De murcia al cielo, por Carmen Celdrán

El antiguo Palacio Episcopal, afectado por las continuas crecidas del río Segura, se encontraba en condiciones deplorables. Estaba situado en lo que hoy son las calles Azucaque, Salzillo y Polo de Medina. Con la construcción de la nueva fachada de la Catedral, diseñada por Jaime Bort, surgió la idea de trasladar el Palacio a la plaza que hoy conocemos como Cardenal Belluga.
Así nació el «nuevo» Palacio Episcopal en 1750, por encargo del obispo Mateo, diseñado para ofrecer una vista privilegiada de la monumental fachada barroca de la Catedral. Ubicado entre dos plazas —Belluga al norte y la Glorieta al sur—, destaca por su singular construcción el Mirador del Obispo, también conocido como «el Martillo».


El edificio sufrió su última gran intervención en el año 2000, cuando se consolidaron sus cimientos y se llevaron a cabo trabajos de restauración en pintura, carpintería, rejería y piedra, devolviéndole parte de su antiguo esplendor. Sin embargo, lo que más llama la atención es su impresionante pintura mural exterior: un trampantojo de grandes dimensiones que imita elementos arquitectónicos con una maestría tal que engaña al ojo. Otro claro ejemplo de esta técnica es la ventana falsa, pintada sobre la capilla de Santiago Apóstol.
Estas pinturas murales, de tonos rosáceos, grises y marrones, son una auténtica rara avis y fueron realizadas en 1767 por Paolo Pedemonte. La tradición de decorar exteriores con frescos no es nueva: civilizaciones como la romana ya lo hacía, y en la actualidad podemos encontrar su eco en el arte urbano con murales de artistas como Carlos Callizo, Lula Goce, Kobra o Kraser que, al igual que aquellas obras históricas, requieren mantenimiento.
Han pasado 25 años desde la última restauración y hoy la pintura mural del Palacio Episcopal comienza a desvanecerse. Su belleza se resquebraja en desconchones que, como heridas abiertas, amenazan con agrandarse hasta hacer irreconocible su esplendor original. No es lo mismo colocar una tirita que tener que intervenir al paciente en la UCI: urge una restauración antes de que el deterioro sea cada vez mayor.

