Flotando entre sardinas en un mar de flores

La nueva exposición de Ismael Cerezo Ramírez, conocido en el mundo del arte como Flyppy, será una muestra que despliegue, con intensidad y delicadeza, la singularidad de un creador que ha hecho de la imaginación y la artesanía un universo propio.

Flyppy no es solo un nombre artístico: es la manifestación de un impulso creativo que nació en su adolescencia. Hijo menor de once hermanos, desde los 14 años encontró en la chatarra, el vidrio y el hierro su lenguaje expresivo. Formado prácticamente de manera autodidacta, profundizó en la técnica del vidrio soplado bajo la tutela del maestro Pere Ignasi en Mallorca durante dos años, para regresar después a Murcia y consolidar una obra que ha trascendido fronteras.

La obra de Flyppy es rica en conversaciones con la naturaleza, la memoria y la imaginación. Peces, insectos, criaturas vegetales y formas híbridas habitan sus esculturas, como si fueran seres surgidos de un paisaje onírico donde lo fantástico coexiste con lo cotidiano. Flotando entre sardinas en un mar de flores es la invitación a un paseo sensorial en el que las piezas dialogan con el edificio del Real Casino de Murcia, convirtiéndose en siameses inseparables del espacio, tal y como concibe el artista. 

La identidad de Flyppy es tan reconocible como inconfundible. Sus piezas no solo revelan un oficio depurado, resultado de años de experimentación y dominio del material; también desvelan un mundo interior que navega orgánicamente: “Yo no tengo la culpa de tener todo esto dentro de mi cabeza. No lo busco, fluye”, nos comenta.

Recorrer esta exposición es adentrarse en un espacio de sorpresa continua. Y lo hace con una paleta de formas y colores vibrantes, con estructuras que juegan con la luz y la estancia. Esta es una aspiración explícita del propio artista, quien desea que el público salga de la exposición con una sensación de “desconexión del mundo y una sonrisa”. 

Que este viaje sorprenda, emocione y, sobre todo, deje en quien lo recorra la huella indeleble del asombro. Esa sonrisa que, como sostienen quienes conocen su obra, es la mejor manera de mirar el mundo después de cruzar por sus creaciones.

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