Rebuscos del Casino, por Loreto López

Recientemente se ha celebrado el 175 aniversario del primer desfile sardinero murciano y, aunque para algunos investigadores al parecer la cosa tenía orígenes más antiguos, aceptaremos esa fecha del 4 de marzo de 1851.
Entonces, no como ahora, se parodiaba con el entierro de una sardina el fin de los carnavales y el inicio de la Cuaresma. Y ya, entre los promotores de aquel evento, junto al poeta José Selgas, encontramos a los futuros presidentes del Casino: Antonio Gómez Carrasco y Francisco Nolla Orriols, jóvenes estudiantes murcianos, llegados desde Madrid con ganas de diversión que, vestidos con capuchones negros, armados de utensilios de cocina y a la luz de los hachones —algo nada extraño si tenemos en cuenta la oscuridad que reinaba en las calles de la ciudad— sorprendieron gratamente a los habitantes de esta con su algarabía nocturna.
Si bien los dos años siguientes continuaron desfilando esas mascaradas precuaresmales con cierta improvisación, en 1854 se organizará el traslado de la sardina desde la Plaza de San Agustín a “su palacio de cristal», que no era otro que nuestro Casino; aquí, por primera vez, sería leído el Bando, por un personaje llamado “El Ciudadano,” siendo el preludio de lo que hoy conocemos como el Testamento de la Sardina.
En aquel primer Bando se hacía saber del mal estado de la Sardina indicando los preparativos para su entierro, que partiría desde el Casino hasta la plaza de Santo Domingo, donde se ubicaría la pira crematoria.
Desde entonces el Casino de Murcia sería el promotor de esta tradicional fiesta, tan bien acogida por la población, que a lo largo de sus primeros años sufrirá algunos contratiempos e incluso su ausencia en 1863 y 1864, a causa del excesivo gasto que había supuesto su celebración, fuera de su contexto habitual, en octubre de 1862, con motivo de la visita de la reina Isabel II a nuestra ciudad. Entre los miembros organizadores del extraordinario evento, figuraban los socios del Casino: Andrés Almansa, Andrés Brugarolas, Juan López Somalo y Francisco Molina Vozmediano, entre otros.
Será en 1865 cuando el joven abogado Francisco Nolla, del que ya habíamos dicho que había sido uno de los promotores de la primera mascarada y ahora ostentaba la presidencia del Casino, convocará una Junta General el 16 de enero, encaminada a dar forma a “la resurrección” del Entierro de la Sardina. Contribuiría nuestra entidad con 6.000 reales de vellón a la suscripción general y asumiría la dirección de este festejo. Para paliar los gastos, se recuperaron algunos elementos utilizados en años anteriores.
Así describe extensamente el desfile la crónica de La Paz de Murcia del 17 de enero de 1865. A falta de una imagen, habrá que imaginar:
“Abría la marcha una vanguardia de caballería; seguían los cuatro gigantes que representan las antiguas cuatro partes del mundo, Europa, Asia, África y América; continuaban los enanos; después seguía un carro en forma de zapato, el cual servía de barquilla a un bonito globo; otro carro de capricho seguía al anterior; los trajes de los que en él iban, así como los sirvientes y demás utensilios eran hechos con hojas del libro de los 40; el entretenimiento de los enmascarados, era consumir una abundante cena;
detrás de este iba otro carro que representaba el Dios Baco; un carro figurando el escenario de un teatro y parodiando el miserere de “El Trovador” …, la fragata Numancia iba a continuación del anterior; un carro alegórico a la Libertad, tirado por seis caballos, … una escolta de caballería que nos pareció imitación de los Garibaldinos en sus trajes;
después seguía el histórico carro de Vulcano, tirado por otros seis caballos y con su música y correspondientes fuegos de chispa; la caballería y el estandarte del Círculo, lujosamente ataviados y el vistoso carro alegórico a este establecimiento se nos presentaba a continuación, iba tirado por ocho caballos blancos con arreos, dorados y penachos blancos y encarnados, con su correspondiente servicio de palafreneros, etc., las figuras del mismo vestían ricos trajes, lo acompañaba también una banda de música Por último, cerraba la marcha el carro de la Sardina, precedido de los gastadores, estandarte y banderas; iba tirado por ocho caballos blancos con arreos azules y dorados y penachos blancos y azules, también con lujoso servicio de palafreneros y demás; este carro imitaba el mar con una barquilla pescadora, y por sus adornos alusivos, de ninfas, diosa Venus, delfines, etc. todos lujosos, era puramente fantástico; también le acompañaba otra banda de música.”
Desafortunadamente, la que fuera llamada “resurrección” fue totalmente efímera, a pesar del gran éxito de visitantes que tuvo, llegados en el recién estrenado ferrocarril desde localidades cercanas. Entre 1866 y 1875 no volverá a desfilar el Entierro de la Sardina. Fueron momentos difíciles, por los acontecimientos políticos y sociales que afectaron a toda España: destronamiento de Isabel II, levantamiento cantonal de Antonete Gálvez, insurrección carlista, monarquía de Amadeo de Saboya, seguida ese mismo año de la tumultuosa I República.
Pero de esa nueva etapa, en la que el Casino volverá a estar muy presente, hablaremos en otro momento, pues hay mucho que contar.

