con un vaso o copa, por omisión, por silencio administrativo, no al revés. Si no se menciona que la queremos sin vaso, si no se dice nada, el vaso debe estar siempre. Es la regla número dos del protocolo de cualquier establecimiento de hostelería. Ya de paso, en Murcia podrían acompañarla de una tapa gratis, como en las ciudades decentes, pero supongo que estoy pidiendo demasiado. Puede haber gente sin maneras a la que le parezca bien beber de la botella, pero la norma debemos ser nosotros, los civilizados, no los, digamos, perroflautas.
¿Qué será lo próximo para ahorrar lavavajillas? Ya se lo digo yo: que, si no especificamos nada, en los bares e incluso restaurantes que se las dan de algo pretendan servirnos la cerveza de barril haciendo un cuenco con nuestras manos, que eso hace conciencia y da mucha resiliencia y compromiso.

