La Dama de Elche de Ignacio Pinazo

ARS CASINO. Por Loreto López.

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Discreta, desde su pedestal en la llamada exedra del Real Casino, espera ser contemplada la siempre hermosa Dama de Elche. El visitante bien sabe que no es aquella que se encontró en las inmediaciones de nuestra vecina ciudad, la que le da nombre, de modo que echa un vistazo rápido, sin más atención que la lectura de la placa que luce en su base: LA DAMA DE ELCHE (Museo del Louvre). “Algunos rasgos de la Dama de Elche se admiran todavía en las bellas hijas de Murcia.” Reinach, y continua su grato paseo por las salas, ignorantes de la curiosa historia de nuestra Dama.

Recordemos brevemente la azarosa historia de la escultura que da origen a la nuestra. En agosto de 1897, durante los trabajos de desmonte para su uso agrícola en el lugar llamado de La Alcudia, dentro de la finca del doctor Campello, en las proximidades de Elche, unos jornaleros descubren el busto. No era la primera pieza arqueológica encontrada en la zona, aunque sin duda sí la más importante, una perfecta y bellísima figura de mujer íbera en piedra caliza, datada entre los siglos V y IV a. C. La fortuna hizo que los propietarios del terreno tuvieran sensibilidad y formación para valorar el hecho, en una época en la que la arqueología no era más que una afición de las clases cultas.

Es una perfecta y bellísima figura de mujer íbera en piedra caliza, datada entre los siglos V y IV a. C

El suegro del doctor Campello, don Aureliano Ibarra, había sido un gran humanista y aficionado a la arqueología que dispuso en testamento la venta de toda su importante colección, la mayor parte de ella extraída de este mismo yacimiento, a la Real Academia de la Historia, para su exposición en el Museo Arqueológico Nacional. Se cerró el trato entre los herederos de don Aureliano y la Real Academia en 1891, acordando el abono del importe en tres plazos, uno de los cuales se retrasó, precisamente poco antes del descubrimiento de la Dama, de modo que la familia se sintió liberada de incluirla en los lotes anteriores y facilitó información a algunos arqueólogos extranjeros que, fascinados por el hallazgo, no dudaron en lanzar sus ofertas. Fue finalmente el arqueólogo francés Pierre París quien, en nombre del Museo del Louvre, la adquirió por 4.000 francos (unas 5.200 pesetas al cambio), toda una fortuna para la época, trasladándola de inmediato al vecino país, donde permaneció por más de cuarenta años expuesta en dicho museo. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939) la Dama es guardada en el castillo de Montauban, cerca de Toulouse, al sur de Francia, como medida de precaución ante la ocupación nazi de París.

El regreso de la obra a España se produce de forma casi casual, a través de un intercambio de obras de arte entre los gobiernos de ambos países en 1941, con el mariscal Petain en representación del francés, instalado en Vichy tras la caída de París. Y digo casual a conciencia, pues realmente se trataba de devolver a nuestra nación algunas de las obras expoliadas por las tropas del mariscal Soult, durante nuestra Guerra de la Independencia, cuando en el caso de la pieza ilicitana había sido legalmente adquirida por el Louvre. El 8 de febrero del 1941 pisaba suelo español con destino al Museo del Prado, donde permaneció hasta que en 1971 pasó a la exposición del Museo Arqueológico Nacional.

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Pero volvamos al momento de su descubrimiento e imaginemos la frustración de nuestras autoridades académicas, ante la pérdida de tan valiosa obra. Apenas diez años después, en 1907, el director del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, don José Ramón Mélida Alinari, encarga al joven escultor Ignacio Pinazo Martínez (Valencia, 1883-Godella, Valencia, 1970), en ese momento en París becado por la Diputación, realizar una copia de la Dama, que se encontraba expuesta bajo una campana de cristal en la sala ibérica del Louvre. Consiguió Pinazo realizar el encargo, siéndole permitido el acceso a la obra durante tres sesiones de trabajo, para sacar un modelado en barro por puntos, sistema que permite la exactitud de todas las medidas del original.

Del modelo en barro se hizo un vaciado para conseguir un molde, lo que permitió sacar un cierto número de copias en escayola reforzada, retocadas y policromadas por el propio autor, considerándose todas ellas piezas originales por el carácter artesanal de la manufactura. Desconocemos cuantas Damas de Elche realizó, sabemos que en el Museo de Albacete se encuentra la numerada con el 60, con el fin de suministrar a entidades públicas y privadas las réplicas, para su difusión cultural y el conocimiento de tan importante obra de arte de nuestros antepasados íberos, aunque sabemos que Pinazo firmó y numeró cada una de ellas; la de nuestro Real Casino conserva en su interior, de puño y letra de su autor, tanto la firma y fecha de 1908, como el número 41.

Sobre una de estas copias hay una curiosa anécdota, en su visita a Madrid de octubre de 1940 el jefe de las S.S., Heinrich Himmler, demuestra un especial interés por contemplar la réplica expuesta en el Museo del Prado, quedando testimonio gráfico del entusiasmo del siniestro personaje ante la misma… y es que la belleza es capaz de llegar al alma del insensible.

Próximos a celebrar el ciento veinte aniversario del feliz descubrimiento de la vetusta y siempre joven Dama, recreémonos en admirarla a través de la nuestra, fiel retrato de manos de un gran artista, mientras nos solazamos con la frase del historiador francés Salomón Reinach que, en el mismo instante de la llegada a París de la obra, realiza un estudio publicado en la “Ilustración Francesa” del 2 de octubre de 1897, de donde se extrajo el comentario dedicado a la belleza de la mujer murciana que hoy podemos leer en la base.


LORETO

Loreto López

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