Salvemos el Palacio Saavedra Fajardo de los grafitis 

De Murcia al cielo, por Carmen Celdrán

Como si fuera el día de la marmota, vuelvo a pasear por la calle Rambla y me detengo, una vez más, frente al Palacio Saavedra, hoy colegio mayor Azarbe. Tengo especial cariño a todos los palacios que siguen en pie después de una época en la que la piqueta arrasaba, pues son muy pocos los que quedan y por eso deberíamos darles un trato especial, para que sus muros no sufrieran deterioro del entorno urbano.

En 2020, solicité al Ayuntamiento, concretamente a la Oficina del grafiti, a través de redes sociales, que limpiara su fachada principal y lateral. Aunque el edificio es propiedad de la Universidad de Murcia, este respondió pintando ambas fachadas. Sin embargo, la parte trasera no tuvo la misma suerte, pues cada vez crece más el número de grafitis compitiendo por ocupar el mayor espacio.

Este 2025 han vuelto los grafitis a la fachada lateral. Parece ser que las campañas de concienciación para reducir el vandalismo no surten efecto. A pesar de los esfuerzos de la Oficina del grafiti por eliminar pintadas ilegales, desgraciadamente seguirá el efecto llamada para convertir las paredes en un lienzo, para esos desalmados que no respetan el patrimonio murciano. Es una realidad que borrar esos grafitis lo pagamos los ciudadanos a través de nuestros impuestos.

Recientemente salió una noticia en el diario Granada Hoy que narra que la ciudad de Granada ha implantado un proyecto piloto con el cual, con la ayuda de la Inteligencia Artificial, se podrá detectar en tiempo real cualquier acto vandálico, entre los que se incluyen las pintadas a fachadas. Sin duda es un sistema novedoso que, poco a poco, se irá instalando en las distintas ciudades de España. Esperemos que esta medida pueda disuadir a los infractores, ya que el gasto de borrar grafitis en las distintas ciudades de España es cada vez mayor.

El Palacio Saavedra es uno de los pocos palacios que se salvó de la piqueta, pero sigue siendo maltratado con actos vandálicos. Su historia merece respeto: Don Gregorio Saavedra y Fontes construyó el palacio en el siglo XVII en el barrio de Santa Eulalia. En su fachada podemos ver cuatro columnas y un balcón central, con el escudo de los Saavedra en el centro, el de los Fajardo a un lado y el de los Fontes al otro.
El edificio también alberga la legendaria historia del torreón del duende: se cuenta que una joven dama que pertenecía al clan familiar Saavedra se enamoró de un pilluelo de la calle. A pesar de la fuerte oposición familiar, ellos se amaban profundamente y vivieron su amor en secreto dentro del palacio. La familia, que estaba cansada de advertir a la joven que no se viera con el chico, decidió encarcelarlo, pero ella lo visitaba sobornando a los carceleros. Finalmente, exasperada por la persistencia de la joven, la familia optó por un castigo cruel y definitivo: la emparedaron en el tercer cuerpo de la torre, donde lamentablemente murió de inanición. Poco a poco se fraguó la leyenda de que en las noches se veía una figura danzando (un duende o una dama) mientras se oían gritos y carcajadas. Para librar al vecindario de la maldición del edificio, se realizó un exorcismo y después de la oración, una paloma salió volando desde una ventana. Y muchos lo interpretaron como el alma de la joven que por fin se había liberado.

Así como aquella joven dama anhelaba su libertad, los edificios históricos también necesitan ser liberados de los grafitis que los cubren para recuperar su belleza original. A veces, sueño con un mundo que valore el respeto y la educación.

Carmen Celdrán. @CarmenCeldran

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