Toponimias, por Santiago Delgado

Los idiomas no vienen de las escrituras, vienen de los hablares. Precisamente, cuando los escribires abundan, las lenguas se detienen, o desaceleran su evolución. Por el contrario, si solo las voces suenan, los idiomas cambian, evolucionan y acceden a otro estado, diferente del anterior. Por eso, el español que actualmente hablamos 600 millones de personas viene del latín vulgar, no de los escritos de Cicerón o de Virgilio.
Así las cosas, enfrentamos la lección de hoy sobre la única expresión que utiliza la palabra Reino, en su decir, sobre nuestras tierras. Lo hace en un topónimo: Los Mojones del Reino. El Reino al que se menciona es el Reino de Murcia, dentro de la Corona de Castilla. El Reino del otro lado de esos mojones es el de Valencia, dentro de la Corona de Aragón. Así que Aragón y Castilla tangencian sus lindes aquí, a la salida de Beniel hacia los bajos alacantíes y vegasbajas.
Pero ¿de dónde viene la palabra mojón, singular de mojones? Pues del latín vulgar. Y del latín vulgar hispano, no del latín vulgar de ninguna otra parte. En ese idioma que casi nunca se escribió, y cuando lo hizo, lo llevó a cabo con vergonzantismo de habla mala, degradada. La palabra que hace a mons/montis diminutivo es monticulus/monticuli. Monte pequeño o colina, otero, atalaya, castellar… Pero los romanos que se quedaron en Hispania, a la quinta o décima generación, usaron el vulgar mutulu-onis, que significa lo mismo que monticulus, pero en analfabeto. Con todo, aprovecharon la dualidad de vocablo para señalar dos realidades parecidas, pero distintas. A un montecillo natural lo llamaron montículo (en algunos lugares Montijo); pero al que se hacía para lindar propiedades o terrenos de distintos dueños lo llamaron mojón, que viene de mutulonem (acusativo de mutulo/onis), que dio enseguida en mutlon. Luego, hicieron de la -tl- jota española, y ya decidieron cortar la evolución, pararla.
Castellanos y aragoneses, delegaron en Murcia y valencianos del sur (alicantinos) lo de separar reinos. Y casi al principio del XIV levantaron los primeros Mojones del Reino. Los mejoraron en el XV. Y ya en el XVII, a la vista de lo deteriorados que estaban, Carlos III ordenó convertirlos en esos pináculos con pedestal, que significaban que el Borbón tenía allí dos reinos, no uno sólo. Y los mandó levantar en terreno castellano, no en el lado bárbaro de la linde. Porque sí, porque quiso y porque pudo.
Y ahí están, una reliquia histórica medieval y una muestra de arte neoclásico. Y, ya digo, la única toponimia en esta hoy esquinera y perdida Comunidad Autónoma de Murcia que lleva el apelativo regio en su entraña. Vayan a verlos y selfíense con ellos detrás. Al otro lado de la línea que definen, hacia levante, comienzan las procelosas tierras de los chés.
Habrán notado que no he aludido al chiste fácil con la palabra mojones. Ustedes saben.

