El otro museo, por Ángela M. Torralba

En el corazón del Real Casino, un espacio reservado para el deleite exclusivo de sus socios, se custodian obras de arte que rara vez han traspasado los muros del Salón de Socios para llegar a los ojos del público general. Con la nueva sección «El Otro Museo» de RCMAGAZINE, nos proponemos abrir una ventana hacia esta colección privada, haciendo accesibles sus tesoros a todos los amantes del arte.
En esta primera entrega, destacamos dos piezas excepcionales del artista murciano José Antonio Molina Sánchez: Triunfador (1989) y Ángel (1979), ambas adquiridas por la institución. Estas obras, hasta ahora privilegio de unos pocos, se presentan ahora como un regalo visual para la comunidad.
Triunfador, un gouache de 33 x 23 cm creado en 1989, nos sumerge en el vibrante mundo de la tauromaquia. La obra captura a un torero en el instante de su victoria, erguido con una postura que destila confianza y maestría. Vestido con un traje de luces en tonos rojos, delineado con detalles en blanco y negro, el matador se alza sobre un toro derrotado, pintado con trazos abstractos en verde y amarillo. El fondo, un torbellino de púrpura, azul y rosa, evoca la energía de una plaza de toros abarrotada, mientras la técnica del gouache aporta una opacidad que resalta la solidez de la figura central.
el matador se alza sobre un toro derrotado, pintado con trazos abstractos en verde y amarillo
La composición es un canto al triunfo humano, un tema que Molina Sánchez aborda con una pincelada suelta y expresiva. Pero más allá de la vivacidad escénica, Triunfador es un retrato íntimo: la leve inclinación de cabeza y la forma en que la luz de fondo tiñe la silueta hablan de una victoria personal, casi introspectiva. El toro no aparece completo, sólo lo justo para entender el duelo, lo que deja aún más misterio en la mente de quien contempla.

Por su parte, Ángel, un óleo sobre lienzo de 117 x 182 cm pintado en 1979, nos transporta a un plano más introspectivo y espiritual. La figura central, un ángel de brazos extendidos, parece flotar en un espacio indefinido, envuelto en una túnica oscura con alas insinuadas en tonos púrpura y verde. La técnica del óleo permite a Molina Sánchez desplegar una riqueza cromática y textural, con capas de color que dan profundidad a la escena. Destellos de rojo y rosa en la vestimenta contrastan con un fondo abstracto de grises y verdes, mientras que, en las manos del ángel, racimos de flores blancas y rosas añaden un toque de delicadeza.
La técnica del óleo permite a Molina Sánchez desplegar una riqueza cromática y textural
Aquí no hay fanfarrias ni público expectante. La silueta central emerge en cuerpo entero, sin alas al uso; los brazos abiertos insinúan un gesto de abrazo al espacio. Los volúmenes se funden con el fondo gracias a una pincelada suelta, casi impresionista, donde tonos tierra y matices violetas dialogan. El óleo crea un efecto casi escultórico: basta que la luz natural roce ángulos y relieves para descubrir nuevas facetas del rostro y el drapeado de la túnica. El espectador, sentado en uno de los sillones del Salón, puede experimentar esa sensación de ingravidez que el pintor persiguió tras años de explorar el simbolismo.
José Antonio Molina Sánchez, con su versatilidad y dominio técnico, nos legó dos obras que encapsulan emociones universales: el triunfo y la trascendencia. De la energía fugaz y terrena —esa instantánea vibrante que atrapa el corazón en Triunfador— a la serenidad expansiva del Ángel, donde la mirada se dirige al infinito.

José Antonio Molina Sánchez (1918–2009) fue una de las figuras clave del arte contemporáneo murciano. Pintor, dibujante y profesor, su trayectoria abarca más de seis décadas de creación constante, evolución estilística y una profunda conexión con su tierra natal. Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia y posteriormente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Fue también catedrático de dibujo y director de la Escuela de Artes y Oficios de Murcia.
Su lenguaje plástico, muy personal, combina la figuración con una abstracción lírica, sin renunciar nunca al carácter narrativo y emocional. Abordó temas como la tauromaquia, la maternidad, la figura humana o el simbolismo religioso. Su legado está presente en numerosas colecciones públicas y privadas, y su obra ha sido reconocida con premios nacionales e internacionales. El Real Casino de Murcia conserva dos valiosas piezas, testimonio de su madurez creativa y de su inconfundible universo pictórico.
