Viajes, por Eliseo Gómez Bleda

Cuando llegué a Aviñón, lo primero que observé fue un ambiente totalmente distinto a otras ciudades de la Provenza. Se respiraba algo raro en la gente y en las construcciones que estaba viendo. Indudablemente era porque esta ciudad medieval fue, durante casi un siglo, la sede de toda la cristiandad.
Los papas que residieron en Aviñón fueron: Clemente V, Juan XXII, Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V y Gregorio XI. A este periodo de residencia en Aviñón se le llamó “segundo cautiverio de Babilonia”. En el año 1378, el papa Gregorio XI volvió a Roma, donde murió, dando comienzo al Cisma de Occidente. Así, la Iglesia quedó dividida entre los papas, residentes en Roma, y los antipapas, en Aviñón. Siempre me pregunté por qué se eligió la ciudad de Aviñón como residencia papal y fue porque el papa Clemente V era francés y las condiciones políticas en Roma no eran buenas. De esta forma se consiguió la protección de la monarquía francesa.

Su centro histórico es patrimonio de la humanidad. Se trata de una ciudad muy rica en historia y monumentos y está considerada la capital de la Provenza. La mejor forma de llegar a Aviñón es cogiendo un avión desde Alicante hasta Marsella, que tarda aproximadamente una hora y media. Una vez allí, se puede alquilar un coche o coger un autobús para llegar al destino. Otro modo de viajar es en tren desde Madrid o Barcelona hasta el mismo Aviñón, eso sí, se tarda 7 horas. La mejor época para ir es en primavera, ya que en verano hay muchísimo turismo, aunque hay un ambiente muy animado.
La Iglesia quedó dividida entre los papas, residentes en Roma, y los antipapas, en Aviñón
Aviñón es una encantadora ciudad medieval y parece el escenario de un cuento de hadas, además tiene algo que me encantó: el gran río Ródano. El puente de Saint Benezet es uno de los símbolos de la ciudad, una gran obra de ingeniería y famoso por la canción infantil francesa Sur le Pont d’ Avignon. Contaba con más de 900 metros de longitud y 22 arcos, aunque debido a su antigüedad —data del siglo XII— y a las catastróficas inundaciones que sufrió el Ródano a finales de la Edad Media, actualmente solo abarca 120 metros con 4 arcos. Hay que disfrutar de sus hermosas vistas panorámicas y entrar a la pequeña capilla dedicada a San Nicolás, patrón de los barqueros. La leyenda sobre los orígenes del puente cuenta que llegó a Aviñón un joven pastor llamado Benezet. Proclamó que Dios le había hablado y que le dio la orden de construir un puente encima del río. Los lugareños no lo creyeron, pero finalmente el puente fue construido, albergando la tumba del pastor, que le dio su nombre.

Sin duda, lo más representativo e impresionante de Aviñón es el Palacio de los Papas, la construcción gótica más grande del mundo y uno de los monumentos más visitados de Francia. Era el palacio más fortificado de la época, con muros de 5 metros de grosor, símbolos del poder de los siete papas que habitaron en él. Es tan grande que hace pequeña a la catedral. La mayor parte se puede visitar y cuenta con más de veinte salas de exposiciones y varios apartamentos privados de los papas. Las decoraciones murales son fabulosas. El jardín papal, el jardín del palacio y el de Urbano V completan el tríptico de los Jardines del Palacio de los Papas.
La basílica de Notre Dame des Doms es un edificio impresionante. Se encuentra en un promontorio rocoso que domina el Ródano, desde donde se divisa una panorámica impresionante de toda la ciudad. Aunque se ha modificado en varias ocasiones, data del siglo XII y es monumento nacional de Francia. En lo alto de su torre destaca una estatua de plomo dorado de la Virgen de más de 6 metros de altura. Junto a la Catedral está el precioso Jardín des Doms, donde se originó la ciudad.

Callejear por el casco histórico es imprescindible para saborear Aviñón. La plaza de l`Horloge es el corazón de la ciudad: situada sobre un antiguo foro romano, aquí se encuentran el ayuntamiento y la Gran Ópera de Aviñón. Cerca se sitúa la basílica de San Pedro, bonito templo gótico. En la fachada hay unas puertas monumentales llenas de detalles, y en el interior, un precioso retablo de madera.
Se trata de una ciudad muy rica en historia y monumentos y está considerada la capital de la Provenza
Atravesando la plaza de Jerusalén se encuentra el mercado de Les Halles, con su bonito jardín vertical. Alberga más de 40 tiendas que venden productos típicos de la Provenza, embutidos, dulces y vinos. El paseo continúa hasta llegar a la calle más bonita de Aviñón, la rue des Teinturiers o de los tintoreros, donde estaban los antiguos telares y los tintoreros pintaban las telas.
Otra visita muy interesante es Barthelasse, la isla fluvial más grande de Europa. Se llega cruzando el Ródano por el puente de Daladier. Uno de los grandes tesoros de Aviñón es la muralla medieval. Recorre 4 kilómetros y rodea el casco antiguo. No solo servía para protegerlo de los enemigos, sino también para las grandes crecidas del Ródano.

En Aviñón hay varios museos que merecen una visita, como el Museo Calvet, de bellas artes y arqueología; el Museo del Petit Palais, con obras de maestros italianos del Renacimiento; y el Museo Angladon, con obras de Picasso, Manet y Degas.
Unos buenos sitios para degustar la comida típica de la Provenza son “Le Violette”, “Chez Marie” y la “Brasserie de l´Horloge”. Otra buena opción es ir al mercado de Les Halles y picotear por sus puestos de comida. La zona con más restaurantes es la plaza de l´Horloge.
La basílica de Notre Dame des Doms es un edificio impresionante
La región de la Provenza ofrece una gastronomía rica en sabores mediterráneos, con platos tradicionales que combinan productos del mar, hortalizas frescas y hierbas aromáticas. Entre sus especialidades más destacadas se encuentra la bouillabaisse, una sopa de pescados elaborada con tomate, azafrán y un caldo intenso y sustancioso. También es muy popular la brandada de bacalao, que se acompaña con patatas y aceitunas, y los supions fritos, unos calamares pequeños salteados en sartén con ajo y perejil. No puede faltar la ratatouille, un guiso de verduras salteadas con aceite de oliva, ajo y hierbas provenzales. Y para los más golosos, los papalines de Aviñón, unos deliciosos pralinés de chocolate con licor.
La Provenza también es tierra de excelentes vinos. Entre los blancos, destacan los procedentes de la zona de la Costa del Ródano; para carnes, los tintos Châteauneuf-du-Pape son una apuesta segura, y los rosados más característicos son los conocidos como vinos de sable, originarios de la Camarga.

Los hoteles que recomiendo son “Carlande Hotel Avignon Centre”, “De Cambis Best Western” y el “Bastide de Bellegarde”, todos están muy céntricos.
Aprovechar un viaje a Aviñón es también la oportunidad perfecta para descubrir algunos de los lugares más fascinantes de la Provenza. Muy cerca se encuentra el espectacular pueblo colgado de Les Baux-de-Provence, que conserva antiguas canteras de piedra caliza transformadas en un espacio único, o Les Carrières de Lumières, donde se celebran impresionantes espectáculos multimedia.
Otro destino imprescindible es Gordes, un precioso pueblo provenzal suspendido sobre un promontorio rocoso. Muy cerca, se alza la abadía de Sénanque, una joya del románico provenzal, especialmente impactante en los meses de floración, cuando los campos de lavanda que la rodean se tiñen de morado. La región también guarda tesoros históricos de gran relevancia. Nimes es una ciudad con un legado romano excepcional, donde destaca su imponente anfiteatro con capacidad para 24.000 espectadores. No muy lejos, se encuentra el Pont du Gard, un majestuoso puente-acueducto del siglo I d. C., el más grande del mundo. Para quienes buscan un toque de color y encanto, Roussillon es una parada obligatoria: un pueblo vibrante, cuyas casas lucen tonos cálidos de amarillo, rojo y naranja.
Callejear por el casco histórico es imprescindible para saborear Aviñón
Desde el 5 hasta el 26 de julio se puede disfrutar del Festival de Aviñón, fundado en 1947, y considerado uno de los eventos internacionales más importantes de las artes escénicas contemporáneas.
RECOMENDACIONES DE ELISEO
Pasear anocheciendo por la rue des Teinturiers.
Navegar por el Ródano con Les Grands Bateaux.
Visitar la isla de Barthelasse.
Hacer un tour de cata de vinos.
Cenar un buen foie gras en el restaurante “L´Epicerie”.

