Ciudadanía planetaria y salud planetaria

Salud en el Antropoceno, por Trinidad Herrero

Foto de Lan Nguyen Tran en Pexels.

Los sociólogos definen tres tipos de ciudadanía: la legal, la social activa y la cultural. La primera, inherente a la interrelación del individuo con su órgano gubernamental, confiere derechos y obligaciones; la segunda incluye aspectos económicos y comunitarios; y la tercera se basa en el derecho de cada individuo para crear, expresar y transformar memorias y saberes, es decir, participar activamente en la cultura de su entorno. Esta ciudadanía de amplio espectro facilita la convivencia exigiendo el respeto del patrimonio común y el reconocimiento de los derechos y deberes de todas y de todos y, con respeto y confianza, validar el sentido y la dignidad del ser humano.

Sin embargo, cada día nos damos cuenta de que nuestro entorno es más y más amplio e intercomunicado. Máxime tras el histórico hito llevado a cabo por los cosmonautas de la nave Orión “Integrity”, en la misión Artemis II, ya que, en un alarde de globalización, hemos podido seguir su odisea minuto a minuto. Pero, además de darnos cuenta de lo poco y de lo frágiles que somos, también nos ha hecho reflexionar sobre que estamos interconectados con los otros seres vivos y con el planeta, afianzando nuestra pertenencia planetaria.

Esta pertenencia planetaria no es una idea nueva. En 2015, la UNESCO definió la ciudadanía planetaria como un concepto inclusivo que incide en la ecodependencia del ser humano, es decir, en la responsabilidad individual de cada humano para preservar el planeta Tierra para las siguientes generaciones. La ciudadanía planetaria es inclusiva y centra su atención en que somos una única comunidad de vida que relaciona a cada persona con el binomio sociedad-naturaleza. 

En este sentido, la Comisión Rockefeller, junto a la prestigiosa revista The Lancet, lanzó un informe global en el que plasmaba la realidad de que en las últimas décadas la salud humana se ha alterado gravemente por efecto de un planeta enfermo, hecho del que, a su vez, el principal responsable ha sido el ser humano. La salud planetaria, centrada en la sostenibilidad de la civilización humana, puso y pone de manifiesto cómo el insostenible consumo desigual, al tiempo que está agotando los recursos del planeta, tiene un impacto ineficiente para nuestra salud. Por ello, los objetivos de la salud planetaria no son solo investigar los efectos del cambio ambiental, sino proteger y promover salud y bienestar eliminando las condiciones que las perjudican, previniendo enfermedades y discapacidades y fomentando la resiliencia y la capacidad de adaptación. Pero los teóricos de la salud planetaria no se quedan en la teoría, sino que estudian los sistemas del poder económico y social que rigen dichos efectos, poniendo de manifiesto sus conclusiones en los foros de toma de decisiones políticas.

Como se trata de buscar soluciones, para restaurar el impacto antrópico que nos afecta de forma directa y creciente, se debe combatir la ruptura del equilibrio ambiental, creada tanto por fenómenos naturales como por la descontrolada actividad humana. Y eso exige un cambio de actitud hacia la vida: preservar el planeta y la salud humana a través del concepto de “Una sola salud”, que integre la salud de todos los seres vivos y del medio ambiente como principio interdependiente. Y hay que empezar ya, porque como reza el proverbio chino: “Aunque el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años, el segundo mejor momento es ahora”. Así que practiquemos la ciudadanía cultural y planetaria y pongámonos manos a la obra.

María Trinidad Herrero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.