El Beal y su Llano

Toponimias, por Santiago Delgado

Fuente: expedia.com

Cuando pasamos, camino de La Manga, entre el monasterio de San Ginés de la Jara y el Monte Miral -el primero a la izquierda, el segundo a la derecha-, ignoramos que, justo al otro lado de la sagrada colina existe el Llano del Beal. Hay tres poblaciones: Beal, el Llano del Beal y El Estrecho de San Ginés. El topónimo a dilucidar es el de Beal. Bien hay que aludir a los escribanos sin formación, por una parte, y a la vagancia enunciativa de los hablantes, por otra. Ambas circunstancias son buenos agentes del cambio lingüístico. 

Veamos: el apelativo territorial en origen es “El Vedal”, de veda, prohibición de caza o recolección en terreno público. Sucede que justo antes de entrar al amparo de la falda del Miral y sus eremitorios en diversas alturas, a la derecha, hay un terreno llano que llega hasta las primeras estribaciones de la Sierra Minera, por el norte. Bien, pues en ese llano hubo caza, se supone que menor, claro: conejos, jabalíes, aves… Se quiso preservar esa riqueza, que se extendía al Reino Vegetal, sobre todo del lentisco, del que se extraía una savia muy usada en curandería, amén de su frutillo, una forma de baya, y para ese fin conservador -decíamos- se impuso, supongo que estacionalmente, la veda. De veda a Vedal. En Cuba existe El Vedado, antaño zona despoblada entre La Habana y el mar, para evitar saqueos de piratas jamaicanos, que diga, ingleses, y que, en caso de desembarcar, tuvieran que atravesar ese terreno en que el estaba prohibido construir y habitar. El Vedal y El Vedado son, en ultimidad de sentido, lo mismo; aunque por distinta causa, ya se ha visto.

Fuente: expedia.com

Pues de Vedal, a Veal, y de Veal a Beal: ya está, y quién sabe en qué orden. La “d” intervocálica siempre es comida por los hablantes todos de la península. Y el cambio de B por V, como dicen los franceses, va de soi. El español no pronuncia la “v”, la desconoce, por graciosa herencia del vasco-ibero. Algún escribano vería falsa o superflua, o ambas cosas, lo de la uve, y la cambió por la muy hispana “b”. Y el origen del topónimo, camuflado quedó para siempre.

En El Llano del Beal no dejen de visitar la Casa del Pueblo, una reliquia viva de la lucha obrera. Erigida en 1916, nefasta fecha en la que, aún, se empleaba a las fuerzas del orden y al ejército para reprimir las manifestaciones sindicales, como en el famoso cuadro de Ramón Casas. Hoy es un excelente restaurante.

Santiago Delgado. @sanmadelmar
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