ARS Casino, por Loreto López

Ya hemos hablado en más de una ocasión de los deseos de la junta directiva del Casino, allá por los años finales del siglo XIX, de tener su fachada principal en la arteria más importante de la Murcia de antaño: la Trapería o, como fue nombrada efímeramente, Príncipe Alfonso. A tal fin, en 1886, el arquitecto Justo Millán recibe el encargo de realizar un proyecto para la tan ansiada ampliación. Más tarde sería José Marín Baldó el que recibiría de nuevo el encargo, aunque ya sabemos que ninguno de los dos sería el autor del proyecto definitivo, que recaería en Pedro Cerdán.

La mayor parte de las adquisiciones se realizaron durante los dos periodos de presidencia de don José Cayuela y Ramón, el primero entre 1886 y 1887, en el que la falta de medios económicos solo permitió algunos tanteos a los propietarios de los inmuebles. Estos se harían efectivos entre 1891 y 1894, segunda época de su presidencia. Con posterioridad serían los presidentes don Ángel Carvajal y Pascual del Pobil, Marqués de Villalba de los Llanos (1894-1896), y don Ángel Guirao Girada (1897-1900), los encargados de realizar las adquisiciones de otros pequeños inmuebles adyacentes.
Se preguntarán ustedes cómo es posible que hicieran falta tantas edificaciones para hacer la fachada de nuestro Casino. La respuesta es bien sencilla: solo hay que observar algunas de las antiguas fotografías de la calle Trapería y ver el escaso tamaño de la mayoría de fachadas que daban a ella, algunas de menos de 4 metros. Un batiburrillo de balcones y miradores con cornisas a diferentes alturas son reflejo de ello.

El 18 de julio de 1891 se haría efectiva la compra por 30.000 pesetas del primer inmueble, que en ese momento era el n.º 24, a su propietaria, doña Ana Francisca Navarro y González del Corral, viuda de don Manuel Clavijo y Capdevilla. Este inmueble incluía el pequeño callejón del Taller; una casa de dos cuerpos y tres pisos.
En 1892 se adquiere el n.º 10 de la calle Lucas por 14.000 pesetas, propiedad de Ricardo Baños, que con anterioridad había sido propiedad de don Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín. A ella se accedía por el minúsculo callejón del Taller, quedando prácticamente oculta desde la calle a pesar de su amplia superficie.

El 12 de julio de 1894 se adquiere la casa del n.º 22, propiedad del convento de Madre de Dios, por 20.000 pts. Firmó la escritura de venta la madre abadesa, sor Carmen León y Bueno. La casa, de mínima fachada, constaba de tres pisos y terraza.
Ya en 1896 se adquiere otro inmueble en Trapería, sin especificar su número, por 24.080 pts. Y en 1898 se adquiere el n.º 26 de la misma calle. Faltarían aún algunos pequeños edificios que flanquean la fachada principal que debieron adquirirse hacia 1917, cuando ya esta se encontraba terminada.
Es muy ilustrativo consultar los antiguos planos de la ciudad, donde desde finales del siglo XIX viene resaltado el edificio que llegan a denominar Gran Casino, pudiendo comprobar que en el de García Faria de 1913 ya aparece señalado ocupando una manzana casi completa, exceptuando la zona norte, lindante con la calle Montijo. Aunque en realidad las dependencias del Casino no llegaron nunca a ocupar aquella esquina con la entonces calle Lucas, hoy de Pedro Cerdán. Estos edificios a la derecha de la fachada, aun siendo de su propiedad, se mantuvieron en alquiler durante años y más tarde fueron abandonados, hasta que la ruina provocó un gran derrumbe a las 6 de la tarde del domingo 11 de abril de 1976, por suerte sin víctimas. Pero de algunas curiosidades al respecto, hablaremos en una próxima entrega.

